Estimado Rommel
Rommel Pacheco, ten cuidado de los propios colaboradores administrativos, que son un demonio, y dale con todo, pues estamos confiados en que serás un magnífico directivo, pues encuentras campo fértil después del desastre en el que te dejan esa institución.
Haciendo memoria, recuerdo cuando Marijose Alcalá me llamó para solicitarme una entrevista en Palabra del Deporte, hace cosa de 23 años, pues se estaba desarrollando una competencia en el Comité Olímpico Mexicano de clavados infantiles-juveniles.
Tengo muy presente tu cara llena de ilusiones, al igual de tus compañeros de esa ocasión, que muchos de ellos, al igual que tú, triunfaron en sus carreras deportivas, quizá con la asignatura pendiente que, por cosas del destino y el deporte, nunca pudiste coronar tu inmensa trayectoria con una medalla olímpica.
En aquella ocasión, lo recuerdo bien, tu don de gente y simpatía te hacia brillar por encima de tus compañeros de generación en los clavados, siempre destacas por tus grandes cualidades humanas y ahora, ante la gran encomienda que has recibido, estás frente a tu gran oportunidad de devolver al deporte lo mucho que te ha entregado.
Si bien el método chapulinesco que utilizaste para llegar a ese cargo no lo comparto, deseo fervientemente que logres revertir la peor gestión en la historia de la Conade, situación que parece fácil ante el desastre que generó la señora que dice untarse lo que se le dé su ingada gana, llevándose entre las patas al deporte, que nada tiene que ver con tales declaraciones de la sátrapa que hoy dirige o, mejor dicho, medio dirige, la otrora gran velocista Ana Guevara.
Ante tales circunstancias, recibes una agónica institución que está al borde de la desaparición, de la desesperanza y, seguramente, de la peor etapa de su existencia, y mira que es un decir después de los nefastos que por ahí han desfilado.
Apelo a tus momentos juveniles, donde el apoyo que recibiste te hizo pensar en grande, en logros deportivos sencillamente mágicos. Le hablo a ese jovencito que, siendo aún un niño, renunció a muchos de los privilegios propios de la edad para asumir con equilibrio su carrera.
Los deportistas creen, gracias a ti, que los tiempos por venir serán mejores.
Rommel Pacheco, ten cuidado de los propios colaboradores administrativos, que son un demonio, y dale con todo, pues estamos confiados en que serás un magnífico directivo, ya que encuentras campo fértil después del desastre en el que te dejan esa institución.
¡Éxito!
