Cuando el dueño es el negocio: cómo romper con el autoempleo disfrazado de empresa, según experto

Miles de dueños trabajan jornadas eternas sin lograr que su negocio crezca. René Guerrero, experto, explica cómo evitar caer en el autoempleo disfrazado de empresa.

thumb
René Guerrero, ingeniero de sistemas y mentor de negocios

En México y Latinoamérica, emprender se ha vuelto sinónimo de libertad: ser tu propio jefe, trabajar por sueños propios y no por horarios ajenos; sin embargo, para miles de dueños de pequeñas y medianas empresas, esa ilusión se rompe rápido.

La jornada se alarga, el estrés se multiplica y la vida personal se desvanece. El negocio existe, sí, pero depende tanto del dueño que cuando este se detiene, todo se detiene con él.

Esta realidad es más común de lo que se cree. Nueve de cada diez empresas en la región no sobreviven cinco años, según datos de la CEPAL, y una de las causas es el modelo del “dueño héroe”: aquel que abre y cierra, compra y vende, paga nómina, gestiona clientes y apaga incendios… todos los días.

Te podría interesar leer: Sindicatos quieren desaparecer afores; afinan proyecto con Hacienda y empresarios

René Guerrero, ingeniero de sistemas y mentor de negocios que trabaja con emprendedores en México, España y Estados Unidos, identifica el problema con claridad.

 “Muchas empresas no crecen por falta de ganas o de clientes. No crecen porque fueron diseñadas para que el dueño lo haga todo”. Agrega que esa dinámica convierte a la persona en “un autoempleado de lujo con un logo bonito”.

El error de escalar sin sistemas

El primer impulso de un negocio que comienza a ir bien suele ser vender más. Pero vender más sin organización puede ser una trampa.

“Hay dueños que invierten en marketing sin asegurarse de que su operación pueda soportar el crecimiento. Eso es escalar el caos”, explica Guerrero.

Los síntomas de una empresa dependiente del dueño se repiten en distintos sectores:

  • Si el dueño falta, se frena la operación
  • La calidad del producto varía según quién lo haga
  • No hay procesos documentados
  • La delegación se basa en la esperanza, no en el entrenamiento
  • Crece la facturación, pero también el estrés y los errores

Cuando la estructura no está lista, el crecimiento solo magnifica los problemas.

Delegar no es soltar… es diseñar

Para romper este círculo, Guerrero propone un enfoque basado en ingeniería de negocios: primero sistemas, luego personas. “Contratar a alguien y esperar que resuelva sin entrenarlo es una receta para el fracaso. Delegar no es soltar: es diseñar procesos que cualquiera pueda ejecutar con claridad”, señala.

El paso más difícil no es técnico, sino mental. Se trata de que el dueño renuncie a ser indispensable. “Mientras el valor de un negocio esté en lo que el dueño sabe o hace, ese negocio es frágil. La empresa debe convertirse en un activo que funcione con o sin él”.

Un caso que marcó la diferencia

Un ejemplo de esta transición es el de Jesús, dueño de un dealer de autos usados en Tucson, Arizona. Vendía bien, pero vivía esclavizado a la operación. Cuando intentó abrir una segunda sucursal, todo colapsó: no había procesos ni roles claros.

Tras trabajar en estructura, métricas e indicadores, el negocio cambió. Jesús dejó de hacer el 100% de las tareas y pudo delegar el 80% sin perder control. “Lo más importante no fue el aumento en ventas, sino que él dejó de verse como vendedor de autos y comenzó a pensar como empresario”, relata Guerrero.

La libertad es un sistema, no un sueño

Para Guerrero, la verdadera libertad del emprendedor no se mide en millones, sino en tiempo:

“Libertad financiera es que tu empresa sostenga tu estilo de vida sin que tengas que estar ahí todo el tiempo”.

De esa filosofía nace su trabajo como mentor a través de Skills Up Business, una consultora enfocada en ayudar a dueños al reto más complejo: dejar de ser el negocio para empezar a dirigirlo.

Porque una empresa, bien diseñada, no solo cambia la vida del dueño. También genera empleos más sólidos, procesos formales y un impacto que trasciende. El primer paso es sencillo de nombrar, pero difícil de ejecutar: dejar de hacer… para empezar a construir.

bgpa