'No soy una madame': María Alejandra Gil Cuervo

A cuatro años de estar en prisión expone diversos argumentos del porqué, desde su punto de vista, las autoridades están abusando de la ley de trata

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MARÍA ALEJANDRA GIL CUERVO. Purga una sentencia de 15 años por el delito de trata / Foto: Eduardo Loza

CENTRO FEMENIL DE READAPTACIÓN SOCIAL TEPEPAN.

Es difícil tener certeza si María Alejandra siempre se pareció a Geraldine Chaplin o si los años la llevaron a tener los mismos ojos negrísimos, hundidos y cubiertos de largas pestañas que la actriz estadunidense.

Antes de seguir con esta historia que alude a la explotación sexual o esclavitud moderna, cabe hacer una aclaración. Quien espere encontrar a una proxeneta con el maquillaje corrido, un cigarrillo humeando en la punta de una boquilla, la peluca pelirroja chueca y el busto desparramado afuera del sostén, no encontrará ni rastro de esto en María Alejandra Gil.

La mujer posee un amplio vocabulario articulado sobre su tema, el trabajo sexual, adquirido en foros sobre los derechos laborales de las mujeres que ejercen la prostitución no sólo en México, sino en dos de los referentes mundiales sobre el tema, en Ámsterdam, Holanda, y en Bangkok, Tailandia.

¿Madame de Sullivan? Para ella, llamarla de esta manera es insistir en una culpabilidad que ella niega.

María Alejandra Gil Cuervo tiene 69 años y comenzó a ofrecer sus servicios sus sexuales a la edad de 23 o 24 años, en algún momento de 1982 o 1983. Nadie la ató del cuello y la llevó a un mercado de esclavos para que su cuerpo se convirtiera en una mina de oro. En febrero de 2014 y luego de dirigir una organización relacionada con el trabajo sexual, fue detenida junto con su hija y apresada por el delito de trata de personas. A partir de entonces, se convirtió en la Madame de Sullivan o la Madrota de Sullivan, apodo que ella rechaza y cuya validez niega con vehemencia.

—Un duro sobrenombre —observo.

—De mí se dijo que era la Madame de Sullivan, un apodo que no sé por qué se dijo, yo creo que tenían que empaparse más a lo que se refiere una madame. Una madame es una persona que tiene un lugar fijo o una casa o un departamento que dirige y que tiene, yo trabajaba y ejercía en la calle.

—¿Y cuál era su relación con las mujeres?

—Yo fundé la primera organización de trabajadoras sexuales, fundada y dirigida por trabajadoras sexuales, para defender nuestros derechos humanos y de salud.

—Pero se dice que usted las explotaba.

—Pues sí se dice eso, pero, honestamente, fueron únicamente dos personas, guiadas por una señora, las que me denunciaron, cuando se pretendió acusarme con más de 200 mujeres, entonces, ¿por qué nada más dos personas me denunciaron?

—¿A qué lo atribuye usted?

—Pues a que no estaban conformes con mi manera de ser, a que, si seguía yo defendiendo los derechos de estas personas, iban a cambiar algunas cosas de la ley de trata. La ley de trata es demasiado amplia y por ejemplo cuando yo llegué a Santa Martha, había más de 80 personas acusadas de tratantes, meseras, cajeras, personas de los table, acusadas de tratantes, tanto es este estigma que soy la única persona que está aquí sentenciada en Tepepan por trata de personas, o sea me quitaron de un lugar donde había más mujeres sentenciadas por trata para que yo tuviera contacto con ellas.

—¿Se está abusando de la ley de trata?

—Sí. Dicen que hay explotación de las mujeres porque se les quita dinero por ejercer la prostitución, pero pongamos un ejemplo, en una peluquería. A usted le cortan el cabello y usted paga 100 pesos por ese servicio. Pregúntele usted al señor que le corta el cabello ¿cuánto le dan por cortarle el cabello y con cuánto se queda la peluquería? ¿entonces ahí no hay una explotación? Pues no, porque no tiene que ver con el sexo. Yo creo que tiene mucho que ver con la moral.

—Del total de mujeres que ejercen el trabajo sexual en la Ciudad de México, ¿qué porcentaje estima que están sujetas a esclavitud, explotación o trata?

—Ahorita hay demasiada información en medios de comunicación, como la televisión y el radio, información entre ellas mismas, como para que alguien ahorita esté forzada a estar parada en un lugar y ser víctima de trata. Yo creo que en la calle es muy difícil que alguien todavía sea víctima de trata, yo creo que puede ser alguien que vaya y las asuste y diga que es víctima de trata para volver a llenar sus estadísticas, el gobierno o la persona que quiere llenar estadísticas para su organización, que realmente sean víctimas de trata.

—¿Usted cobraba alguna cuota?

—Para la organización (Asociación en Pro Apoyo a Servidores), por la cual presentábamos nuestra auditoría anualmente.

—¿Cuánto cobraba?

—50 pesos a la semana por cada una de las 50 mujeres. Sólo en Sullivan. Con esto se sostenía una clínica en que hacíamos pruebas de detección de VIH, colposcopías y las atendíamos en todos los aspectos y no nada más a ellas, atendíamos a más, pero eran agremiadas de nuestra organización 50 mujeres.

