Medallista ejemplar

Jim Abott cursaba la secundaria y en un juego de beisbol, en el que estaba como lanzador, recibió nueve intentos de toque de bola del equipo rival. El pitcher zurdo puso out a siete de esos bateadores en forma consecutiva, entonces los adversarios se olvidaron de aquella ...

Jim Abott cursaba la secundaria y en un juego de beisbol, en el que estaba como lanzador, recibió nueve intentos de toque de bola del equipo rival. El pitcher zurdo puso out a siete de esos bateadores en forma consecutiva, entonces los adversarios se olvidaron de aquella cruel estrategia.

Abott estaba acostumbrado a superar la adversidad desde que nació sin la mano derecha. En la primaria lo llamaban Capitán Garfio, debido a que utiizaba en su brazo una prótesis de fibra de vidrio que terminaba en forma de gancho, la cual siempre trataba de ocultar dentro del bolsillo del pantalón.

El beisbol lo atrapó desde un principio y pidió  a sus padres que lo llevaran a jugar, aunque ellos le recomendaban que se decidiera mejor por el futbol, al considerar que encontraría menos barreras.

El pequeño, de entonces cinco años, comenzó a practicar en solitario y rebotar la pelota en una pared. Ahí perfeccionó la habilidad de colocar el guante sobre el muñón, lanzar con el brazo izquierdo y, al soltar la pelota, colocarse inmediatamente la manopla en el mismo brazo.

Abott convirtió esta forma de fildear en una rutina que llegó a comparar con la de amarrarse los zapatos.

El zurdo comenzó a destacar en el beisbol, tanto en ligas pequeñas como el colegial. En su última temporada tuvo un promedio de carreras limpias de 0.76 y 148 ponches en 74 entradas. Con el bat también se destacaba y logró un promedio de bateo de .427, mientras que fue líder de cuadrangulares con siete. Además de lanzador, jugaba como jardinero o primera base.

En alguna ocasión le preguntaron si había algo que no pudiera hacer y, con cierta  impotencia, respondió que le molestaba no poder abrocharse el botón de la manga izquierda de sus camisas.

Representó a Estados Unidos en diferentes categorías y fue el abanderado para los Juegos Panamericanos de 1987, luego de que un año antes fue nombrado el atleta universitario del año.

Abott logró la primera victoria, en 25 años, para un representativo estadunidense sobre Cuba.

 Luego fue parte del seleccionado que ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y se consagró al vencer a Japón en la final, encuentro en el que lanzó la ruta completa.

Jim Abott llegó a las Ligas Mayores con los Angelinos de California en 1989 sin pasar por las sucursales del equipo. Dos temporadas después, quedó en tercer lugar de la votación para el Cy Young  al sumar 18 victorias.

Ya con la franela de los Yankees en 1993 lanzó un juego sin hit ni carrera a los Indios de Cleveland el 4 de julio, en uno de los episodios más emotivos de la historia de las Grandes Ligas.

Jim Abott fue campeón olímpico y si hubiera una medalla a uno de los personajes más inspiradores, seguro subiría a lo más alto del podio.     

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