Medallas, juego ilusorio

La Fiesta de América, la fiesta de la inteligencia y el músculo, enciende su vida y sus hermosas luces allá en Toronto con la influencia, humedad y vientos, que le llegan a la norteña ciudad en frescas oleadas de las cataratas del Niágara. Cuántas ilusiones anidan en ...

La Fiesta de América, la fiesta de la inteligencia y el músculo, enciende su vida y sus hermosas luces allá en Toronto con la influencia, humedad y vientos, que le llegan a la norteña ciudad en frescas oleadas de las cataratas del Niágara. Cuántas ilusiones anidan en miles de corazones que van a probar fuerza, voluntad, técnica, coraje, a descubrir, a final de cuentas, que la dureza y el ingente esfuerzo en los entrenamientos, de las últimas semanas, meses, años, siempre resulta insuficiente. Unos cuantos van a recoger el fruto del trabajo, de la victoria y la gran mayoría descubrirá, como sucede cada cuatro años, que ser el mejor de un país significa, en la gigantesca plataforma agonal, ser uno más de tantos. Quitarse la venda de los ojos, ante el choque brutal de la realidad, es una lección que sólo unos cuantos van a aprovechar.

El crecimiento universal del deporte rebasó y desbordó propósitos y objetivos. Rompió moldes y tradiciones. El deporte cambió. Permitió la apertura de nuevas disciplinas, algunas de un segundo orden competitivo, con el regocijo y engaño de la política. Los países ganan más medallas en ese delicioso juego ilusorio que disfrutan los países bananeros a la sombra de las enormes hojas verdes de inmovilidad tropical.

No hay relación entre medallas y progreso. Y esta otra realidad se vuelve a descubrir cuando se asiste a los Juegos Olímpicos y a los Campeonatos Mundiales. Los dirigentes-políticos, al igual que los políticos-políticos, maestros en el arte del engaño, de la hipocresía y del cinismo, muestran en Centroamericanos y Panamericanos que 2+2= 5 y ocultan en JO y CM que en realidad 2+2=3. En otras palabras, hay más disciplinas, más medallas y menos calidad. Hoy los Panamericanos no alcanzan los niveles de San Juan de Puerto Rico 1979, poblados de campeones olímpicos, mundiales y de la política; el alcalde Barceló vomitó un discurso largo como un animalazo del pleistoceno y hueco como un coco seco caribeño.

Sin duda, los Panamericanos contienen un enorme sentido deportivo, de amistad y de intercambio de ideas y de aprendizaje. Un objetivo que perseguir. No obstante, predomina el discurso y las decisiones políticas sobre las deportivas. ¿Qué tanto es conveniente que atletas de maratón y caminata asistan a los Panamericanos cuando están a tiro de piedra los Mundiales de Atletismo? La pregunta podría extenderse a natación y a otras. El objetivo político deportivo apunta a los Panamericanos; el deportivo hacia los Mundiales. Esta posición podría explicar la ausencia en Panamericanos de astros como Usain Bolt o Michael Phelps y un racimo más; además de los aspectos técnicos, en un segundo plano, inciden intereses crematísticos. Como muchas otras, esta realidad no se acepta.

Carlos Padilla Becerra, director general del Comité Olímpico Mexicano, ha roto con una especie de tabú. Anuncia la perspectiva de ir a competir por 23 medallas de oro y mantenerse en la posición del quinto lugar tras delegaciones más fuertes como Estados Unidos, Brasil, Cuba y Canadá (los 42 oros de Guadalajara son pretérito). Se ha dado un pequeño paso en una esfera donde hay tantas cosas por hacer con criterio y sentido común deportivo.

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