Deporte de alto rendimiento
Como cubetazo de agua fría llegó la noticia de que al deporte de alto rendimiento, ése que pone en alto el nombre de nuestro país, ése que hace emocionarnos cuando se obtienen preseas en los distintos foros internacionales, ése mismo que hace entonar nuestro Himno en ...

Pablo Carrillo
La neurona
Como cubetazo de agua fría llegó la noticia de que al deporte de alto rendimiento, ése que pone en alto el nombre de nuestro país, ése que hace emocionarnos cuando se obtienen preseas en los distintos foros internacionales, ése mismo que hace entonar nuestro Himno en diferentes rincones del planeta cada vez que uno de nuestros orgullosos deportistas triunfa, le han recortado de manera muy importante el presupuesto.
Por más que trato de comprender las razones serias detrás del recorte de casi 70% a los recursos que destina el gobierno federal a través de la Secretaría de Educación Pública al deporte de alto rendimiento, no alcanzo a entenderlo. Se dice que el principal razonamiento es que se han percatado de que los recursos que se destinan a este propósito a través de las distintas federaciones de cada deporte, en muchas ocasiones, no llegan a los deportistas, a sus entrenadores y a sus equipos multidisciplinarios, imprescindibles en el éxito de los aspirantes a la gloria deportiva.
Supongo que le han informado al señor Emilio Chuayffet que existen varios dirigentes en las federaciones de deportes que hacen mal uso de esos recursos y, efectivamente, tienen razón en un buen porcentaje. Sin embargo, también existen muchos federativos que trabajan con denuedo y honradez en el crecimiento de su respectiva especialidad y a esos deportes también se les está perjudicando.
Me parece que es una decisión precipitada y equivocada, pues estamos en pleno año de Juegos Panamericanos en Toronto, Canadá, y una vez más el deporte de alto rendimiento volverá a aquellos tiempos oscuros en los que no había un solo centavo para poder contratar buenos entrenadores, metodólogos, médicos, nutriólogos, sicólogos y todo lo que se necesita para brillar en las altas esferas del deporte. Ya ni hablar de los viajes necesarios para el fogueo internacional.
Se dice también que se trata de una diferencia entre los altos mandos del deporte gubernamental y el secretario de Educación. Ojalá no sea ésta la razón, sería lamentable que se lleven entre las patas de los caballos a tan honorable actividad que tanto enaltece al país.
Si la razón del recorte es totalmente imputable a la poca honestidad que las sociedades civiles, llamadas federaciones del deporte, han realizado como práctica común, sugiero al secretario de Educación que, en lugar de restringir a los atletas de los recursos necesarios para triunfar, meta a la cárcel a los innumerables presidentes de las federaciones a los que se les demuestre que se roban el dinero del deporte, con todo el rigor de la ley.
Por primera vez caminaba en ascenso el deporte nacional, y ahora, lamentablemente, parece detenerse e iniciar la marcha hacia atrás. Es una tristeza.