Chente

Resultaba un gran gusto tratar con el gran tenista al que admiraba desde hacía muchos años.

El tiempo vuela, y los recuerdos, a pesar de la distancia, siguen presentes con intensidad, en particular, los de hace varias décadas. El tenis siempre ha sido un deporte que ha llamado poderosamente mi atención gracias a dos factores, la gran irrupción del nacido en Ensenada, Baja California, Raúl Ramírez, un top ten mundial en singles, donde llegó a ser cuarto, así como número uno del ranking de dobles, varias temporadas, haciendo pareja con el estadunidense Brian Gottfried.

Ramírez, en la década de los 70, generó en muchos niños y jóvenes, un enorme interés por jugar al tenis, y yo no fui la excepción, máxime que, en mi grupo de amigos en el Colegio Columbia, dos entrañables compañeros y amigos, hasta la fecha, eran tenistas que participaban al más alto nivel en las categorías infantiles y juveniles, los queridos León M. Hamui y Luis Miguel López Hernández, eso me acercó aún más al deporte, otrora blanco, por aquellos años.

Gracias a la convocatoria de mi querido Luis Miguel López, acudí siendo un adolescente a algunas series Copa Davis en el mítico estadio Rafael, Pelón, Osuna, y justamente en esas maravillosas e inolvidables justas, tuve la fortuna de ver en acción a Raúl Ramírez haciendo pareja, con el ya veterano en esos días, Vicente Chente Zarazúa, tío de Renata Zarazúa, la gran tenista que, en la actualidad, sigue rompiendo récords para el tenis nacional.

Cosas del destino, al paso de los años, a mediados de los 80, el gran Chente colaboraba en Televisa Deportes, donde laboré en esos años, era el responsable de asignar a los comentaristas las narraciones del fin de semana, en ese tiempo yo colaboraba transmitiendo partidos de futbol americano colegial, así como de la NFL en radio. Siempre amable y con una sonrisa en la boca. Para mí resultaba un gusto tratar con el gran tenista al que admiraba desde hacía muchos años.

El querido Chente Zarazúa, apenas hace unos días publicó su libro, Vicente Zarazúa, todas mis canchas, texto que disfrutaré, pues, siempre he sido su admirador, su juego en la red era prodigioso y su elegancia con la raqueta resultaba un espectáculo, máxime que al lado de Ramírez brindaron excepcionales exhibiciones tenísticas para el tenis mexicano.

Un gran abrazo, querido Chente, uno de los grandes tenistas en la historia del deporte mexicano, que, por cierto, en el marco de los Juegos Olímpicos de 1968 también mostró su excepcional juego. Ya ni hablar de sus acertadas crónicas por muchos años en la TV al lado de otro legendario del tenis, Pancho Contreras.  Abrazo, Chente

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