Marilyn Monroe ¿La rubia tonta? ¡Para nada!

En el centenario de su nacimiento, Marilyn Monroe sigue siendo un icono  de la cultura pop y el feminismo. Especialistas comparten con Excélsior su visión sobre la inmortal diva

Su cabello rubio platinado, los escotes pronunciados y esa pose entre inocencia y sensualidad se convirtieron en su sello
Su cabello rubio platinado y esa pose entre inocencia y sensualidad se convirtieron en su sello.Archivo Excélsior

Marilyn Monroe llegó al mundo el 1 de junio de 1926 en Los Ángeles, California, bajo el nombre de Norma Jeane y su vida, desde entonces, no fue sencilla. Pasó su infancia y adolescencia en 12 hogares temporales y un orfanato casándose con apenas 16 años y, se especula, fue víctima de abuso sexual.

Todo eso delineó la personalidad de Norma Jeane, una chica tímida, disléxica y con un problema de tartamudez, quien en un futuro se convertiría en uno de los iconos sexuales más populares de la década de los 50 y 60, y, sin quererlo, en una de las primeras mujeres que tuvieron el control de su vida en sus manos en un mundo controlado por hombres.

Pero si algo es una verdad rotunda es que Marilyn decidió ser una mujer empoderada que decidía sobre ella, cómo se manejaba en la industria del cine y qué quería hacer. Fue una mujer que no dudó en autoeducarse, tomar clases de actuación y canto con los maestros más importantes de la época y comenzar a elegir con lupa los papeles que realizaría.

Era atractiva, sensual y muchas veces se le veía sólo como eso, una mujer a la cual poseer y que en su cabeza no había nada —el mito de la rubia tonta—, pero Marilyn no tenía un solo pelo —teñido o no— de tonta.

Era una mujer muy interesante que sí considero como una de las primeras feministas, por lo menos, en el espectáculo. Era la típica mujer que entraba en los estándares de belleza de la época y que podría ser vista como un objeto sexual, pero sabía lo que hacía.

“Supo capitalizar su belleza y su inteligencia para lograr sus objetivos. Sé que ella fue de las primeras mujeres que abrieron un estudio en Hollywood y eso, en esos años, era algo ‘imposible’ para una mujer, porque era un negocio de hombres, dominado por ellos, pero Marilyn lo hizo desafiando a todos”, compartió con Excélsior Ana Laura Ornelas, psicóloga y feminista.

Así fue. En 1954 Marilyn acaba de romper su relación con 20th Century Fox, el estudio para el que había trabajado desde el inicio de su carrera y con el que tenía un contrato de exclusividad. No quería que le siguieran ofreciendo papeles en los que tenía que hacer de rubia tonta y estaba harta de ver cómo su sueldo era inferior al de los coprotagonistas de sus películas. Rechazó el último guion que le había mandado el estudio, una adaptación del musical The Girl in Pink Tights, en la que también trabajaría Frank Sinatra, y se fue a Nueva York.

Ahí empezó a tomar clases con el reconocido Lee Strasberg, quien formó actores como Marlon Brando y Paul Newman. Un año después, en 1955, anunció que abriría Marilyn Monroe Productions, su casa productora, asociada con su amigo Milton Greene. Ella ocupó el cargo de presidenta, asumiendo 51% de la compañía, y Greene, el de vicepresidente, quedando con 49% restante. Es decir, se convirtió en su propia jefa.

En 1956 protagonizó Bus Stop para Fox, su primera y única producción independiente la cual representó su primer papel serio, la renegociación de su contrato y el ajuste de un sueldo más justo y parejo con sus compañeros masculinos. Y en 1957 protagonizó y produjo con su compañía El príncipe y la corista, por la que ganó el Premio David di Donatello a la Mejor Actriz Extranjera de 1958 y el Premio Estrella de Cristal a la Mejor Actriz Extranjera de 1959.

En 1956 protagonizó Bus Stop para Fox, su primera y única producción independiente la cual representó su primer papel serio, la renegociación de su contrato y el ajuste de un sueldo más justo y parejo con sus compañeros masculinos. Y en 1957 protagonizó y produjo con su compañía El príncipe y la corista, por la que ganó el Premio David di Donatello a la Mejor Actriz Extranjera de 1958 y el Premio Estrella de Cristal a la Mejor Actriz Extranjera de 1959.

