Mediocre II

Ni hablar, el deporte de mayor importancia y seguimientoen nuestro país es mediocre, pero peoraún es la afición al futbol, que, una vez más, hadado claras muestras de lo que es un público conmala educación y muy poca idea de lo que la palabrarespeto ...

Pablo Carrillo

Pablo Carrillo

La neurona

Ni hablar, el deporte de mayor importancia y seguimiento en nuestro país es mediocre, pero peor aún es la afición al futbol, que, una vez más, ha dado claras muestras de lo que es un público con mala educación y muy poca idea de lo que la palabra respeto significa.

Francamente que el sabor de boca al término del encuentro ha sido muy desagradable por muchos conceptos, en especial porque se trataba de una gran oportunidad para, deportivamente, desquitarnos un poco de tantos agravios futboleros de los últimos tiempos, y más aún de meterles unos tres golecitos que hubieran sabido a gloria, después de tantas ofensas y denostaciones, pero a la buena, no a la mala, y con tan poca clase y educación.

¿Qué se ganó silbando el himno de Estados Unidos?

¿Nos hace sentir bien la falta de respeto?

Y ya ni hablar del grito de puto, ése tan lamentable, carente de imaginación y soez grito que tanto les gusta a los seudoaficionados, que seguramente lograrán que el Azteca sea vetado porla FIFA.

No cabe duda que cuesta trabajo no sentir desánimo por el resultado deportivo, pues todos queríamos festejar y doblemente, por lo mencionado con antelación.

Sin embargo, lo realmente deleznable, más allá de las extrañas alineaciones de Osorio, de la falta de entrega y pasión de algunos de los seleccionados, que parecían estar más concentrados en el viaje e Kazán para afrontar el compromiso de la Copa Confederaciones, que el propio partido ante la selección del vecino país del norte, es el público del Azteca.

Me parece que debemos analizar fríamente lo que está pasando en las tribunas del Azteca, donde una jovencita resultó golpeada por una lata que lanzaron de las alturas, resultando descalabrada, por esos baños de cerveza (espero) que se han convertido en parte de las gracias de los que acuden a las tribunas altas, de los gritos sin ingenio que recurren a la ofensa barata. Algo se tiene que hacer porque es una clara muestra de la evidente descomposición social que está sufriendo nuestro país. No perdamos de vista que las entradas no son baratas, y que supuestamente el nivel socioeconómico de los que ahí acuden debiera ser clase media hacia arriba, la de mayor educación, y para nuestra desagradable sorpresa se comportan como vándalos, casi siempre ebrios y sin medir las consecuencias.

En fin, que hay mucho trabajo por realizar en el tema de la Selección Nacional de futbol, a menos de una semana de enfrentar a Portugal en la Copa Confederaciones y, por lo pronto, como diría aquel conductor detenido con unas copitas de más en el famoso video…

Tengo miedo.

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