Perdiendo, la femenil crecerá

Con dos jornadas disputadas, no hay todavía sufi­cientes argumentos para sacar conclusiones sobre el torneo apertura. Con la bipolaridad que mues­tra el funcionamiento de algunos de los equipos de la Liga MX, evitaré la tentación de afirmar algo de forma contundente; ...

Con dos jornadas disputadas, no hay todavía sufi­cientes argumentos para sacar conclusiones sobre el torneo apertura. Con la bipolaridad que mues­tra el funcionamiento de algunos de los equipos de la Liga MX, evitaré la tentación de afirmar algo de forma contundente; los hechos puedan encargarse de contradecirme en algunas pocas semanas.

En cuanto a nuevos fichajes, dan ganas de decir que tienen buena pinta los arranques de Rodrigo Aguirre en Rayados y del Cabecita con América (la primera que tocó la mandó a guardar), pero lo prudente es esperar.

El pasado lunes se terminó de concretar la eli­minación del Tri femenil del próximo mundial y los Juegos Olímpicos de París. La mala noticia de­portiva tuvo su lado positivo; la gran repercusión en los medios, una visibilidad inimaginable poco tiempo atrás.

El morbo que produce en la prensa hablar mal de las selecciones nacionales (casi un seudodepor­te nacional) jugó su papel, pero la atención mediá­tica dejó una muestra más de que el futbol femenil llegó para quedarse. La actividad cuenta con un futuro auspicioso a nivel internacional y México es de los primeros países latinoamericanos en apostar seriamente por este fenómeno global.

Según datos de la Liga MX, la tasa de crecimien­to en la asistencia de la Liga Femenil había sido del 33% entre las temporadas 17/18 y 18/19, lo que ya mostraba las tendencia de cómo, día a día, se va generando un mayor interés.

¿Qué debemos hacer para seguir evolucionan­do? No difiere mucho de lo que se debe acome­ter en el futbol mexicano en general; contar con un plan estratégico que contemple formar más y mejores entrenadores. Si una mayor profesiona­lización de capacitadores es clave para mejorar nuestro futbol, en el femenino es todavía más no­torio. En el caso de las chicas, también deberíamos profundizar en un modelo de captación y compe­tencia juvenil.

Varios proyectos van creciendo y ganando en seriedad, pero todavía ninguno de los clubes más exitosos en el incipiente futbol femenil cuenta con un programa elite de formación.

Actualmente, sus resultados se sustentan en mayores inversiones en jugadoras para el primer equipo.

Así como entrenar Primera División suele ser una profesión diferente que requiere contar con capacidades distintas que las que se necesitan para ejercer como formador, lo mismo sucede con el deporte femenil; hacen falta especialis­tas. Son cada vez más los clubes conscientes de ello, pero todavía tenemos un arduo camino por recorrer.

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