Un país se levantó del suelo en Chile 1962

El pueblo chileno se repuso de un terrible terremoto dos años antes del Mundial

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Infografía: Abraham Cruz

CIUDAD DE MÉXICO.

A unos metros del Estadio Nacional de Chile, el más importante de ese país, se encuentra una calle con el nombre de Carlos Dittborn, el chileno nacido en Brasil que tuvo más labia que un argentino para ganar la sede del Mundial de 1962 durante un Congreso organizado por la FIFA en Lisboa, Portugal, en 1956.

En la reunión de Lisboa, el representante de Argentina, Raúl Colombo, se apoyó en toda la infraestructura de su país para convencer a los dirigentes de la FIFA de que Argentina era el sitio ideal para organizar la Copa del Mundo de 1962. Habló de la pasión de sus compatriotas por el futbol, la capacidad de sus estadios y todas las ventajas que se ofrecían para reunir a las 16 selecciones que se tenían consideradas para participar.

Al otro día, fue el turno de Dittborn. El andino, hijo de diplomáticos, mencionó  la continua presencia  de Chile en torneos y congresos organizados por la FIFA, el clima deportivo, la tolerancia de credo y raza y la estabilidad política de su país.

Venció Chile en las votaciones con 32 votos a favor, diez en contra y 14 sufragios en blanco.

La efervescencia que causó la elección de Chile como sede de un Mundial estuvo apunto de ver el fin en 1960. El trabajo de los andinos se vino abajo en un chasquido. Tembló.

Un terremoto de 9.5 grados, con epicentro en la comunidad de Valdivia, arrasó con todas las ciudades del Sur, provocó más de 50 mil muertos y afectó a más de dos millones de chilenos.

Chile viró sus esfuerzos en reconstruir el país. Dittborn, quien había convencido a la FIFA, se reunió con el presidente Jorge Alessandri y se decidió que se regresaría el dinero dispuesto para la Copa del Mundo. Se esfumaba el sueño mundialista.

Pero Dittborn comenzaría los cabildeos para no perder la sede del Mundial. Valdivia, Concepción, Talcahuano y Talca fueron descartadas del programa para la Copa del Mundo y se formuló uno nuevo.

Santiago se mantuvo como el principal bastión. Se unió el municipio de Viña del Mar y la Junta de Adelanto de Arica tuvo la capacidad para remodelar sus instalaciones. La empresa Braden Copper Company se unió a los esfuerzos y habilitó su estadio en Rancagua. Alzado del suelo, Chile abrió su corazón para el futbol.

Dittborn había logrado superar la adversidad y tenía cuatro sedes, una por grupo, para recibir el Mundial de 1962. Pero la muerte frenó al dirigente chileno: 32 días antes de la inauguración, una enfermedad en el páncreas no le permitió apreciar el resultado de su obra.

En Chile desembarcaron los equipos de Yugoslavia, Alemania Federal, Argentina, Brasil, Bulgaria, Colombia, España, Checoslovaquia, Hungría, Inglaterra, Italia, Suiza, Unión Soviética, Uruguay y México.

Los periódicos andinos cedieron sus portadas a las historias que acompañaban al soviético Lev Yashin, conocido como La araña negra por su habilidad bajo el arco. Las sonrisas de Pelé y Garrincha se robaron los titulares cuando aparecieron por primera vez en el aeropuerto de Santiago. Luis Cubilla era la figura de Uruguay e Inglaterra llevó al mejor jugador de su historia, Bobby Charlton.

Por parte de México, Antonio La Tota Carbajal se preparaba para jugar su cuarto Mundial. “El más importante de todos, ahí ganamos nuestro primer partido en una Copa del Mundo”, confesó Carbajal.

Chile fue eliminado en semifinales y en el Estadio Nacional Brasil ganaría su segundo Mundial.

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cva