Lo bueno es que ya mero acaba
Muy pocos, como el capitán de la selección estadunidense, se atreve a decirlo tal cual. Y resulta tan sencillo generar unificación de pensamiento que cuesta trabajo creer que quienes la disputan no tengan suficiente interés en externarlo. Michael Bradley lo dijo sin ...
Muy pocos, como el capitán de la selección estadunidense, se atreve a decirlo tal cual. Y resulta tan sencillo generar unificación de pensamiento que cuesta trabajo creer que quienes la disputan no tengan suficiente interés en externarlo. Michael Bradley lo dijo sin pelos en la lengua y sin temor a represalias: “Es un torneo ridículo”. Se quejó de los viajes, del estado de las canchas, la organización y el nivel.
Y sí, la Copa Oro es un torneo aburrido, largo, cansado para el aficionado, los medios de comunicación que le dan cobertura y, lo más importante, para los propios jugadores.
Disfrazada la intención de llevar el futbol por todo el país siendo congruentes con el proceso de crecimiento de este deporte en Estados Unidos, con la idea de generar millones de dólares a costa de un muy pobre espectáculo. Cada dos años exhibimos el pobre nivel de la zona, y mire que los africanos han hecho bastante en los últimos tiempos por arrebatarle a Concacaf dicha posición, porque en efecto hay muy buenos jugadores del continente negro, estrellas mundiales, pero sus representativos nacionales se estancaron de manera dramática.
Hasta hoy, no hemos tenido un equipo que nos llene el ojo, si bien Trinidad y Tobago jugó mejor de lo que pensamos, Cuba y Haití llegaron a instancias insospechadas, también, hay equipos que decepcionaron, como Honduras y la propia selección costarricense, que fuera de la polémica del penal, en la que podemos o no coincidir con la marcación del silbante, su futbol estuvo muy por debajo de lo esperado.
Ahora sí, ¿era o no era penal? Pienso que sí, que hay elementos para señalarlo, porque nada tiene que hacer el brazo extendido del jugador sobre Oribe Peralta. Y no me digan porrista, que fui de los pocos que creyó que el penal sobre Robben hace un año estuvo bien señalado, y de los que no olvidan que igualmente Holanda fue víctima del arbitraje en aquella jugada donde se fractura Moreno cometiéndole penal al mismo jugador.
Costa Rica no mostró la categoría de la Copa del Mundo anterior. Se quedo muy lejos de aquel grato recuerdo; todo lo contrario a su entrenador Paulo César Wanchope en la conferencia de prensa desmarcándose de la zona de polémica sobre el penal y sin utilizar calificativos señalando al árbitro: elegancia, por decir lo menos.
Viene Panamá, un equipo que sin ganar está en semifinales (made in Copa Oro), y con esto una nueva oportunidad para jugar mejor y, por encima de todo, encontrar la dirección correcta cuando se tiene el arco de frente. Oportunidad para que Carlos Vela muestre que los ruegos valieron la pena, para que Oribe confirme su estatus como el mejor delantero mexicano de nuestro circuito; de que Herrera encuentre su futbol y que la defensa, en términos generales coordine y coincida en la sincronización de movimientos. Lo bueno es que su final está cerca, y que en teoría, viene lo mejor.
