¡Jueguen limpio!

No se trata de Marco Antonio Palacios ni mucho menos de la estúpida idea que al tratarse de un equipo de Televisión Azteca, había que “cargar” con fuerza excesiva la repugnante acción del escupitajo. Como si ahora recriminar estos actos fuera más un tema político ...

No se trata de Marco Antonio Palacios ni mucho menos de la estúpida idea que al tratarse de un equipo de Televisión Azteca, había que “cargar” con fuerza excesiva la repugnante acción del escupitajo. Como si ahora recriminar estos actos fuera más un tema político que de valores, porque de eso estamos hablando: de los valores que no pueden ser pisoteados como lo hicieron recientemente. Y no es que nos pongamos más papistas que el Papa, pero hay cosas que no pueden ser ignoradas como lo fue este asunto.

Los argumentos de la Comisión Disciplinaria fueron poco más que ridículos. Una investigación flaca y débil trató de justificar una decisión que parece no fue tomada con base en pruebas, sino en algo más: presiones, intereses, etcétera. De todo hay.

Y recalco que no se trata de colores o instituciones, porque igualmente he señalado que la agresión de Darwin Quintero se quedó corta.

A la Comisión Disciplinaria y la Liga le queda mucha tarea por hacer, tratándose de hacer valer esa frase repetida en cada protocolo de los juegos, porque eso de “juega limpio y siente tu Liga” sólo ha servido como frase recordación no como herramienta de acción.

Y hablando de jugar limpio y de respetar al rival y a los propios árbitros, me gusta que sean los propios jugadores, entrenadores y directivos quienes sean los primeros en solicitar paciencia por tratarse de seres humanos y que sólo tienen fracciones de segundo para tomar decisiones, mismas que, en efecto, pueden incluso cambiar el destino de las franquicias; de verdad me gusta, pero más me gustaría que predicaran con el ejemplo. Digno de admiración popular será el primer entrenador que no reclame una sola acción al árbitro, juez de línea o al cuarto oficial.

¡Jueguen limpio! Todos.

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