Linda, la colección de Tanya Moss inspirada en su mamá
La diseñadora presentó su nueva colección para el Día de las Madres armada por hileras de flores pequeñas de cinco pétalos en plata brillante, que se articulan en collares, pulseras y aretes ligeros, además, incluye dos tipos de piedras: ágata azul y amatista lavanda.

Del cajón del clóset sacó una bolsa de tela —de hospital—, la llevó a la oficina y tapizó el escritorio: anillos, collares, aretes y otras piezas de joyería Tanya Moss que pertenecieron a Linda.
Durante tres semanas esas piezas atesoradas permanecieron intactas en esa superficie para que Tanya sintiera la vibra de su mamá.
“Ella tenía su miniescritorio en mi oficina y estaba ahí todo el tiempo”, recuerda, y a partir de ese gesto de amor, empezó a tomar forma Linda, la nueva línea de joyería pensada para el Día de las Madres.
La colección, que nace de la ausencia de su madre, quien falleció de cáncer, está formada por hileras de flores pequeñas de cinco pétalos en plata brillante, que se articulan en collares, pulseras y aretes ligeros, además, incluye dos tipos de piedras: ágata azul y amatista lavanda.
Moss habla de ese duelo sin dramatismo, como quien ha aprendido a convivir con él; la extraña, sí, pero también la encuentra, la siente frente al espejo, en su WhatsApp, en el escritorio que aún conserva intacto. “Siento su presencia todo el tiempo”, dice. Diseñar Linda fue, en sus palabras, volver a verla usar joyería.
En presentación petit comité, para un círculo cercano, detalla: “A mí se me hace muy emocionante y lindo poder explicarles toda esta historia, porque es muy interesante cómo se van generando las ideas, sobre todo cuando trabajas en equipo y la opinión de cada quien sí importa”.
Antes de convertirse en una de las diseñadoras más reconocidas de México, Moss fue una estudiante de diseño gráfico en la Universidad Iberoamericana que descubrió en la joyería un lenguaje propio durante un intercambio en Southern Illinois University. A su regreso, el entusiasmo necesitaba talleres, proveedores, artesanos-joyeros, un punto de partida.

Fue su madre su “porrista” más importante, quien abrió la primera puerta. Preguntó a un amigo con locales en el Centro Histórico de la Ciudad de México y así consiguió acceso a un taller donde Moss empezó a producir.
El inicio está marcado por ventas de puerta en puerta, entre amigas, vecinas, conocidas. Y Linda, siempre cerca de Moss.
La marca se consolidó en 1999, en un contexto donde la joyería mexicana —a pesar de la potencia minera del país— competía con el peso aspiracional de firmas internacionales. Tanya entendió pronto que su diferenciador no estaría en replicar códigos globales, sino en construir un lenguaje propio.
Así, la mariposa fue el punto de inflexión. Surgió cuando la diseñadora comenzó a modelar en 3D para eliminar la brecha entre lo que imaginaba y lo que los artesanos interpretaban.
Aquella primera mariposa, abstracta y orgánica, no imponía un sólo significado. Cada mujer la completa desde su propia vivencia. Para algunas es una mariposa Monarca o una amarilla o una blanca; para Moss, una de color azul intenso de la especie Morpho.
Lo importante es que nuestras mariposas hablen en un mismo concepto de crecimiento, evolución y transformación como persona. Y eso es lo que la mariposa ha representado desde hace ya 25 años”.
Esa lógica atraviesa sus colecciones. Serenata dialoga con la botonadura de un traje de charro; Florecer (la colección del año pasado) retoma la costumbre heredada de su madre de comprar flores cada semana; Mensaje de amor, con forma de colibrí, captura el instante efímero en el que la naturaleza irrumpe y deja una sensación de felicidad. En Linda, las piedras no buscan imponerse por su valor, sino por el brillo emocional.

Moss resalta que el diseño no es un acto solitario, porque cada colección es resultado de conversaciones con su equipo, de tensiones entre lo creativo y lo comercial, de un proceso que puede tomar hasta seis meses para materializar las ideas y que salgan al aparador.
Cada colección Tanya Moss tiene una estética del uso. Las piezas están pensadas para superponerse, para dialogar entre sí, para adaptarse a quien las lleva. Diseña aretes ligeros porque Moss no aguanta el peso; collares en distintas escalas para permitir combinaciones, superposiciones; pulseras que pueden llevarse solas o acompañadas de otras, “de muchas más”.
La elegancia, apunta la diseñadora, no está en la ostentación, sino en la selección precisa y “para mí, la elegancia es una de las características más bellas de una mujer”.
En un mercado donde los metales se han encarecido y la competencia se multiplica, Moss apuesta por la permanencia simbólica, en colecciones clásicas que cada mujer resignifica. La mariposa Tanya Moss es el emblema y sigue mutando.
Cómo primicia, Tanya cuenta que está por terminar su primer libro para Penguin, y será biográfico, “ya tienen muchas fotos, me he tardado un poco de tiempo, porque cada vez que lo releo, lloro y lloro”.
Un consejo que deja, como mujer y joyera, es cómo resguardar cada pieza.
“Guardar en bolsitas de plástico evita la oxidación —ni luz ni oxígeno— y no se rayan las piezas”, así se preserva no sólo el material, sino también la memoria que cada pieza contiene.
En el fondo, la colección Linda opera bajo esa lógica de conservar, en un espacio íntimo, aquello que el tiempo transforma.