La República de las Letras / 30 de marzo de 2026

Humberto Musacchio

Humberto Musacchio

La República de las letras

La Gelman, sí, pero quién sabe 

En la mañanera, la presidenta Claudia Sheinbaum se refirió al hecho de que  la colección Gelman salga del país: “Hoy lo leí en una de las columnas. No tengo toda la información. Le pedí a Claudia Curiel que me informara. Pero sí, nuestro deseo es que se quede en México. Hay que hablar con quien tiene esta colección”. Sus asesores debieron informarle —lo que al parecer no hicieron— que desde hace varias semanas el asunto ha estado en los medios. También debieron decirle que, hasta donde se sabe, la colección fue donada “a México” por los Gelman y que la única condición que pusieron fue que no se entregara a un museo público. Así las cosas, si la colección es “de México”, debe procederse penalmente contra Robert R. Littman, albacea de la señora Gelman, quien no ha informado al legatario, que es México, sobre el remate de 30 obras en casas de subastas y la venta del resto a la familia Zambrano, que a su vez convino con Santander para que este banco se la lleve a España, todo con la bendición de nuestras autoridades, pese a lo que digan “fuentes cercanas” a los Zambrano.

Falleció Pepe Palomo

Nacido en Chile en 1943, José Palomo Fuentes, célebre nada más como Palomo, vino a México para escapar de los esbirros de Augusto Pinochet. Había colaborado en varios papeles públicos de su país y, ya exiliado, creó una tira que hizo época: El Cuarto Reich, que ridiculizaba a la caterva de dictadores que entonces, bajo la guía de Washington, mantenían asolados a varios países latinoamericanos. Como cartonista, Pepe Palomo manejó siempre un humor fino, como invitando al lector a estar de acuerdo en que la gente tiene ocurrencias que le dan sabor a la vida. En nuestro país, el maestro trabajó para el viejo unomásuno, fue cofundador de La Jornada y ahora lo teníamos en Excélsior. Los políticos estarán de plácemes, pues el agudo crítico por fin los dejará en paz para dedicarse a lanzar sus dardos contra ángeles y querubines.

El grito y su trayectoria

Testimonio sustancial de lo ocurrido en el movimiento estudiantil de 1968, El grito, película filmada y editada por la comunidad del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), hoy Escuela Nacional de Artes Cinematográficas, bien merecía el libro que ha publicado la UNAM. La cinta, que durante años se pudo ver en los cineclubes universitarios, sufrió el natural deterioro del tiempo, pero por fortuna ha sido restaurada, según narra Albino Álvarez Gómez. Guadaupe Ferrer escribió en el mismo volumen sobre la fortuna de poseer la memoria, esa memoria. El destacado investigador de la especialidad, Juan Manuel Aurrecoechea, pide escuchar el grito. Israel Rodríguez dice que se trata de “una historia hecha de fragmentos”. María del Carmen Lara y Sandra Lowe advierten que gracias a El grito, la academia sigue saliendo a la calle. Álvaro Vázquez Mantecón trata de otros registros cinematográficos y la queridísima Juncia Avilés Cavasola, hija del inolvidable Jaime Avilés, nos habla de Los ecos de El Grito: permanencia y reverberación. Un gran libro para sumergirnos en aquella fiesta cívica que aplastó a sangre y fuego el chacal Díaz Ordaz.

Todo un ejemplo cuatrotero

El opulento empresario y líder charro excetemista Pedro Haces olvidó —la olvida con frecuencia— la austeridad que pregona falsamente su partido, pues además de sus frecuentes y lujosos viajes, suele ofrecer grandes reventones en los que agasaja a sus amigos, como lo hizo esta vez con el senador Saúl Monreal y otros amigos, a los que ofreció todo un concierto del pianista Raúl Di Blasio, que suele cobrar hasta un millón de pesos o más por un recital, así sea en una fiesta privada. Tenía razón el Peje cuando repetía aquello de “no somos iguales”. Indudablemente, algunos morenistas, no todos, por fortuna, no son iguales a Pedro Haces. Cuestión de pesos… y medida.