Luminoso

No hubo un solo asistente que no saliera deslumbrado ante la portentosa actuación de Bruno Aloi.

La tauromaquia es una expresión artística única, llena de dramatismo y luminosidad.

Sencillamente colosal, así ha sido la actuación del novillero capitalino Bruno Aloi, el pasado domingo en la Plaza México, una grata sorpresa para los casi siete mil asistentes que, ante la presencia del hijo del rejoneador Giovanni Aloi y de la ganadera Mónica Hernández, no dudaron en acudir a presenciar la presentación del novillero mexicano más destacado en tiempos recientes en ruedos de España.

Se multiplicó cuatro veces la asistencia habitual en esta minitemporada novilleril en la plaza más grande y cómoda del mundo, tal como rezaban en antaño los carteles de mano que se entregaban a los asistentes en las taquillas de la plaza al comprar los boletos, situación que, ante la digitalización, es sólo un recuerdo anecdótico.

Desde que se abrió de capa en al segundo de la tarde, los espectadores observaron los evidentes progresos y artística naturalidad con la que ejecuta el toreo, con un amplio sentido de la estética y la técnica que requiere el arte taurino. Apenas unos instantes después de empezar a lidiar a su primer astado, el público ya se le había entregado, ya ni hablar de la entrega que le profesó el cónclave capitalino en su segundo toro, al que le cortó las dos orejas, todo ello ante el estruendoso clamor de la afición que le coreaba el ¡torero-torero!

Habían pasado muchos años sin que un novillero mexicano causara tal impacto, tal emoción en los tendidos, sencillamente Bruno logró ratificar lo bueno que de él se hablaba con sus actuaciones en España, así como en las plazas de nuestro país en las que ha impactado, como el domingo en la México. No hubo un solo asistente que no saliera deslumbrado ante la portentosa actuación de Aloi, una gran realidad como novillero, al que le auguro un brillantísimo futuro.

El triunfador de la México regresará a España a cumplir casi una decena de fechas hasta el mes de octubre, para, quizá, regresar a nuestro país en el invierno a rematar una campaña que ha sido inmensamente exitosa, esperanzadora. A la fiesta brava de nuestro país le urgía un revulsivo, un torero que ilusione a la afición para que las plazas se llenen y la gente salga toreando de ellas, tal como sucedió el domingo.

Pareciera muy aventurado mi pronóstico, pero después de acudir a presenciar festejos taurinos por más de cincuenta años, creo no estar equivocado, Bruno Aloi es un brillante en el proceso de los últimos cortes, para alternar, con mayor rodaje, en un futuro, con las grandes figuras de aquí y de allá.

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