Cuidar el prestigio
No hay duda de que la Copa Libertadores es el torneo a nivel de clubes más importante de todo nuestro continente, evento que cada año reúne a los mejores equipos de América y en el que nuestros representativos participan desde 1998. En aquella edición inició una ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
No hay duda de que la Copa Libertadores es el torneo a nivel de clubes más importante de todo nuestro continente, evento que cada año reúne a los mejores equipos de América y en el que nuestros representativos participan desde 1998.
En aquella edición inició una aventura para el futbol mexicano que ha permitido un roce fundamental para alcanzar la competitividad que tiene hoy en día. Reconociendo que hay mucho por mejorar, cosa que he reiterado en este espacio en varias oportunidades, también es innegable que enfrentar este tipo de eventos ayuda al crecimiento de las instituciones que participen en el mismo.
Recuerdo muy bien la expectativa que generó la aparición de América y Chivas en la Libertadores en el medio futbolístico, que se sumaba a lo sucedido con la selección en sus presentaciones durante tres ediciones de la Copa América durante la década de los 90.
Esta posibilidad de enfrentar a lo mejor que Sudamérica puede ofrecer, trajo consigo una mejora sustancial en la competitividad del futbol local, tanto a nivel de clubes como a nivel de selecciones. Además, trajo la esperanza entre los aficionados de ver a sus equipos preferidos fuera de la comodidad y rutina del campeonato mexicano.
Pero algo se ha perdido en el camino. Por un lado, al pertenecer nuestra federación geográficamente a la Concacaf, existe un compromiso con dicho organismo que obliga al Tricolor a enfrentar la Copa Oro con los mejores futbolistas del país y en años como este 2015 esto significa no poder encarar la Copa América de la mejor forma.
La razón se entiende, y aunque no dejará de ser relevante el que cualquier futbolista nacional pueda ir a enfrentar un reto de tal magnitud, no dejará de ser frustrante el pensar que al participar de esta forma se pierde una excelente ocasión de mostrar de una forma tangible el nivel de la selección.
El problema es aún mayor cuando hablamos de la Libertadores, ahí encontramos que el participar en muchos casos se ha convertido más en un problema que en un beneficio. En varias ocasiones se han despreciado oportunidades de enfrentar dichos retos y de crecer a nivel internacional. La aparición de nuestros clubes en muchos casos se ha vuelto cuestión de obligación y no motivo de regocijo ante la importante ocasión.
Mucho se ha hablado sobre los costos que representan los viajes al Cono Sur y de que para los equipos en México no es tan benéfico el jugar la Copa. En cambio, para el evento el tener a nuestros equipos ha propiciado un crecimiento de audiencia y en patrocinios.
Entonces si es casi una especie de maldición jugar la Libertadores, valdría la pena replantear si merece la pena seguir participando. Siempre seré de la opinión de que nuestro futbol ya se ha ganado un cierto prestigio y que no vale la pena tirarlo por la borda. Si se va a entrar a cualquier competencia, hay que buscar lo máximo y no conformarse con ser uno más.