El Barbero Maglie

Sal Maglie perfeccionó el arte del pitcheo en México con su mentor, el cubano Adolfo Luque. Pero también esa decisión de aceptar la atractiva propuesta económica del empresario veracruzano Jorge Pasquel le traería consecuencias y atrasó su camino al estrellato en ...

Sal Maglie perfeccionó el arte del pitcheo en México con su mentor, el cubano Adolfo Luque. Pero también esa decisión de aceptar la atractiva propuesta económica del empresario veracruzano Jorge Pasquel le traería consecuencias y atrasó su camino al estrellato en Grandes Ligas.

Maglie debutó con Gigantes de Nueva York en 1945. Luego de una aceptable temporada esperaba un aumento, pero el nuevo contrato no cumplió a sus expectativas.

Entonces llegó la propuesta de Pasquel, la cual era cinco veces superior a lo que ganaba en Grandes Ligas y aceptó marcharse a la Liga Mexicana.

En Pericos de Puebla se reencontró con Adolfo Luque. Su entonces manager le enseñó a adaptarse a las diferentes ciudades y alturas de México, a lanzar la curva por tres diferentes ángulos del brazo y a intimidar a los rivales con pelotas pegadas. Maglie tuvo dos temporadas de 20 victorias, pero los estratoféricos contratos se acabaron.

Intentó regresar a Grandes Ligas, pero se topó con una prohibición para todo pelotero: que, con contrato vigente, había emigrado a la Liga Mexicana. Maglie jugó en el beisbol canadiense y en otros circuitos semiprofesionales. En 1950, a los 33 años, se autorizó su regreso a los Gigantes.

El lanzador diestro ganó 18 juegos esa temporada y 23 en 1951 para ser líder de la Liga Nacional.

En 1954, fue clave para que los Gigantes llegaran a la Serie Mundial, en la que dieron la sorpresa al vencer a los favoritos Indios de Cleveland.

Parte de su éxito se debió a la forma de lanzar intimidante que le enseñó Adolfo Luque. El pitcheo era tan pegado que “rasuraba” a los bateadores y de ahí el apodo de El Barbero. Algunos también lo atribuían a su forma fina de “rasurar” las esquinas.

Sal Maglie también jugó con Dodgers y Yankees para ser el último pelotero en pertenecer a los tres equipos de Nueva York. Con Dodgers, a los 39 años, tuvo su mejor temporada en 1956. Quedó segundo lugar en la votación para el Cy Young y en la de Jugador Más Valioso. Además, lanzó un juego sin hit ni carrera el 25 de septiembre ante los Filis, para ser en ese momento el segundo pitcher de mayor edad en conseguirlo.

 Dos semanas después de aquella hazaña, fue testigo de honor de otra joya. El 8 de octubre, Don Larsen, de los Yankees, completó lo que hasta la fecha es el único juego perfecto en Serie Mundial. El “otro pitcher”, el derrotado de los Dodgers en ese juego y que sólo permitió dos carreras en la ruta completa fue Sal Maglie

Terminó su carrera con récord de 119-62 y es considerado entre los mejores lanzadores.

Fue mentor de Sandy Koufax, Don Drysdale, Bob Gibson y Jim Lonborg, ganadores del Cy Young.

Aquella aventura por México, en la que se hizo un mejor lanzador, muy seguramente le impidió su llegada al Salón de la Fama de Cooperstown.

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