La reina que transmitió la hemofilia a las casas reales europeas
Descubre cómo esta mutación genética cambió la historia de monarquías como la rusa y la española.

Durante el siglo XIX, las casas reales europeas compartían mucho más que coronas, alianzas políticas y títulos nobiliarios. También compartían secretos genéticos que, sin saberlo, marcarían el destino de generaciones enteras. Uno de los más impactantes fue la hemofilia, una enfermedad hereditaria que se propagó entre la aristocracia.
¿Quién trajo la hemofilia a la familia real española?
Tuvo su origen en una sola figura clave: la Reina Victoria I del Reino Unido. Conocida como “la abuela de Europa” por la extensa red de matrimonios de sus descendientes, Victoria no solo consolidó alianzas entre reinos, sino que también transmitió un gen que cambiaría la historia de la realeza. La hemofilia, apodada con el tiempo como la “enfermedad de los reyes”, se convirtió en una silenciosa amenaza que debilitó linajes enteros desde dentro.

¿Qué es la hemofilia?
La hemofilia es un trastorno genético que afecta la coagulación de la sangre. En términos simples, quienes la padecen no pueden detener hemorragias de manera eficiente debido a la falta de proteínas esenciales, como el factor VIII. Esto provoca sangrados internos o externos que pueden ser mortales incluso tras golpes leves.

¿Por qué la reina Victoria tenía hemofilia?
En el caso de la reina Victoria, los historiadores y científicos coinciden en que ella fue portadora del gen, aunque nunca presentó síntomas. Lo más intrigante es que no existen registros de hemofilia en sus padres, lo que ha dado lugar a dos teorías: una posible mutación espontánea —un fenómeno extremadamente raro— o la hipótesis de un origen genético externo por una relación extramatrimonial de su madre.
Sea cual sea la verdad, lo cierto es que Victoria transmitió este gen a varios de sus hijos, iniciando una cadena hereditaria que se extendería por toda Europa. Al estar ligada al cromosoma X, la hemofilia afecta principalmente a los hombres, mientras que las mujeres suelen ser portadoras asintomáticas. Esto significa que una mujer con el gen puede no padecer la enfermedad, pero sí transmitirla a sus hijos.

¿Cuántos hijos hemofílicos tuvo la reina Victoria Eugenia?
En el caso de Victoria, tres de sus nueve hijos heredaron el gen: su hijo Príncipe Leopoldo, duque de Albany, quien padeció la enfermedad, y sus hijas Alicia y Beatriz, quienes fueron portadoras. A partir de ellas, la hemofilia se expandió a distintas casas reales mediante matrimonios estratégicos.
La princesa Alicia, por ejemplo, llevó la hemofilia a la realeza alemana y rusa. Su hija, Alejandra Fiódorovna, se casó con Nicolás II de Rusia y tuvo un hijo, el famoso Alexéi Nikoláyevich, quien padecía hemofilia. El caso del zarevich Alexéi es uno de los más dramáticos.

Desde pequeño sufrió intensos dolores por hemorragias internas, lo que llevó a su madre a buscar desesperadamente soluciones. Fue en este contexto que apareció la figura de Grigori Rasputín, quien ganó influencia en la corte al aliviar aparentemente los síntomas del niño. Esta relación contribuyó al desprestigio de la familia imperial y, según algunos historiadores, influyó indirectamente en el clima que desembocó en la Revolución Rusa.
En España, la historia no fue menos trágica. La hemofilia llegó a través de Victoria Eugenia de Battenberg, nieta de Victoria, quien se casó con Alfonso XIII de España. Dos de sus hijos, Alfonso y Gonzalo, heredaron la enfermedad. Ambos murieron jóvenes tras hemorragias provocadas por accidentes, lo que afectó profundamente la estabilidad de la monarquía.
¿Cómo se heredó la hemofilia?
La rápida propagación de la hemofilia no fue casualidad. En aquella época, las familias reales solían casarse entre sí para mantener el poder, fortalecer alianzas y conservar la “pureza” de la sangre azul. Sin embargo, esta práctica favoreció la transmisión de enfermedades genéticas como la hemofilia.
Al estar todos emparentados, el gen se fue transmitiendo de generación en generación, afectando a casas reales de Inglaterra, Alemania, Rusia y España. Este fenómeno también puso en evidencia los riesgos de la endogamia, un tema que hoy se estudia ampliamente en genética.

¿Es curable la hemofilia?
En el siglo XIX, la hemofilia era prácticamente una sentencia de muerte. No existían tratamientos efectivos y cualquier herida podía resultar fatal. Los afectados vivían bajo constante vigilancia, evitando golpes o caídas que pudieran desencadenar hemorragias.
Hoy en día, aunque sigue sin tener una cura definitiva, la enfermedad puede controlarse mediante la administración de factores de coagulación. Esto ha cambiado radicalmente la calidad de vida de quienes la padecen, algo que los miembros de la realeza del pasado nunca pudieron experimentar.

Con el paso del tiempo, la hemofilia dejó de estar presente en las familias reales europeas, en parte gracias a la diversificación genética y al abandono de los matrimonios entre parientes cercanos. Sin embargo, su huella permanece como un recordatorio de los misterios del ADN y de cómo una sola mutación puede cambiar el rumbo de generaciones.
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