¿Por qué viajar a Costa Rica? Así se vive la auténtica 'pura vida'
Costa Rica ofrece mucho más que playas. Recorre San José, Tortuguero y conoce cómo el turismo accesible está transformando la experiencia de viajar.

París, Madrid o Roma suelen aparecer entre las primeras opciones cuando pensamos en unas vacaciones internacionales. Sin embargo, a poco menos de tres horas de vuelo desde la CDMX existe un destino que ofrece algo distinto: canales rodeados de vegetación tropical, volcanes que se elevan entre la neblina, playas bañadas por dos océanos y una cultura que ha hecho de la conservación ambiental parte de su identidad.
Costa Rica recibe cada año a miles de viajeros atraídos por su biodiversidad, su gastronomía y la posibilidad de vivir experiencias en contacto directo con la naturaleza. Solo en 2025, más de 94 mil turistas mexicanos visitaron el país, de acuerdo con datos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), convirtiendo a México en uno de sus principales mercados emisores de visitantes.
Aunque gran parte de la atención suele concentrarse en sus playas o parques nacionales, el viaje comienza mucho antes de llegar a ellos. Para entender Costa Rica hay que conocer primero a sus habitantes, escuchar su característico “pura vida” y descubrir cómo un territorio relativamente pequeño logró convertirse en una referencia mundial de turismo sostenible.

San José: la puerta de entrada para descubrir Costa Rica
Para muchos turistas, San José funciona únicamente como punto de llegada antes de continuar hacia volcanes, playas o reservas naturales. Sin embargo, dedicarle al menos un día permite comprender buena parte de la historia y la identidad costarricense.
La ciudad conserva edificios históricos que recuerdan el auge económico impulsado por el café durante los siglos XIX y XX. Uno de sus mayores símbolos es el Teatro Nacional, inaugurado en 1897 y considerado una de las construcciones más importantes del país.
Su arquitectura de inspiración europea, sus salones decorados con mármol y las obras de arte que resguarda convierten la visita en una ventana hacia una época en la que Costa Rica apostó por la cultura como símbolo de desarrollo.

A pocos minutos de ahí se encuentra otro de los espacios fundamentales para entender la vida cotidiana de los ticos: el Mercado Central.
Fundado en 1880, este laberinto de más de 200 locales reúne pequeños negocios familiares, puestos de frutas, restaurantes tradicionales y comercios que han sobrevivido durante generaciones. Entre sus pasillos es posible descubrir ingredientes típicos, probar recetas locales y conversar con comerciantes que conocen la historia del lugar mejor que cualquier guía turística.
La experiencia cultural continúa en los Museos del Banco Central, donde se encuentra una de las colecciones de oro precolombino más importantes de América Latina. Las piezas permiten conocer la compleja red de intercambios culturales que existió entre los antiguos habitantes del territorio costarricense y otras regiones del continente mucho antes de la llegada de los europeos.
San José también se descubre desde la mesa. Entre sus propuestas gastronómicas destaca el Restaurante Grano de Oro, ubicado en una antigua mansión victoriana de principios del siglo XX que hoy es uno de los referentes culinarios del país.

Además de combinar ingredientes locales con técnicas internacionales, parte de sus ganancias se destina a Casa Luz, una organización que brinda apoyo a jóvenes madres y sus hijos en situación de vulnerabilidad. Un ejemplo de cómo la experiencia turística en Costa Rica suele estar ligada a proyectos con impacto social.
Más que una escala obligada, la capital funciona como una introducción al carácter costarricense: amable, relajado y profundamente orgulloso de su historia.
Tortuguero: una muestra de la biodiversidad que distingue a Costa Rica
Si San José representa el lado cultural de Costa Rica, Tortuguero muestra su faceta más salvaje.
Ubicado en la provincia de Limón, sobre la costa caribeña, este destino es conocido como el Amazonas de Costa Rica gracias a la extensa red de canales que atraviesa la región y a la enorme diversidad de especies que habitan sus alrededores.
Llegar ya forma parte de la experiencia. No existen carreteras que conecten directamente con el pueblo, por lo que el acceso se realiza exclusivamente por vía fluvial. El recorrido en lancha permite observar cómo la vegetación tropical se vuelve cada vez más densa y la naturaleza comienza a imponer sus propias reglas.
Aquí los horarios no los marca el tráfico ni las notificaciones del teléfono celular. Antes del amanecer, los monos aulladores anuncian el inicio del día y las aves comienzan a ocupar el paisaje sonoro.

