Andrea Mejía explora el deseo y la naturaleza en "La sed se va con el río"

La escritora colombiana presenta una novela donde un vidente ciego, un aguardiente ancestral y un río convertido en personaje articulan una historia sobre los deseos, la memoria y el poder de la naturaleza.

Andrea Mejía es autora de la novela "La sed se va con el río"
Andrea Mejía es autora de la novela "La sed se va con el río"Foto: Cortesía Andrea Mejía.

Un pueblo perdido entre las montañas, cuyos habitantes sacian su sed de vida con un aguardiente de bejuco prehispánico, es el punto de partida de La sed se va con el río (Alfaguara), la novela más reciente de la escritora colombiana Andrea Mejía (1978).

Integrado al Mapa de las Lenguas 2026, que lleva lo mejor de la literatura actual a los 21 países hispanohablantes, el título narra la historia de Jeremías, un vidente ciego y sabio, que proporciona el aguardiente a los pobladores y les permite convertir en realidad sus sueños y deseos. Hasta que se pierde en el páramo.

“El páramo, el río y la selva. Son tres territorios diferentes que están fusionados. Propongo al río Nauyaca como personaje y a la naturaleza como atmósfera literaria”, comenta Mejía en entrevista.

La doctora en Filosofía detalla que el agua está muy presente en la trama. 

“El agua no sólo da la vida, sino que ella misma está viva; y, en esta novela, se siente el recorrido del río. El hecho de que la bebida mágica que toman los personajes para ver la realidad de una forma más profunda sea el aguardiente tiene un significado especial”.

Esta novela forma parte del Mapa de las Lenguas 2026, que lleva lo mejor de la literatura actual a los 21 países hispanohablantes.
Esta novela forma parte del Mapa de las Lenguas 2026, que lleva lo mejor de la literatura actual a los 21 países hispanohablantes.Foto: Cortesía Andrea Mejía.

Afirma que el movimiento del río es una metáfora de la vida, “no cesa, no se puede capturar, pero es una misma corriente”.

La también cuentista confiesa que un río real fue el punto de partida. “Recorrí un río semejante, no tiene el mismo nombre; pero le metí componentes de ríos que quiero mucho, porque en los territorios indígenas son sagrados”.

Considera que la naturaleza tiene una virtud literaria. 

“Está llena de sonidos, de colores, formas, imágenes; entonces, si te apoyas en ella para narrar, tendrás una narración plena, real, que se siente.

La naturaleza es cada vez más importante en mi obra. Creo que ella es la que escribe a través mío. Pero no como una colección de objetos que tenemos afuera, sino como una consciencia abarcante a la que pertenecemos y de la que, tristemente, nos hemos separado”, agrega.

La autora pone a convivir a personajes ambiguos, “con oscuridades”, como Lidia, Patas de Mirlo y Esther, en un mundo donde el agua permite el tránsito entre los vivos y los muertos.

La autora considera que la naturaleza tiene la virtud literaria de estar llena de sonidos, colores, formas e imágenes.
La autora considera que la naturaleza tiene la virtud literaria de estar llena de sonidos, colores, formas e imágenes.Foto: Cortesía Andrea Mejía.

“La obra de Juan Rulfo me ha influenciado mucho. El páramo juega un papel importante en la novela como imagen espiritual. Jeremías se pierde en el páramo y ahí se reencuentran los tres personajes ya muertos”, indica.

Y concluye que sus personajes “sienten una sed que buscan saciar, ansiedad, soledad; pero también alegría y ganas de celebrar la vida. Saben que necesitan de la naturaleza, que son ella. Ese es el sentimiento que está de fondo. La separación entre hombre y naturaleza es artificial”.