Un fracaso más
El ridículo que hicieron los seleccionados nacionales en San Pedro Sula, en Honduras, la noche del viernes, es una sinvergüenzada.
Francamente que me cuesta mucho trabajo comprender a los medios de comunicación deportivos, que, en su inmensa mayoría, no hacen otra maldita cosa que estar hablando del muy desafortunado balompié nacional, y digo desafortunado, pues a lo largo de los años las decepciones han sido demasiadas, y las satisfacciones muy contadas.
El ridículo que hicieron los seleccionados nacionales en San Pedro Sula, en Honduras, la noche del viernes, es una sinvergüenzada más de los nefastos jugadores que arrastran el poco prestigio que aún tiene el futbol mexicano, hoy un verdadero hazmerreír en la zona de Concacaf.
Lo peor es que, habiendo buenas historias de éxito que relatar de otros deportes, en estos últimos días, no hacen los colegas otra maldita cosa que hablar de la mediocridad hecho equipo, es decir la Selección Nacional de futbol, también conocida como la decepción nacional. Lo del viernes en la noche era de carcajada, tuvieron la posesión del balón con inmensa superioridad a los hondureños, que no pasaban de la media cancha todo el primer tiempo y, lo de siempre, no son capaces de concretar el dominio con goles, ha sido un ridículo peor que el del combate de Tyson, que, al igual que el TRI, dio más pena que otra cosa; en resumen, fue patético.
Por más que La Bomba Rodríguez nos quiera vender que la llegada de Javier Aguirre era la solución, el problema se sustenta en la podredumbre del negocio del futbol, en la despiadada cantidad de malos jugadores extranjeros que no permiten a los jovencitos nacionales mostrarse, pero, sobre todo, ni Aguirre ni Rafa Márquez ni el mejor entrenador del mundo serán capaces de hacer algo mientras que haya que poner a jugar a los Memo Ochoa, mientras que se tomen decisiones sustentadas en tanta soberbia, mientras El Vasco se siga haciendo el gracioso con sus convocatorias y alineaciones. En pocas palabras, nuestro futbol no tiene remedio, pero mientras el público lo siga consumiendo, afortunadamente con bajas sensibles en los indicadores, no se hará algo serio en los anquilosados mandos del futbol, que por mucho que se crea que es La Bomba, él sólo es un títere de los que siempre han manejado mal, como su juguetito, al deporte con más audiencia en México.
Ahora, el martes, en el Nemesio Díez de Toluca a seguir sufriendo, a seguir deseando no sintonizar tan vulgar exhibición futbolística. No queda de otra más que recomendar a la afición que deje de consumir esa basura y volteen los ojos a deportes en los que los nuestros sí destacan, triunfan, y ponen en alto el nombre de nuestra nación.