El Parque Nacional Tortuguero es uno de los principales tesoros naturales del país. Reconocido internacionalmente por proteger la playa de anidación de tortugas verdes más importante del hemisferio occidental, también funciona como refugio para monos araña, monos cariblancos, caimanes, iguanas, anfibios y cientos de especies de aves.
Explorar los canales en bote o kayak permite observar una biodiversidad difícil de encontrar en otros lugares del continente. Muchas veces los animales aparecen donde menos se espera: una rama termina siendo una iguana perfectamente camuflada y una aparente hoja inmóvil revela ser una pequeña rana escondida entre la vegetación.
La experiencia también permite descubrir cómo una comunidad de aproximadamente dos mil habitantes ha aprendido a convivir con uno de los ecosistemas más importantes de Centroamérica.

Uno de los mejores ejemplos es la planta de reciclaje local, que desde hace casi dos décadas trabaja en la separación, reutilización y aprovechamiento de residuos para reducir el impacto ambiental dentro de una región donde la conservación no es una opción, sino una necesidad.
Tortuguero exige algo que cada vez parece más difícil durante las vacaciones: bajar el ritmo. Aquí el atractivo principal no consiste en correr de una atracción a otra, sino en detenerse a observar.
Incluso las experiencias gastronómicas siguen esa lógica. Katonga, considerado el único restaurante flotante y navegable de Tortuguero, permite recorrer los canales mientras se disfruta una cena sobre el agua. Más que un recorrido gastronómico, es una forma distinta de contemplar el paisaje cuando la selva comienza a quedarse en silencio y la noche toma el control del Caribe costarricense.

Costa Rica apuesta por un turismo donde todos puedan disfrutar del viaje
Costa Rica también está intentando demostrar que el turismo puede ser más inclusivo. La idea comenzó hace más de una década cuando un grupo de empresarios y profesionales vinculados al sector turístico identificó una realidad que afectaba a miles de familias: muchas personas simplemente no podían viajar porque los destinos no estaban preparados para recibirlas.
De esa inquietud surgió la Red Costarricense de Turismo Accesible, una organización que ha impulsado cambios en infraestructura, capacitación y servicios para garantizar que personas con discapacidad, adultos mayores o viajeros con movilidad reducida puedan disfrutar del país en igualdad de condiciones.
Luis Diego Soto, fundador de la organización, recuerda que el problema era evidente.
“Empezamos a ver la necesidad de nuestros papás, nuestros abuelos, que no podíamos llevarlos a pasear porque no había una habitación accesible para ellos, todo tenía gradas, no había rampas…”

A partir de ese diagnóstico comenzaron a promover modificaciones en espacios turísticos y códigos de construcción.
Uno de los proyectos más innovadores nació de una iniciativa llamada “Dona Tapas”. A través de la recolección de tapitas plásticas, la organización fabrica pasarelas móviles que permiten a personas con movilidad reducida desplazarse sobre la arena hasta llegar al mar.
Actualmente existen 26 playas accesibles distribuidas en distintas regiones del país. Las pasarelas se complementan con sillas anfibias que permiten ingresar al agua de forma segura y participar plenamente de una experiencia que durante años estuvo fuera del alcance de muchas personas.
La accesibilidad también llegó a algunas de las actividades más representativas del turismo costarricense.
Hoy es posible encontrar experiencias de surf adaptado, canopy, cabalgatas y recorridos por entornos naturales diseñados para recibir visitantes con diferentes necesidades. Incluso los volcanes Poás e Irazú han realizado adecuaciones que facilitan el acceso a sus miradores.

“No hay nada que una persona sin problemas de movilidad haga que una persona con problemas de movilidad no pueda hacer”, asegura Soto.
Más allá de la infraestructura, el proyecto busca impulsar un cambio cultural: entender que el turismo debe adaptarse a las personas y no al revés.
Quizá por eso Costa Rica resulta distinta a otros destinos. No se trata únicamente de sus volcanes, sus playas o su biodiversidad. Lo que permanece en la memoria del visitante es la forma en que el país ha construido una relación con su entorno y con quienes lo recorren.
Ya sea caminando por las calles de San José, navegando entre los canales de Tortuguero o descubriendo proyectos que buscan hacer del turismo una experiencia accesible para todos, el viaje termina dejando una misma sensación: la de un país que encontró en la naturaleza, la cultura y la inclusión tres formas distintas de entender la famosa filosofía de la pura vida.