PARÍS BIEN VALE II
A pesar de que la actividad ya comenzó hace un par de días, esta mañana, tiempo nuestro, habrán de inaugurarse los Juegos Olímpicos París 2024, la máxima puesta en escena deportiva, con la gran virtud de congregar a casi todos los mejores deportistas del planeta. Se ...

Pablo Carrillo
La neurona
A pesar de que la actividad ya comenzó hace un par de días, esta mañana, tiempo nuestro, habrán de inaugurarse los Juegos Olímpicos París 2024, la máxima puesta en escena deportiva, con la gran virtud de congregar a casi todos los mejores deportistas del planeta. Se trata de la gran fiesta deportiva del mundo, se trata de la mayor exhibición del deporte al más alto nivel y todo parece indicar que tendremos, gracias a la Ciudad Luz, una edición inolvidable.
Lamentablemente, y como consecuencia de la peor gestión en la historia de la Conade, la señora que ha generado el peor caos en el deporte de alto rendimiento, pareciera aventurado hacer un pronóstico. Ya sabemos que la versión de quien pareciera no tener ni idea de dónde está parada es de nueve o diez, sería de locura, pero, tristemente, la realidad será, si bien nos va, de la mitad, cinco o seis preseas, cualquier resultado por arriba de ello sería genial.
Hace ya 32 años de los inolvidables Juegos Olímpicos de Barcelona 92, sin duda, todo un parteaguas en la historia del olimpismo, pues se rompió con el mito del amateurismo que inclinaba la balanza a los países socialistas, que empleaban y pagaban a sus atletas y los ponían a competir con jovencitos que parecían absolutamente indefensos, por ejemplo, las peleas de box del cubano Teófilo Stevenson eran una paliza tras otra, sencillamente no había cómo hacerle frente a ese gran campeón olímpico.
El presidente del Comité Olímpico Internacional de ese tiempo, el español Juan Antonio Samaranch, a la postre nombrado marqués de Samaranch por la Casa Real Hispana, fue el gran cerebro del cambio y, en los juegos que se realizaron en su natal Barcelona en 1992, los mejores del mundo del deporte, sin importar si eran amateurs o profesionales, se comenzaron a dar cita en la gran competencia deportiva. En particular en ese tiempo el famoso Dream Team de basquetbol, formado por las grandes estrellas de la NBA, fue la jugada maestra que cambió para siempre y para bien el movimiento olímpico.
Con la emoción de mi primera cobertura olímpica, intentaba, todos los días, un acercamiento con las inmensas figuras del basquet que se alojaron en un yate para evitar las aglomeraciones y, obviamente, a la prensa. Qué privilegio resultó ver en acción a Michael Jordan, Charles Barkley, Larry Bird, Patrick Ewing, Magic Johnson, Scottie Pippen, Dave Robinson, entre otros históricos que, para siempre, cambiaron el rostro de los Juegos Olímpicos, algo inolvidable y maravilloso.