Excélsior en la Historia: A 74 años de la muerte de Sigmund Freud
Te presentamos algunas de las aportaciones del "padre del psicoanálisis" al estudio de la mente del ser humano

CIUDAD DE MÉXICO, 23 de septiembre.- A 74 años del fallecimiento del hombre que le dio al inconciente un papel protagónico al momento de describir y entender conductas del ser humano, Sigmund Freud.
El hombre cuyas aseveraciones continúan generando controversia, quien afirmó que incluso los bebés tienes impulsos sexuales, y quien bautizó el deseo de los hijos a los padres como el ‘Complejo de Edipo’, basado en la historia griega.
Este personaje creció bajo el seno de una familia judía, bajo el nombre de Sigismund Freud, el cual cambiaría a los veintidós años por el que lo acompañó el resto de su vida.
La tierra que lo vio nacer fue Freiberg, en la antigua Moravia, lo que hoy es Príbor, Checoslovaquia; un 6 de mayo de 1856.
Conocido como el “padre del psicoanálisis” dejó un amplio legado teórico de la mente y de la conducta humana; y de praxis para el ejercicio terapéutico de la psicología.
La idea del ‘inconsciente’ es uno de principales conceptos que Freud puso en la mesa para ser tratado a partir de la ciencia. Es así como propuso la división de la mente en tres niveles (inconsciente, deseo inconsciente y represión), donde domina la voluntad primitiva por encima de la esfera consciente, la cual se manifiesta por medio de chistes, sueños y pensamientos.
Al inicio del siglo XX, publicó ‘La interpretación de los sueños’, donde explica un nuevo modelo del inconsciente y desarrolla un método para conseguir el acceso al mismo, tomando elementos de sus experiencias previas que en muchas ocasiones resultan dolorosas, la cuales al no poder ser eliminadas de la mente, son reprimidas, integrándose así al inconsciente y reflejándose en determinadas acciones del individuo.

Ello, Yo y Superyó
Sigmund Freud indicó que la forma de operar de la mente es a través de tres partes: el Ello, el Yo y el Superyó.
- Ello: Representa las pulsiones primigenias, siendo éste el motor del pensamiento y el comportamiento humano.
Contiene los deseos de gratificación más primitivos.
- Superyó: Es la parte que contrarresta al Ello, ya que representa los pensamientos morales y éticos construidos a través de nuestro entorno y experiencias.
- Yo: Permanece entre los anteriores, actúa como mediador entre las necesidades primitivas y las creencias éticas y morales.
Se considera que un Yo saludable es aquel que consigue satisfacer ambas partes, acoplándose a lo que ocurre en el exterior.
Estos tres niveles de la mente humana según la teoría de Freud, son influenciados por factores o innatos, llamados pulsiones, las cuáles se dividen en dos las cuales se polarizan.
Eros o pulsión de vida. Se trata de una pulsión sexual orientada a la preservación de la vida.
Tánatos o pulsión de muerte. Representa una moción agresiva, aunque a veces se resuelve en una pulsión que nos induce a volver a un estado de calma.
La libido
Freud sostuvo que la libido madura en los individuos por medio del cambio de su objeto; ejemplificando que la sexualidad infantil es "polimórficamente perversa", debido a que una gran variedad de objetos pueden ser origen de placer.
Conforme las personas van desarrollándose, van fijándose sobre diferentes objetos específicos en distintas fases:
- Fase oral, ejemplificada por el placer de los bebés en la lactancia.
- Fase anal, ejemplificada por el placer de los niños al controlar sus esfínteres.
- Fase fálica. Momento en que los niños pasan a una fase donde se fijan en el progenitor de sexo opuesto, el Complejo de Edipo. Cada fase es una progresión hacia la madurez sexual, caracterizada por un fuerte Yo y la habilidad para retardar la necesidad de gratificaciones.
- Período de latencia, momento en el que se desarrollan fuerzas psíquicas que inhiben el impulso sexual y reducen su dirección.
- Fase genital. Surge en la adolescencia cuando maduran los órganos genitales. Hay un surgimiento de los deseos sexuales y agresivos.

Al ser diagnosticado en 1923 con cáncer de mandíbula, comenzó un largo camino de intervenciones quirúrgicas y fuertes malestares; ante esto Freud acordó con su amigo y médico de cabecera que cuando fueran incontenible el dolor, lo asistiera para morir.
En la medianoche del 23 de septiembre de 1939, Sigmund Freud recibió una inyección de morfina, dosis que consiguió su objetivo y dio fin a la vida del estudioso de la mente.
asj