¿La suerte se puede construir para mejorar tu vida? Christian Busch explica la serendipia en su nuevo libro
En esta entrevista, el autor explica cómo responder a lo inesperado en los negocios y en la vida, puede abrir caminos que ningún plan anticipa.

Para Christian Busch, profesor de negocios en la USC Marshall School of Business e investigador afiliado en la London School of Economics, uno de los grandes errores contemporáneos es pensar que la suerte es algo puramente pasivo.
“Normalmente, cuando pensamos en la suerte, pensamos en algo que simplemente nos pasa”, explica.
Esa idea, añade, genera desigualdades sociales, porque se parece a una lotería: a algunos les toca y a otros no. Frente a ello, Busch propone un concepto distinto y profundamente activo: la serendipia.
“La serendipia es la suerte activa”, afirma. No se trata de esperar a que ocurra algo bueno, sino de crear oportunidades a partir de cómo nos enfrentamos a lo inesperado.

Para explicarlo, recurre a una escena cotidiana: una cafetería donde, por accidente, alguien derrama café sobre la persona sentada a su lado. Ante ese evento fortuito, dice Busch, existen dos opciones claras.
La primera es disculparse, irse y quedarse con la sensación de “qué hubiera pasado”. La segunda es iniciar una conversación.
“Esa persona puede convertirse en el amor de tu vida o en tu cofundadora en una empresa o proyecto”, señala.
La diferencia no está en el accidente, sino en la reacción. Ahí es donde, según Busch, nace la serendipia.
Esta manera de responder a lo inesperado tiene efectos directos en la innovación. Busch aclara que no toda innovación es igual. Muchas veces es incremental: mejoras graduales, planeadas, sin sorpresas.
“Sabes a dónde vas, mejoras la máquina de lavar y no hay ninguna sorpresa”, explica.

Sin embargo, existe otro tipo de innovación: la innovación serendípica, que ocurre cuando algo no previsto se transforma en una oportunidad.
El ejemplo de BioNTech es clave. La empresa no estaba buscando una vacuna contra la COVID-19; investigaba tratamientos contra el cáncer. Cuando apareció la pandemia, supo conectar ese conocimiento previo con una necesidad urgente.
“Estaban trabajando en algo, pasó algo inesperado y, en lugar de verlo como una amenaza, lo vieron como una oportunidad para un nuevo producto”, explica Busch.
Para él, ese cambio de mentalidad es esencial.
Otro caso que menciona es el de una empresa china de electrodomésticos a la que diversos agricultores llamaban constantemente para quejarse de que las lavadoras se rompían. El problema era que las usaban para lavar papas.
La reacción tradicional habría sido advertir que ese no era el uso correcto. Pero la empresa hizo algo distinto: adaptó el diseño y creó una lavadora especializada para papas.
“La innovación sucede a base de una interacción inesperada”, dice Busch, “pero también necesitas la mentalidad de hacer algo con ello”.

Más allá de productos y empresas, la serendipia tiene un fuerte componente social. Busch subraya que las conexiones humanas no surgen solo por casualidad, sino porque existen entornos que las facilitan.
“Hay una pregunta clave: ¿cómo diseñas espacios en los que las personas puedan interactuar?”
Desde la colocación de un sillón cerca de la entrada hasta la forma en que se estructuran oficinas y encuentros, el diseño puede empujar a las personas a encontrarse e interactuar.
Sin embargo, el espacio no basta. “No es suficiente poner a las personas en la oficina”, advierte. También hay que darles una razón para querer conectarse. Si no, cada quien se encierra en su cubículo.
Para ello, Busch propone la estrategia HOOK, una forma de presentarse que va más allá de respuestas automáticas. En lugar de decir “estoy bien” o “me dedico a esto”, sugiere añadir un anzuelo personal:
“Soy Christian, investigo serendipia, pero ahora mismo estoy muy curioso por la crianza, porque mi hija de cuatro años está aprendiendo a negociar”.

Así se abren múltiples puntos de conexión inesperados y conversaciones más significativas.
El propósito es otro pilar fundamental. Inspirado por Viktor Frankl, Busch sostiene que tener un sentido de dirección facilita conectar puntos.
“Si sabes a dónde vas, es más fácil reconocer qué personas o ideas encajan contigo”.
Critica la lógica de posponer el propósito, trabajar primero en algo que no gusta para después buscar sentido, porque suele convertirse en una trampa. “Una vez que tienes ese estilo de vida, es muy difícil cambiar”, advierte.
Su consejo es integrar la pasión en la plataforma actual. Incluso en un trabajo que no entusiasma, es posible conectar intereses personales con el entorno laboral, generar redes y crear impacto desde ahora.
“Soy un gran creyente de no esperar diez años”, afirma. “Nunca sabes cuán rápido puede terminar la vida”.
Finalmente, Busch mira a México con optimismo. Tras haber vivido y trabajado en el país, considera que su cultura es especialmente propicia para la serendipia.
“La gente aquí está bien con un poco de ambigüedad, con que no todo esté planeado”.
Para él, esa combinación de cercanía humana, apertura y “caos organizado” convierte a la Ciudad de México en un terreno fértil para crear conexiones, innovar y transformar lo inesperado en oportunidad.

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