Celebración
Vaya leyenda la del gran capitalino, Rafael Osuna Herrera. Celebro los triunfos de nuestros deportistas, como desde que era un adolescente, o quizá un niño que se alegraba enormemente cuando algo destacado de nuestros representantes se presentaba. En ese tiempo recuerdo ...

Pablo Carrillo
La neurona
-Vaya leyenda la del gran capitalino, Rafael Osuna Herrera.
Celebro los triunfos de nuestros deportistas, como desde que era un adolescente, o quizá un niño que se alegraba enormemente cuando algo destacado de nuestros representantes se presentaba. En ese tiempo recuerdo las hazañas del Pelón Osuna, sin dudarlo, uno de los grandes del deporte blanco en nuestro país, para mi gusto el más grande, vaya leyenda la del gran capitalino, Rafael Osuna Herrera, que ganó medalla de oro olímpico en México 68, aunque era deporte de exhibición, dejando el trofeo más importante de su historia en las vitrinas eternas del tenis nacional cuando ganó el US Open en 1963 en singles, a este inmenso éxito sumó títulos en dobles en Wimbledon 1960 y 63, además del título en dobles en el US Open de 1962.
Después de esa gran leyenda, supongo inalcanzable para cualquier tenista nacional, y ojalá me equivoque y veamos a otro mexicano ganar un Grand Slam, Raúl Ramírez también escribió una fantástica historia en los setenta. También egresado de la Universidad de USC, el de Ensenada, Baja California, se distinguió en su tiempo, por ser el mejor doblista del mundo, al lado de Brian Gottfried, ganando dos títulos de Grand Slam en esa especialidad, adicionalmente logró ser un top 10 en el singles. Grande Raúl, a quien le enviamos un caluroso abrazo, pues en Grupo Imagen tuve el honor de compartir micrófonos con el gran BC Ramírez transmitiendo la Copa Davis.
Esos recuerdos se avivan después de la campanada que ha logrado Fernanda Contreras en Wimbledon, pues nuevamente, al igual que en Roland Garros en Francia, ayer consiguió clasificarse ganando tres encuentros en la ronda previa para, finalmente, acceder al draw principal. Un logro mayúsculo, algo que no sucedía para una tenista mexicana desde 1996, cuando Angélica Gavaldón participaba representando a México. Fernanda es una jovencita muy especial, pues, además de contar con una licenciatura en ingeniería de la Universidad de Vanderbilt, gusta de la lectura, de escribir, ya tiene un libro escrito de mitología griega, sin duda una chica culta, preparada académicamente, que ahora se encuentra disfrutando plenamente de su otra gran pasión, después de los libros, que es el tenis, deporte que hereda desde su abuelo, el gran Pancho Contreras que está fascinado de la vida con los logros de la nieta.
Me quedo con las imágenes de Fernanda que apenas había triunfado, corriendo a abrazar a su hermana, gran deportista también, que le entregaba una bandera mexicana y, al recibirla se arrodilló, sujetándola con fuerza entre las manos, doblándose de la emoción al saberse jugadora del gran torneo de tenis, el más grande, Wimbledon.