Para las mujeres que trabajaban en aquellos años era casi normal recibir sueldos menores, muchas veces mucho más bajos, que los hombres, pero Marilyn no lo veía así, y por eso decidió encontrar una forma de recibir un sueldo justo. ¿Cómo lo hizo? Creando su propio espacio de trabajo y negociando su contrato con el estudio donde estaba. Y eso en los años 50 era algo que no se veía en aquel tiempo, los desafió.

“Y donde también tocó la llaga de la masculinidad fue con su libertad. Algo que era muy mal visto en esos años era una mujer divorciada, pero era todavía peor ser divorciada tres veces y casada en tres ocasiones, ella decidía con quien estar, cómo y cuándo”, agregó Ornelas.

Marilyn no tuvo miedo ni al matrimonio ni al divorcio, y más allá de los escándalos que había a su alrededor, siempre hizo con su vida personal lo que quiso. Se casó con James Dougherty en 1942, con Joe DiMaggio en 1954 y con Arthur Miller en 1956. De los tres se divorció.

Su paso por la revista Playboy en 1953, en la que ella fue la primera portada con unas fotos desnuda a las que había posado un año antes, la colocó como uno de los sex symbols más importantes de la época. Sin embargo, esas fotos, las hizo en 1949 porque necesitaba dinero para comer y pagar su coche, y no eran para la revista.

Tom Kelly, el autor de las fotos, le pagó 50 dólares y después Hugh Hefner las compró por 500 dólares. 

Estaba en la ruina y necesitaba el dinero”, dijo Marilyn en una entrevista tiempo después, y fue justo la publicación de estas fotos lo que desató el conflicto con 20Th Century Fox.

¡Y qué decir de sus fotos en Playboy Una declaración rotunda de libertad, una forma de decirle a todos que ella hacía lo que quería con su feminidad y con su cuerpo”, dijo la psicóloga.

Marilyn se sabía guapa, atractiva y con el potencial de capitalizar eso y llegar hasta donde se lo había propuesto. Y a eso se le sumó que era atrevida y simpática... era el combo perfecto y supo cómo manejarlo, haciendo hincapié en su poder femenino y sexual, buscó ambiciosamente una forma de liberarse de sus limitaciones y promocionarse.

En cuanto pude comprarme un vestido de noche, me compré el más llamativo que encontré. Era un vestido rojo brillante con un escote pronunciado, y mi llegada con él solía enfurecer a la mitad de las mujeres presentes. En cierto modo, me arrepentía de hacerlo, pero tenía un largo camino por recorrer y necesitaba mucha publicidad para llegar a la cima”, dijo la rubia en algún momento.

Pero Marilyn no sólo era una cara bonita, con un cuerpo bonito y estrella de Hollywood, ella era una mujer que alzaba la voz —denunció públicamente el abuso sexual que vivió de niña—, que buscaba igualdad de género —posiblemente sin saberlo— y también luchaba por la igualdad entre las personas, como lo hizo cuando a la cantante de jazz Ella Fitzgerald le negaron una actuación en un club exclusivo para blancos.

¿Qué hizo ella? Con todo el poder que le daba su presencia en la pantalla y, por qué no, la fascinación que tenían muchos hombres con ella, llamó al dueño del club y le dijo que asistiría... con la condición de que Ella se presentara a cantar.

“Le debo mucho a Marilyn Monroe... ella llamó personalmente al dueño del Mocambo y le dijo que quería que me contratara de inmediato, y que si lo hacía, ella tomaría una mesa en primera fila todas las noches. Le dijo —y era cierto, debido al estatus de superestrella de Marilyn— que la prensa se volvería loca”. El dueño aceptó, y Marilyn estaba allí, en la mesa principal, todas las noches.

“La prensa se desbordó. Después de eso, nunca más tuve que tocar en un pequeño club de jazz. Era una mujer singular, un poco adelantada a su tiempo. Y ella no lo sabía”, declaró Ella en una entrevista.

El icono fashion que nunca pasa de moda

En ese mundo de glamour y luces, Marilyn, con esa personalidad que le gritaba algo a las mujeres aún sin saberlo, se convirtió en una verdadera influencer —mucho antes de que existiera el término— en cuanto a moda y estilo.

Diseñadores como William Travilla, Jean Louis, Christian Dior, Emilio Pucci y George Nardiello fueron los encargados de vestir a Marilyn en vida y, junto con su personalidad, crearon un icono de la moda que aún sigue vigente.

