Autenticidad dogmática
El mundo del olimpismo vive una crisis muy seria y una de las situaciones más aberrantes y disparatadas de la historia. El TAS, organismo encargado de impartir justicia en el deporte internacional, apoyó la decisión de Sebastian Coe, presidente de la Asociación ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
El mundo del olimpismo vive una crisis muy seria y una de las situaciones más aberrantes y disparatadas de la historia. El TAS, organismo encargado de impartir justicia en el deporte internacional, apoyó la decisión de Sebastian Coe, presidente de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo: aprueba el veto de 68 atletas rusos a los próximos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro; atletas con historial limpio y que nunca han dado positivo en los laboratorios oficiales de antidopaje.
Inconcebible que Sebastian Coe, excampeón olímpico y plusmarquista mundial, cause tanto daño a un grupo de atletas rusos arruinándoles, en tiempo y aspiraciones, cuando menos cuatro años de sus vidas entregadas al esfuerzo. Es un verdadero atropello.
Inconcebible que Coe, en relación con un comunicado de la agencia española EFE, exprese que su deseo en la IAAF es “la de incluir no de excluir” y que va a seguir trabajando con Rusia para “establecer un ambiente limpio y seguro para los atletas rusos”.
Los argumentos deportivos y lógicos revientan como ola ante los arrecifes. Es inadmisible, aberrante, que el TAS, el organismo encargado de impartir justicia deportiva meta en una bolsa a justos y pecadores y apruebe un castigo general. El TAS rompe con los criterios y esquemas de equidad y justicia y seguramente abre una fisura en el mundo olímpico, al igual que la Asociación Mundial Antidopaje y su comisión investigadora. Revientan y se estrellan ante la poderosa influencia política, bélica, económica, social, deportiva del grupo anglosajón.
Coe y la AMA y su comisión parecen responder más a cuestiones políticas que a un criterio apegado al espíritu del deporte y alejado del movimiento olímpico que preconiza enaltecer los valores del hombre.
Sólo resta esperar el pronunciamiento del Comité Olímpico Internacional, el próximo domingo, y ver si este organismo, con habilidad, inteligencia y diplomacia, es capaz de abrir una rendija y logra que los 68 atletas rusos pudiesen competir en Río bajo la bandera del COI. Dada la situación al rojo vivo, podría ocurrir una distensión entre el COI y la IAAF, como aquel brote de ambos organismo en Sidney 2000 por un problema menor de caminata.
Las conclusiones del informe de Richard McLaren no revelan nombres, las claves alfanuméricas de los frascos que contienen la orina ni cita las sustancias. El primer estrato de ese culebrón de acusaciones que rebasa el ámbito de las FI parte de una frase de McLaren: Rodchenkov es una persona “sincera y creíble”.
Grigory Rodchenkov, desertor ruso, trabajó en la comisión de dopaje en los JO de Sochi, aseguró que se levantó un edificio adjunto al laboratorio oficial y que se hizo un agujero por el que pasaban las muestras de los positivos y las regresaban limpias. Por la ratonera pasaban las muestras en biberones y envases de refrescos de cola, con la participación de la policía secreta de Putin, pero (los frascos inviolables) ¡ay!, “mediante un procedimiento que no hemos llegado a descubrir” y que el informe señala como “Metodologías de los positivos que desaparecen”.
La expresión es subjetiva y sin consistencia para ser demostrada. En situación tan delicada, ¿se puede admitir como prueba de dopaje?
Se recoge la impresión de que el informe es de autenticidad dogmática y lo acompaña el maniqueísmo anglosajón.