Tras cuatro años de vida del gobierno encabezado por Netanyahu y sus socios, el 27 de octubre próximo se celebrarán elecciones en Israel. Unas elecciones largamente esperadas dada la aguda polarización que aquejó a la población israelí durante ese periodo debido al intento de la coalición gobernante de llevar a cabo una reforma judicial que destruiría los pesos y contrapesos que sustentan a su democracia, y por el devastador golpe nacional que significó poco después el mortífero ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, desencadenante de la avalancha de guerras regionales aún en curso.
Es así que en este periodo de campaña electoral los ánimos están muy agitados entre las diversas fuerzas políticas y sus respectivos simpatizantes. Se respira una atmósfera de aguda tensión en la medida en que se considera que éstas serán, quizá, las elecciones más importantes que haya vivido la nación en mucho tiempo porque esta vez, en especial, definirán la clase de país al que se aspira.
Se enfrentarán dos bloques fundamentales: el encabezado por Netanyahu y sus socios ultraortodoxos y nacionalistas radicales de derecha, y por otro lado, el resto de la sociedad mucho más alineada con valores liberales al estilo de las democracias occidentales. En estos momentos se desarrolla el proceso de definición de los partidos que competirán, compuesto por un abanico de viejas formaciones partidarias a las que se agregarán otras más de reciente integración. Algunas de estas últimas quizá acabarán por desaparecer al no conseguir, cuando menos, 3.25% de los votos.
Dentro del espectro de agrupaciones partidistas opositoras al bloque de Netanyahu vale la pena mencionar el fenómeno que hoy ofrece la población árabe israelí con respecto al tema electoral. Se trata de 20% de la ciudadanía del país representada por cuatro partidos políticos definidos como árabes: Jadash (partido comunista árabe), Balad, Ta’al, y por último el partido Ra’am (con el subtítulo de islamista). La noticia del día de antier fue que los tres primeros decidieron unirse, a pesar de sus tradicionales discrepancias. Una decisión sin duda beneficiosa para sumar votos y evitar el posible desperdicio de ellos en caso de que, presentándose por separado no llegaran a alcanzar el mínimo requerido de 3.25%.
El partido Ra’am, es otra historia. A pesar de su título de “islamista”, cuenta con el antecedente de haber participado dentro del gobierno israelí de 2021 a 2022, cuando excepcionalmente y por el breve lapso de un año y medio, Netanyahu quedó en la oposición. La participación de Ra’am en aquel gobierno se dio en ese entonces en términos bastante constructivos y fue considerada la primera muestra de la posibilidad de conciliar intereses de ambas comunidades sin problemas graves. Ahora, a fin de confirmar y reforzar ese antecedente, un político judío de una de las bancadas de la actual oposición a Netanyahu, Yoav Segalovich, está por incorporarse a Ra’am como número dos en su lista, dando así al partido una suerte de renovada identidad mixta que se espera será atractiva para votantes que apuestan por una mayor integración entre judíos y árabes.
Adicionalmente, desde hace dos meses se fundó otro partido árabe-judío, producto de una organización civil conjunta establecida en los últimos tiempos. Su denominación es “Un lugar para todos nosotros”, en cuya lista hay un reparto paritario de posiciones entre árabes y judíos, y entre mujeres y hombres. El domingo pasado realizó su primer acto de campaña en la ciudad de Jaffa, donde vive una población mixta acostumbrada a convivir pacíficamente. Sus miembros fundadores confían en que su presencia en los comicios servirá para atraer a las urnas a mujeres y jóvenes de las comunidades árabes que, en general, han mostrado comportamientos abstencionistas en procesos electorales del pasado al no haber contado con una opción satisfactoria acorde a sus intereses y necesidades.
Faltan aún poco más de dos meses para las elecciones y muchas cosas pueden cambiar en ese lapso, sobre todo cuando se trata de una región tan volátil y asolada por tal maraña de conflictos. Sin embargo, lo que se puede apreciar por ahora es que los fuertes sacudimientos de los últimos cuatro años están obligando a considerables segmentos de su ciudadanía a buscar alternativas políticas innovadoras que logren abrirle al país horizontes más prometedores.bes que en general han mostrado comportamientos abstencionistas en procesos electorales del pasado al no haber contado con una opción satisfactoria acorde a sus intereses y necesidades.
Faltan aún poco más de dos meses para las elecciones y muchas cosas pueden cambiar en ese lapso, sobre todo cuando se trata de una región tan volátil y asolada por tal maraña de conflictos. Sin embargo, lo que se puede apreciar por ahora es que los fuertes sacudimientos de los últimos cuatro años están obligando a considerables segmentos de su ciudadanía a buscar alternativas políticas innovadoras que logren abrirle al país horizontes más prometedores.
