Tradición y contemporaneidad se encuentran en los cuerpos danzantes.
La segunda edición de TRAC reúne a artistas de México y otros países para explorar, a través de la danza, la identidad, la memoria, la ancestralidad y las transformaciones de las tradiciones frente al presente.

Cómo las tradiciones permanecen vivas en nuestros cuerpos y cómo se transforman frente al mundo contemporáneo? Ésta es la gran pregunta que intenta responder el encuentro TRAC: Tradición y Actualidad en los Cuerpos Danzantes.
Con la certeza de que las tradiciones migran, se mezclan, se cuestionan, se reinventan, que están todo el tiempo transformándose”, Danza UNAM realiza la segunda edición de esta iniciativa del 20 al 30 de agosto en el Centro Cultural Universitario, detalla Claudia Lavista.
La directora de la dependencia explica en entrevista que “hicimos una curaduría y una selección de artistas, tanto de México como de otros países, que trabajan desde estéticas o fenómenos tradicionales o rituales, a partir de una mirada de temas actuales que se cruzan con los tiempos y con las preguntas que vivimos hoy”.

La coreógrafa destaca que
TRAC es esa hibridación de todos estos lenguajes y formas de trabajar, en donde la pregunta principal es qué llamamos tradición y en dónde vive hoy. Porque la tradición puede vivir en un rito o en un cuerpo, en una falda o en una pista de baile. Es algo que habitamos todos los días y que se está transformando constantemente”.
Señala que “en este momento hay muchos artistas en el mundo que justamente están retomando la tradición como una fuente de información e inspiración para trabajar temas del presente.
“Esta diversidad es una fuerza de resistencia cultural; un espacio de defensa de la identidad, de la autonomía, de los símbolos propios, de la memoria, de la ancestralidad. Pero la tradición vista no como algo intocable, sino como ese lugar de cambio”, agrega.
La también bailarina añade que este año proponen cinco ejes temáticos como guía: Ritual y contemporaneidad, La danza como festejo y éxtasis en comunión, Herencia y futuro, Defender la identidad dentro de la lógica de la globalidad y Diásporas danzadas.
Este año participarán artistas y compañías como Lukas Avendaño, Danzariega, Juan Carlos Palma, Gilles Delmas (Francia), Damien Jalet (Bélgica), Don Cañalero, MákinaDT, Faldas para Bailar (Colombia), Anniela Huidobro, el Taller Coreográfico de la UNAM, Agrupación AMARILLO, la Asociación de Juegos de Pelota y Archivo Movimiento Sonidero con la presentación de La Changa.

Además de un programa que incluye funciones, talleres, laboratorios, conversatorios, una proyección cinematográfica, el juego de pelota y un gran cierre de sonidero popular.
Las piezas que se interpretarán, prosigue Lavista, cuestionan lo mismo las estructuras afectivas y culturales que sostienen al patriarcado, temas como la discriminación y los capitalismos salvajes que acaban con todo; y proponen la recuperación de la identidad indígena y la danza como espacio que sana.
La gestora cultural destaca dos obras que utilizan, una, la danza de los Chinelos para proponer un trance colectivo mediante el movimiento llevado al límite; y, otra, la imagen de la Chinela para hablar del rol de las mujeres.
Y dos piezas más. “Una, resignificar a la falda como el gran espacio de archivo, o sea, cómo una falda puede ser un archivo; y otra recupera los movimientos que están en peligro de extinción, como el de las mujeres que desfibrilan el henequén”.
Dice que
“abrimos el 21 de agosto con Lucas Avendaño, un bailarín, coreógrafo y antropólogo del istmo de Tehuantepec, muxe, que trabaja con temas que cruzan lo político, el género, la discriminación, lo indígena; y presenta la pieza No soy hombre, soy mariposa.
“Y Damien Jalet, coreógrafo y bailarín franco-belga cuya obra explora la danza en diálogo con otras disciplinas artísticas.
Se proyectará The Ferryman, dirigida por Gilles Delmas, y premiada en el Festival de Cine Choreoscope de Barcelona (2018). Una reflexión sobre los rituales animistas y la relación entre la danza y la escultura”, indica.
Claudia Lavista concluye que
hay un enorme universo de propuestas estéticas y de preguntas artísticas, donde la danza también puede ser un espacio político.
La danza tradicional no es un vestigio, ni un museo, es una manifestación viva. Y aquí proponemos una mirada estética, antropológica y comunitaria”.