El ‘Señor de las Sirenas’, el hombre que moldea arte y memoria en Oaxaca

José García Antonio perdió la vista hace 20 años; es alfarero y escultor.  Con la ayuda de su esposa, crea figuras femeninas de gran formato

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Fotos: Cortesía Familia García Mendoza

El Señor de las Sirenas, José García Antonio (1947), alfarero y escultor de arcilla originario de San Antonino Castillo Velasco recibe amoroso a los visitantes que llegan a su vivienda y taller; abre las puertas del hogar que comparte con su esposa y compañera creativa, Teresita Mendoza Reina.

El maestro artesano, eterno enamorado de la figura femenina, realiza esculturas de barro natural. Las piezas de mujeres dominan el espacio de trabajo. Mujeres con trenzas, adornadas con flores, felices, con un mensaje corto al reverso junto con la firma de su autor.

Ahí están las figuras representativas de las mujeres de distintas regiones de Oaxaca con sus trajes típicos, pero sobre todo sirenas, princesas del mar, pequeñas y de gran formato, piezas que sobresalen en el taller Manos que ven, ubicado en San Antonino Castillo Velasco, al sur de la capital, tierra de hortelanos y bordadoras, pero solo una  familia de alfareros, los García Mendoza.

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Doña Teresita Mendoza Reina afina los detalles de las figuras que crea su esposo, el artesano José García Antonio.Fotos: Cortesía Familia García Mendoza

Cuando hago figuras de barro pienso que la mujer es hermosa, mi sentir es hacer figuras de la mujer oaxaqueña, de cómo se viste y de todas las alegorías que representa”, comparte en charla con Excélsior.

Don José comenzó a trabajar la arcilla desde pequeño, de manera circunstancial al descubrir un banco de barro debajo de sus pies. Sus manos hábiles,  su memoria, la imaginación desbordante y la paciencia son su sello. Ahí soñó que viviría de ese don, pues en su adolescencia aprendió el oficio de carnicero.

Su conversación  es alegre y animada, llena de detalles.  Recuerda que siendo joven, su cuñado, dedicado a la elaboración de loza para el hogar, lo animó a hacer la figura de barro de  Cantinflas, consiguiendo levantar una pieza del histrión de 60 centímetros de altura. “Descubrí que aún  conservaba las aptitudes de niño, recobré la atracción por el barro”, refiere.

Su cuñado también le ayudó a comprar un horno para cocer las piezas, y poco a poco, afinó su técnica y consiguió vender sus piezas en la tienda del Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart) en el entonces Distrito Federal.

Me casé, formé una familia, tengo a mi esposa, dos hijas y un hijo, todos son artesanos, hasta mis nietos ya llevan el trabajo de la artesanía por las venas”, apunta.

A partir de entonces, y hasta la fecha, amasa el barro hasta conseguir la textura y consistencia exacta para iniciar el proceso creativo de sus piezas de gran formato, que después formarán parte de los acervos de coleccionistas o museos.

El ánimo del artesano  lo ha sacado adelante en la adversidad, ya que perdió el sentido de la vista hace más de dos décadas, a causa de glaucoma, sin embargo, sus dedos y manos, junto con su buena memoria, consiguieron que el artista alcanzara su plenitud.

En un acto de comunión familiar, doña Teresita es  “los ojos” de José, al afinar las piezas de barro natural, coloca accesorios (flores, trenzas, aretes, rebozo, collares a las oaxaqueñas,  y las escamas a las sirenas)  y cubre las imperfecciones, mientras que sus dos hijas y su hijo realizan el proceso de cocción o “quema” de las pieza en el antiguo horno de piedra, que suele llegar a una temperatura de 900 grados Celsius:un taller familiar y de arte colaborativo.

El  talento de la familia García Mendoza se agiganta creando también piezas ornamentales como macetas, alcancías, candeleros, animalitos, juguetes, danzantes de la pluma, con finos detalles. Piezas reconocidas en lo local, en el país y en el mundo.

Los galardones y reconocimientos entregados por entidades públicas y privadas se cuentan por decenas, al igual que las publicaciones y los documentales en distintos idiomas; atraídos por la visión extraocular del maestro José, y su virtud de trasformar el barro con sus manos, extraordinaria memoria e inagotable imaginación, aunque para él es el oficio noble que le ha permitido sacar adelante su hogar.

La historia de vida del maestro artesano y su amada Teresita también  la documentó una plataforma internacional de streaming, que se dio el tiempo para involucrarse en el día a día de la familia García Mendoza. Incluso fueron a Puerto Escondido, en la región de la Costa, donde la pareja esculpió una pieza. Se espera que el estreno ocurra en fecha próxima.

cva*