Fandiño descansa en paz
Padre de torero grande, este brindis es una mierda, porque seguramente no cambie nada, pero lo que sí te debo decir es que tu hijo ha dignificado nuestra profesión y gracias a él nosotros nos podemos sentir muy orgullosos y defendidos en todo el mundo, ahora también es ...

Pablo Carrillo
La neurona
Padre de torero grande, este brindis es una mierda, porque seguramente no cambie nada, pero lo que sí te debo decir es que tu hijo ha dignificado nuestra profesión y gracias a él nosotros nos podemos sentir muy orgullosos y defendidos en todo el mundo, ahora también es cierta una cosa, él está en la gloria, donde la mayoría de los mortales sueñan estar y no podrán, va por ti”.
Así le brindaba su actuación el fallecido, el pasado sábado, Iván Fandiño al padre de Víctor Barrio, que murió en circunstancias muy similares a consecuencia de la fuerte cornada que recibió hace once meses en la Plaza de Teruel.
El pasado mes de febrero, en la Feria de Valdemorillo, Fandiño se solidarizaba con el padre de Víctor Barrio, sin imaginar siquiera que unos meses después moriría, al igual que el hijo del brindado, a consecuencia de una grave cornada el sábado en la plaza de toros francesa Aire Sur L’Adour. Cosas del destino.
En las redes sociales ha comenzado a circular el video de dicho brindis, quizá premonitorio, de la gloria a la que también aspiraba Fandiño, un hombre recio, como suelen ser los vascos, serio y también triunfador de grandes alturas, aunque en las últimas fechas las cosas no se le daban tan bien en las principales plazas de España.
Fandiño, como buen vasco, nacido en la pequeña población de Orduña, en Vizcaya, en el País Vasco, muy cerca de Bilbao, jugaba de maravilla la pelota vasca, de hecho era una realidad cuando decidió, por esos avatares del destino y de lo quizá incomprensible, cambiar de rumbo para dejar el deporte de sus raíces y cambiar al arte de la tauromaquia, quizá una decisión ilógica en ese momento, pues dejaba un camino donde ya le sonreía la fortuna para intentar iniciar otro incierto en el mundo de los toros.
El primer paso consistió en cambiar su corpulento cuerpo de pelotari por uno de torero, para lo que fue menester perder tres decenas de kilos, pues un torero robusto resulta antiestético, además de que representa mayor peligro al ser herido, simplemente por leyes de la física.
Iván Fandiño ya descansa en paz, después de que ayer, y con la presencia de innumerables toreros de los que destaco a algunos como Espartaco, José Tomás, El Juli, Enrique Ponce, Manzanares, Ortega Cano, entre muchos otros, le han dado el último adiós a un artista de los ruedos que desaparece materialmente hacia la eternidad y como leyenda de los toreros que mueren en el ruedo.
Descanse en paz Iván Fandiño.