***

La calle James Sullivan adquirió su vocación por el trabajo sexual a principios de la década de los sesenta, en parte por el tránsito de viajeros relacionado con la estación del tren y la terminal de camiones que ahí existió y, en parte, como ahora, por una etapa de prohibición en el servicio sexual originada por las posiciones morales del regente del Distrito Federal Ernesto P. Uruchurtu, gobernante entre 1952 y 1966, a quien se le apodó, para máximo orgullo suyo, El Regente de Hierro.

En ese tiempo, la oposición a la prostitución estaba dominada más bien por razones morales. Se clausuraron burdeles, cabarets y centros nocturnos, lo que orilló a algunas de las trabajadoras a salir a las calles, donde eran sujetas de redadas.

La tendencia de los últimos años a endurecer las leyes contra la trata de personas, ahora desde la perspectiva de las mujeres que ejercen el trabajo en sexual en función de su posible condición de víctimas, ha vuelto al cierre de casas de citas en la capital mexicana y, a decir de los críticos de estas clausuras, a la emigración de las sexoservidoras a

páginas de internet en situaciones de menor seguridad para ellas.

Una de las principales impulsoras de este endurecimiento es Rosi Orozco, de quien María Alejandra aceptó hablar, pero luego pidió que se eliminaran sus opiniones. Le tiene pánico.

—Uno tiene la idea de que por cada mujer que ejerce el trabajo sexual en la Ciudad de México hay un padrote que está por ahí escondido —comento a María Alejandra.

—Pues si está o no está eso es un problema de cada mujer.

—¿No sería un problema también de todos?

—No, ¿problema de quién? ¿De usted? —repone la mujer.

—De la sociedad.

—Es un problema de cada mujer, cada mujer decide quién tiene o quién no tiene. Es como si a usted le digo, a ver, veamos, ahí va otro ejemplo, vaya usted a Liverpool, vaya usted al Palacio de Hierro o a todos los lugares donde salen las señoras de trabajar y cuántos señores hay afuera y qué son esos señores, ellos son mantenidos y si una mujer ejerce el trabajo sexual y quiere mantener un hombre entonces es padrote ¿verdad?

—¿Usted no tuvo hombres?

—Pues sí, uno y está en el Oriente.

—¿Es su causa?

—Sí es mi causa y lo mantuve: es mi hijo —la mujer sonríe. — La calle es libre, la calle es de quien la trabaja.

—¿Usted se pone a pensar que sí efectivamente tiene una condena judicial, un juez ha determinado que usted es culpable de algo, pero sobre usted también pesa una condena social, más de carácter moral?

—En la injusticia social y la injusticia de quien me sentenció. Fue un mal proceso en que el juez no escuchó argumentos. Las víctimas no eran víctimas, no se tomaron en cuenta dictámenes sicológicos y, aun así, condenó. En la otra parte los medios de comunicación, los periódicos, todos, me tacharon antes de que fuera yo juzgada.

***

María Alejandra Gil Cuervo purga una sentencia de 15 años por el delito de trata, que paga desde hace cuatro años. Por razones de edad, el próximo año estará en condiciones de tramitar su estancia en Tepepan a prisión domiciliaria.

—¿Ah sí, alguna vez pagó por un servicio sexual?

—No.

—¿Cómo una mujer que ejerce la prostitución en el momento que tiene sexo puede abstraerse del placer, no sentir placer mientras está teniendo la relación?

—Una mujer que ejerce el trabajo sexual puede no sentir placer porque sicológicamente estamos preparadas para eso desde que empezamos a ejercerlo, tiene que haber afecto para tener un poco de más placer. Nosotras no somos como ustedes, nosotras necesitamos palabras, caricias.

—¿Qué es más difícil, irse de servicio con un hombre extremadamente bien parecido o con un hombre extremadamente feo?

—No nos fijamos en eso, nos fijamos en la cartera.

—¿Un hombre que huele mal?

—En eso sí nos fijamos, bueno por lo menos yo. Ahí sí tenemos ese derecho, como estamos en la calle nosotros decimos con quién vamos y con quién no vamos.

—¿Tuvo clientes recurrentes usted?

—Sí. Alguno duró 15 años. Iba una o dos veces a la semana y no siempre tuvimos relaciones sexuales. En ocasiones íbamos al teatro, íbamos a cenar… Él me daba más, una remuneración económica un poquito más alta.

—¿Se enamoró?

—Él.

—¿Usted?

—No. Yo lo vi como un buen amigo porque él enviudó y cuando enviudó me tomó como una buena amiga. Yo sabía que nunca me iba a enamorar de él. Lo hablamos y él lo comprendió. Yo sabía de su vida personal y él de la mía. Era difícil para él.

—¿Le propuso que dejara la calle?

—No.

—¿La habría dejado si se lo hubiese pedido?

—No.

—¿Usted vio Pedro Navaja (Alfonso Rosas Priego, hijo, 1984)?

—Sí.

—¿Y qué opina de la película?

—Que estaba muy guapo Andrés García —la mujer ofrece una risa franca, sugerente.

—¿Conoció personalmente a Andrés García?

—Sí, claro que sí. Conocí personalmente a Andrés García, sí lo conocí.

—¿Bien? ¿Muy bien?

—Muy bien.

—¿Y qué tal?

—Muy bien.

—¿Igual que en la película?

—Muy bien —ríe nuevamente, por última vez en esta plática. —Pero las mujeres no tenemos memoria.*

AMU