El espíritu de Fernando

Vaya Serie Mundial más maravillosa la que hemos presenciado, hemos sido testigos de una de las mejores de la historia, parecía un gran libreto cinematográfico emanado de una de las mentes más brillantes a cargo del guion. Se requirieron siete encuentros para definir al ...

Vaya Serie Mundial más maravillosa la que hemos presenciado, hemos sido testigos de una de las mejores de la historia, parecía un gran libreto cinematográfico emanado de una de las mentes más brillantes a cargo del guion.

Se requirieron siete encuentros para definir al campeón del beisbol de las Grandes Ligas, eso más el maratónico partido de dieciocho entradas, así como el propio juego final que definió el campeonato de los Dodgers en diez entradas, un juego que estaba, junto con el campeonato, en la bolsa de los Blue Jays, pero que los de Los Ángeles se llevaron portentosamente.

Me resulta de llamar la atención el que en el día del cumpleaños del famoso Toro de Etchohuaquila, Sonora, el primero de noviembre, fecha en la que Valenzuela cumpliría sesenta y cinco años, los Dodgers, milagrosamente, regresaron para coronarse, algo así como una película de Rocky, que, desde la lona, todo golpeado, se levantaba para ganar.

Supongo que el espíritu del gran Fernando rondaba el parque de los Blue Jays, el Rogers Centre, pues la reacción ganadora de los californianos parecía tener un impulso adicional al habitual de los ahora campeones.

Curiosamente, se anunció a los peloteros nominados para ingresar al Salón de la Fama del Beisbol en Cooperstown, Nueva York, en el marco de los festejos de los Dodgers, y entre grandes nombres aparece el de Fernando Valenzuela, al que injustamente han dejado fuera del recinto de los inmortales de la pelota caliente, sin considerar, al margen de sus números, el inmenso impacto del sonorense en 1981, año en el que generó la Fernandomanía, una especie de locura por el Toro que irrumpió de manera increíble en las Grandes Ligas.

Resulta increíble que Fernando no tuviera el gran homenaje en vida de estar en ese recinto, su trascendencia en el beisbol es mucho más importante que muchos de los ahí inmortalizados, pues su gran surgimiento en inicio de la década de los ochenta provocó una reconciliación de la afición de la MLB, ya que se había presentado la huelga que sacó a la afición de los parques, y el Toro los regresó para llenar los parques donde se presentaba, ya ni hablar del Dodger Stadium, que se abarrotaba ante el anuncio de su presencia en el montículo.

Francamente resultó evocador observar en la manga derecha de los uniformes de los Dodgers el número 34 de Fernando, un homenaje ante su partida de este mundo, insisto, su espíritu fue también un factor de motivación adicional para los campeones, que le han reconocido, como no la ha hecho el Salón de la Fama, su inmensa trayectoria e impacto en la historia del beisbol.

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