Deftones, el culto a Chino Moreno y su alucinante regreso al Palacio de los Deportes
Fui anoche al concierto de Deftones al Palacio de los Deportes y volví a comprobar que Chino Moreno y la banda ya son un culto entre la comunidad metalera; reunieron a 18 mil fans

Ver a Deftones en vivo es un sentimiento, uno más profundo que hundirse con cada track sonando en audífonos. Lo supe una vez que llegué al Palacio de los Deportes, el mismo sitio en el que hace 15 años viví el mejor show de la banda (y hablo de forma personal, porque entiendo que la trilogía del Hard Rock Live es insuperable). Pero anoche fue distinto, sentí la nostalgia, la rabia, el mismo descontento y, al mismo tiempo, la enorme pasión que siento por su música.
Y lo compartí con 18 mil personas que entiendena la perfección una frase que me dijeron en la semana: Deftones juega de local en la Ciudad de México. Y es verdad, más allá de las raíces mexas de Chino Moreno, el culto al grupo en este país es una realidad. El álbum private music los trajo de vuelta, algo pudimos ver en el Corona Capital (y digo algo, porque no veía ni un carajo aquella vez), así que sentí el primer impulso cuando abrieron con Be Quiet and Drive (Far Away).
Desde mi asiento, que jamás usé mas que para ver el explosivo set de Jenny Beth, sentí el impulso de saltar con la banda en pista y sentir el mismo placer de desperdiciar 200 varos de chela por la emoción de ver a los Deftones. Y seguramente muchos de grada querían lo mismo. A mi alrededor no solamente estábamos los cuarentones y treintones, también estaban los chicos que conectaron con el grupo por TikTok, ya ven que el mismo Camilo (Chino) está contentísimo con el fenómenos que su banda tiene en redes sociales.
Pensamos que Chino saldría una vez con la camiseta de Pumas, en específico con la colaboración que armaron con el equipo, pero no fue así. Aunque mucha de la banda que llegó así lo hizo, además de presumir un montón de playeras con diseños alucinantes y las portadas de cada disco. Y pudo ser la noche de private music, pero en el corazón llevamos otros álbumes todavía. Se notó cuando tocaron Swerve City, de Ko Noi Yokan, ¿no? El violento acorde fue un activo automático para el headbanging.
A todos los que nos tomó la adolescencia en el 2000 nos tomó de sorpresa escuchar en fila Feiteceira y Digital Bath. Uf, en especial ésta última, una oscura fantasía que sigue latiendo fuerte dentro de los conciertos de los Deftones, en especial por conservar los acordes y arreglos con los que Chi Cheng ayudó a Camilo a darle forma al perturbador pensamiento que invadió a Chino durante una madrugada de hace ya 26 años. ¿Queríamos Back to School? Pues sí, pero se han dado un descanso de ella.
Sí hubo celulares, por supuesto. Ya dejó de ser un tema entre los shows de metal y ni siquiera fue un lastre que impidió saltar o unirse a la pandilla del Moshpit Zone. Estaba muy atrás, pero fue bastante efectivo cuando se necesitó en Diamond Eyes y Around the Fur. Hasta ahorita se sentía demasiada felicidad enfrascada en toda esa ira que la voz de Moreno irradia. Está en su mejor forma hay que decirlo, en algún momento de su carrera el poder se sintió lejos, pero lleva una década con una voz brutal. Fácilmente puede pasar del "¡Guns, Razors, Knives!" a desear estar con el amor de nuestra vida escuchando Sextape en el infinito o poder hundirnos con Hole in the Earth.
Pocas palabras de Camilo, más rolas, y mejor, porque llegó un punto donde ya no le entendíamos ni un carajo lo que expresaba. Al menos cachamos el mensaje más importante de la noche:
Acabamos el tour de Sudamérica en México. No hay mejor lugar para hacerlo, porque todos ustedes se escuchan maravilloso y esto es hermoso. Gracias por seguir con nosotros", compartió con su voz todavía impecable.
Pocos tomaron asiento, otros, en gradas, invadieron el pasillo. La seguridad entendió la maldita vibra del show y no armó pedo. Nos dejó vivir como queríamos: azotando la greña, tomando chela, agua; arrojándola, berreando y sintiéndonos parte de una comunidad y varias contraculturas que han encontrado en la alternativa y la aceptación. A un costado de mi, muchos de los diseñadores que armaron las litografías oficiales del grupo encontraron la estaban pasando chingón, entre chela y chela, y algo de headbanging.
Durante buena parte del concierto desapareció private music, al inicio apenas sonó my mind is a mountain, pero ya en la recta final empezaron a llegar infinite source, souvenir y milk of the madonna. "¿A poco ya se cansaron? Yo tengo mucha pila todavía para estar aquí saltando y gritando con ustedes", los retó Chino. Y qué bueno que lo hizo, desde las alturas el desmadre se vio hermoso. Un caos que siempre es necesario para seguir existiendo y líquido de dudosa proveniencia que cayó sin preocupación de dónde habrá salido.
Y algo que siempre voy a recomendar es que, además de Sextape y Change (In the House of Flies), hay que vivir aunque sea una vez en la vida, si eres fan de Deftones, la sensación de Cherry Waves en vivo. Lo sabrán cuando lo escuchen y todos los que estuvimos o lo hemos experimentado no dejarán mentir, hay una sensación masoquista y de codependencia que te hace estar anclado a la canción, a su melodía y al lamento "Would you?".
Si el concierto hubiera terminado ahí me hubiera fastidiado, sí quería volver a escuchar My Own Summer (Shove It) y se logró, ahí perdimos la voz, pero qué tal que los Deftones nos regalaron Lotion, una rola que no tocaban en CDMX desde su par de shows en el extinto Salón 21 y, por supuesto, cerraron con 7 Words, al igual que lo suelen hacer desde hace muchísimos años. ¿Sigue siendo mi show favorito el del 2011? Por supuesto, sin embargo, me queda claro que cada ocasión que he visto a Deftones tiene una experiencia distinta y en esta ocasión me quedo con la felicidad de haber gritado junto con muchísimos adolescentes que seguirán haciendo de esta música un espacio para todos los que alguna vez se han sentido hundidos y fastidiados.