En enero de 1954, Monroe lució un elegante traje de falda de lana negra de Christian Dior (adquirido en Saks Fifth Avenue) cuando partió para su luna de miel con Joe DiMaggio. Y para su legendaria última sesión de fotos con el fotógrafo Bert Stern (conocida como La última sesión en 1962), Monroe lució un vestido de alta costura de Christian Dior, negro con la espalda descubierta en el Hotel Bel Air en Los Ángeles.

La exposición Marilyn Monroe: Icono de Hollywood, en el El Museo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Los Ángeles, se exhiben vestidos usados ​​por la actriz.
La exposición Marilyn Monroe: Icono de Hollywood, en el El Museo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Los Ángeles, se exhiben vestidos usados ​​por la actriz.AFP

Su imagen terminó funcionando como un símbolo cultural más que como una referencia estética. Marilyn no dependía de tendencias; dependía de una presencia extremadamente reconocible.

“El cabello platinum, las siluetas ceñidas, el brillo satinado, la manera de mirar a cámara... todo estaba tan definido que terminó convirtiéndose en un archivo visual infinito para la moda y la cultura pop”, compartió con Excélsior Rodrigo Battista, stylist profesional.

Ya fuera para los personajes a los que daba vida en la pantalla o para su uso personal, Monroe sabía que su imagen era uno de sus activos más valiosos, sin importar lo que sucediera a su alrededor, era capaz de capitalizar el uso de prendas de alta costura a su favor.

“Marilyn entendía perfectamente cómo ocupar una imagen. No necesitaba exceso ni styling complicado para generar impacto. Había algo muy poderoso en la contradicción que representaba: era sofisticada, pero accesible; sensual, pero melancólica. Las casas de moda encontraron en ella una figura capaz de transformar lujo en deseo colectivo. No solamente usaba la ropa: la convertía en parte del mito.

“Creo que Marilyn apareció en un momento donde el misterio todavía tenía valor. Sus escándalos no destruían la fantasía, la hacían más intensa. Existía una fascinación colectiva por esa dualidad entre glamour y fragilidad. Hoy probablemente una figura así sería sobreexpuesta hasta perder profundidad, pero en su época esa complejidad la volvió todavía más icónica. Las marcas no solo vendían elegancia alrededor de Marilyn; vendían esa narrativa misteriosa que la envolvía”, agregó Battista.

Su impacto en la cultura fue y es tanto que Marilyn es considerada una de las figuras más influyentes en la moda y en la cultura pop. Andy Warhol la inmortalizó en su obra visual, Madonna la emuló cualquier cantidad de veces, incluso le hizo un homenaje a su personaje de Los caballeros las prefieren rubias en el video de Material Girl, utilizando un vestido rosa como el que Travilla diseñó para la cinta.

El vestido rosa diseñado por William Travilla para la actriz fue subastado en 2010. Se estimaba un costo entre 150 y 250 mil dólares, alcanzó un precio de 310 mil dólares.
El vestido rosa diseñado por William Travilla para la actriz fue subastado en 2010. Se estimaba un costo entre 150 y 250 mil dólares, alcanzó un precio de 310 mil dólares.Especial

Lady Gaga ha adoptado el dramatismo, la teatralidad y la dualidad de Marilyn, mezclando una imagen hiper-glamurosa con vulnerabilidad artística, que ha dejado ver en diferentes proyectos y alfombras rojas.

Por su parte Mariah Carey ha citado en diferentes ocasiones a Monroe como una de sus mayores inspiraciones, e incluso nombró uno de sus álbumes más exitosos, Butterfly, en honor a la libertad que siempre buscó la actriz. Además de haber adquirido el piano blanco de Monroe.

Marilyn ayudó a construir el blueprint de la celebridad moderna. Antes de que existiera Instagram o la cultura de la hiperimagen, ella ya entendía que una figura pública podía trascender su trabajo y convertirse en una estética completa. Su impacto sigue vivo porque no pertenece únicamente al cine o a la moda; pertenece al imaginario colectivo.

“Su imagen nunca se sintió completamente cerrada. Marilyn sigue siendo reinterpretada constantemente: por fotógrafos, diseñadores, stylists, músicos. Y eso pasa porque proyectaba algo difícil de replicar hoy: vulnerabilidad real dentro de una imagen extremadamente construida. Su vigencia no tiene que ver sólo con cómo se vestía, sino con cómo convirtió la identidad visual en algo emocional. Se convirtió en una leyenda para la moda y la cultura pop global”, dijo Battista.