Una carta que puso en el ataud de su abuelo hizo que Raphael Viega se hiciera futbolista
Cumplió la promesa al convertirse en uno de los mejores jugadores del Palmeiras. Ahora será el delantero del América

Fue aquel un día negro para Raphael Veiga. Los primeros recuerdos del futbol que tenía siendo niño eran con su abuelo y su padre de la mano entrando al estadio del Palmeiras para ver al equipo por el que le heredaron el amor.
Su abuelo, Raphael, del mismo nombre, era un torcedor consumado del Palmeiras, el equipo de toda su vida en Sao Paulo y por el que se desvivía en cada juego en las tribunas. Esa pasión se la contagió a su padre y a su nieto, un pequeño que con los años sería futbolista y que para 2026 jugará en México con el América.
Pero aquel día funesto llegó. El abuelo de Veiga falleció y se hicieron las exequias. En medio del llanto y la tristeza, cuando los dolientes pasaban a recibir un abrazo, el joven Raphael se acercó al ataud. Ahí encontró a su abuelo con un rostro sereno, amable, luminoso. Quiso tocarlo, abrazarlo de nuevo. Llevaba su camiseta verde del Palmeiras. Fue entonces que sacó la nota que había escrito en casa antes de ir a la funeraria.

En ella le prometía a su abuelo que sería jugador de futbol y que haría todo lo que estuviera en sí mismo para ser del Palmeiras.
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UN DURO INICIO
Entonces fue a la escuela del Palmeiras, pero fue rechazado. Encontró acomodo en Corinthians, luego en el Sao Paulo años antes de que André Jardine llegara a las inferioresy se fue al Coritiba. La tensión iba aumentando hasta que en este último equipo le dieron la oportunidad de debutar.
Pero un año después, en 2017, el Palmeiras por fin lo fichó. Fue que el recuerdo de aquella carta escrita a su abuelo y puesta en el ataud, cobraba la viveza que siempre soñó.
Con el Verdao no tuvo un arranque promisorio. Aunque había elogios para él, lo prestaron tras un año al Paranaense, no obstante, en 2019 regresó para demostrar su merjo versión. Metió 108 goles en seis años y levantó grandes títulos como dos ligas, dos Supercopas de Brasil, dos Copas Libertadores y una Recopa Sudamericana.
Todo, con la imagen de su abuelo tatuada en la mente y llevada en el corazón en cada juego.
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