Equilibrio ecológico
Es muy difícil escribir hoy sobre otro tema que no sea la tremenda tragedia que estamos viviendo. Difícil concentrarse y reflexionar sobre las vicisitudes de la pelota en estos duros momentos. Pero como el mundo sigue girando y la pelota continúa rodando, no me queda ...
Es muy difícil escribir hoy sobre otro tema que no sea la tremenda tragedia que estamos viviendo. Difícil concentrarse y reflexionar sobre las vicisitudes de la pelota en estos duros momentos.
Pero como el mundo sigue girando y la pelota continúa rodando, no me queda otra opción que intentarlo.
Las declaraciones que emitía el maestro Johann Cruyff nunca pasaban desapercibidas; casi siempre eran correctas y, generalmente, se expresaba sin importarle un bledo si sus dichos eran, o no, políticamente correctos. La profecía que vaticinó cuando Neymar llegó al Barcelona se terminó cumpliendo, para suerte y beneplácito de los culés, con la llegada del astro brasileño al PSG y no durante su paso por la ciudad Condal.
El entonces presidente de honor blaugrana declaró: “Soy partidario de evitar los conflictos, por eso no habría firmado a Neymar. Crear un equipo es distinto que fichar un jugador”. Sin discutir sus cualidades futbolísticas, Cruyff dudaba de su capacidad de integración con Messi, lo que lo llevó a ir todavía más allá, y en su estilo que no contemplaba las medias tintas dijo: “Fichado Neymar, me plantearía vender a Messi”.
Y, como nunca me canso de decir, el futbol es un lugar donde no caben las verdades absolutas. Esta vez, una de las personas más legitimadas para opinar sobre este deporte se equivocó; la integración entre Messi y Neymar fue total. Entablaron una gran relación que no sólo generó innumerables beneficios deportivos al Barcelona, sino que, además, traspasó el terreno de juego y se forjó una muy buena amistad entre ellos.
El pasado fin de semana se produjo un episodio lamentable entre el capitán de la canarinha y su compañero, el goleador uruguayo Edinson Cavani. Discutieron ante la vista de todos en dos oportunidades; una para patear un tiro libre y otra para ejecutar un penal que finalmente falló el charrúa. Lo que se vio en este juego fue el detonante de una situación que se venía gestando desde hace unos días y que había quedado ya de manifiesto en las estadísticas de pases entre ellos en los últimos partidos; que ninguno de los dos se esforzaba en demasía para que su sociedad ofensiva fluyera con naturalidad.
Como no podía ser de otra manera, el tiempo finalmente le dio la razón al sabio holandés; la ambición deportiva de Ney puede ser un problema. No será sencilla la solución, sobre todo desde el momento que tomó estado público. El entrenador español Unai Emery se encuentra, quizá, ante el mayor desafío de manejo de vestuario de su carrera. Ahora en París seguramente extrañaran la mano izquierda de Ancelotti y les vendría fenomenal contar con Del Bosque o Zidane, dos técnicos que garantizan que prevalezca el “equilibrio ecológico” en el equipo. No por algo fueron los últimos tres entrenadores exitosos en el Real Madrid, un vestidor con históricas dificultades.
Un abrazo fraternal para las familias de las víctimas. Ánimo, México, juntos somos más fuertes.
