Momentos estelares
El XVIII Campeonato Mundial de atletismo, celebrado en la pista del Hayward Field de la Universidad de Oregón, en Eugene, del 15 al 24 de julio, con la presencia de 1,972 atletas de 192 países, con la mira puesta en 49 preciados oros, fue un gran espectáculo. ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
El XVIII Campeonato Mundial de atletismo, celebrado en la pista del Hayward Field de la Universidad de Oregón, en Eugene, del 15 al 24 de julio, con la presencia de 1,972 atletas de 192 países, con la mira puesta en 49 preciados oros, fue un gran espectáculo. Finalizó con tres récords mundiales envueltos en una pluralidad de significados y matices que corren de la tecnología de punta, en una competencia comercial de las nuevas zapatillas que proyectan más avances que el músculo, la lucha de los atletas y los programas de acondicionamiento físico y técnico, a un esclerótico criterio que exige una rápida revisión de la Asociación Mundial de Atletismo más interesada en practicar castigos inspirados en la rusofobia de su líder, Sebastian Coe, que en proporcionarle al atletismo un ropaje universal conforme lo exige la modernidad.
Mondo Duplantis señaló un nuevo límite humano sideral al señalar 6.21 m en el salto con pértiga; la keniana Oluwatobiloba Ayomide Tobi Amusan, de 25 años, llevó su marca personal de 12.42 a 12.12 como récord mundial. En la final, esta gacela negra marcó 12.06, pero con viento a favor superior a los 2 m en un segundo, por lo que no se homologó como RM. La estadunidense Sydney McLaughlin se disparó en los 400 m con vallas a 50.68 un RM que coloca como nuevo objetivo la frontera de los 50”, que corresponde a una rapidez promedio de 8 metros en cada segundo. Es increíble. Compare: la superatleta polonesa Irena Szewinska, alumna del profesor Andrzej Piotrowski, fue la primera mujer en romper el muro de los 50” en los 400 m lisos el 22 de junio de 1974 en Varsovia. De 22 años de edad, McLaughlin mejoró en 73/100 su crono personal en una prueba con obstáculos. Acontecimiento notable fue el triunfo del inglés Jake Wightman sobre el campeón olímpico de los 1,500 m planos, el nórdico Jakob Ingebrigtsen y el llameante desquite de éste al sorprender con una carrera de táctica lobuna sobre los africanos en su coto de los 5,000 metros planos con explosivo sprint en los últimos 150 m.
El criterio humano no coincide con la modernidad de los sistemas de cronometraje electrónico. Los jueces de la World Athletics (WA) aplican las reglas con anteojeras de caballo de manera parcial y fragmentaria. La descalificación de Devon Allen, uno de los favoritos en los 110 m con vallas, ha provocado encendidos comentarios entre especialistas del atletismo que exigen la atención inmediata del rusofóbico Coe, tanto en el cronometraje como en el subjetivo redondeo de considerar 100 milésimas de segundo como la línea que divide la salida legal de la ilegal. Allen adelantó en la pantalla de los jueces 1/1000”. Se le descalificó. El punto es que especialistas del atletismo descubren que con el sistema del Mundial la mayoría de los atletas mejoró ostensiblemente su tiempo de reacción; se presume que no fue calibrado. Imaginen, ¿si se aplicara este sistema a la caminata? El redondeo carece de fundamento científico. ¡Por qué 100 y no 0.073?