Jackson Irvine, capitán de Australia, sobre FIFA: "Se burlan de su propia política de Derechos Humanos"
El capitán del St. Pauli, de la Bundesliga, arremete contra el órgano rector del futbol por sus posturas de doble moral

El centrocampista de la selección de Australia, Jackson Irvine, ha lanzado una dura crítica contra la FIFA, asegurando que la credibilidad del futbol como fuerza de cambio social ha sido socavada por su organismo rector. En una entrevista con la agencia Reuters, Irvine acusó a la institución de "hacer una burla" de su política de derechos humanos.
El detonante de estas declaraciones fue la decisión de la FIFA de otorgar su Premio de la Paz inaugural a Donald Trump durante el sorteo del Mundial 2026 celebrado en diciembre.
Pero la controversia ha escalado debido al contexto geopolítico actual. Estados Unidos lanzó un ataque militar en Venezuela poco después del sorteo. Además, el pasado 28 de febrero, inició ataques aéreos conjuntos con Israel sobre Irán.
"El futbol pierde su capacidad de ser una herramienta de bien común cuando se premia a figuras políticas en medio de conflictos bélicos activos", sugieren críticos alineados con la postura del jugador.
Irvine, de 33 años y con 80 partidos internacionales con Australia, no es ajeno al activismo. El capitán de los Socceroos milita en el St. Pauli de la Bundesliga, un club reconocido mundialmente por su cultura progresista y su compromiso con la justicia social.
El jugador ya fue una figura clave en la protesta de la selección australiana contra el historial de derechos humanos de Qatar 2022. En aquel entonces, la FIFA bloqueó el uso de brazaletes arcoíris, una decisión que Irvine recuerda como un precedente de la falta de libertad de expresión para los futbolistas.

La entrega del premio a Trump no sólo ha molestado a los jugadores. La Federación de Futbol de Noruega solicitó formalmente este lunes que la FIFA abola el Premio de la Paz para evitar que el deporte sea utilizado como herramienta política.
En una doble moral, la FIFA sanciona expresiones políticas de los jugadores, pero premia a líderes políticos controvertidos. Por otra parte, Irvine espera que en el próximo Mundial se permita a los jugadores utilizar símbolos de defensa de derechos humanos sin represalias. Hasta el momento, ni la FIFA ni la Casa Blanca han emitido comentarios oficiales ante las críticas de los grupos de derechos humanos y activistas.
Para Irvine, el futuro del futbol internacional depende de que los jugadores tengan "libertad para expresarse" y que los organismos deportivos respeten los valores que dicen promover en sus estatutos.