De nuevo Michael Jackson, parteaguas de la danza mundial
A casi 20 años de su muerte, Michael Jackson sigue marcando la cultura pop no solo con su música, sino que también con la danza.

No habrá en la historia otro artista como él. A casi 20 años de su muerte, Michael Jackson (1958-2009) sigue siendo una experiencia artística y comercial inaudita. Es claro que su forma de moverse, cantar y dominar son el epítome de la cultura pop.
Ahora, con el estreno de la película Michael, una versión sesgada a manera de las llamadas biopics, reaparece pero ahora como un ser bueno, incomprendido, víctima, excéntrico; y, al asomarnos al espejo de su vida, en realidad se pretende blanquear el sepulcro de un hombre, sí genial, pero presa de racismo, la explotación comercial, la ansiedad y una órbita infantilizada de consumo.

Gracias a Jackson, miles de jóvenes en el mundo decidieron dedicarse a la danza. En México, a bote pronto, pienso en Omar Carrum, beca Guggenheim, y David Salazar, de Antares Danza Contemporánea, que a la menor provocación saca a su Jackson interno.
De manera simultánea, millones de personas ensayan Thriller para ejecutar los pasos de zombies en el Desfile de Halloween de Nueva York.

Los Jackson’s Five demostraron que los afroamericanos podían vivir “The american dream” y salir de una vida de racismo y precariedades para convertirse en estrellas de renombre mundial. El filme, recién estrenado, simplifica el ideal de la familia que se sobrepone a un papá ambicioso y triunfa libre de él. No le hace justicia al artista que fue Michael.
Jackson relucía bailando de una forma atípica –para muchos influenciada por el gran bailarín y coreógrafo Bob Fosse-–, acentuando con la pelvis el ritmo de la música. La sutileza de un hombro o de un movimiento preciso de piernas hacían tambalear a cualquiera.
Los registros en video Blood on the Dance Floor (1997) lo muestran como avezado y transgresor. Lo más relevante en su caso es que jamás pasó por una sola clase de danza académica. Conocía muy bien sus talentos y los desarrolló plenamente, al lado de profesionales que lo apoyaron para entrar de lleno con el video de ficción, por citar un ejemplo.

Sus éxitos Thriller (1982) y Beat it (1982) lo catapultaron por ser innovadores y poseer una narrativa simple pero contundente. Si bien él aportaba muchos de los acentos dancísticos, él no era, como lo muestra erróneamente la película, un coreógrafo.
Jackson le pedía a Vincent Paterson y George Peters, entre otros coreógrafos profesionales, determinados movimientos sin conocer la terminología de la danza: “aquí quiero un brinco, cinco vueltas, el brazo chueco. Se cuenta que los bailarines profesionales intentaban copiar sus pasos, pero no lo lograban.
PJG