Ni el mínimo rubor
El cinismo, la irresponsabilidad y la corrupción de los políticos penetra cada vez más en la sociedad y, naturalmente, en el deporte. La cancelación del Campeonato Mundial de Natación de Guadalajara 2017 presenta varias aristas. La principal, como se ha dicho, acaso ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
El cinismo, la irresponsabilidad y la corrupción de los políticos penetra cada vez más en la sociedad y, naturalmente, en el deporte. La cancelación del Campeonato Mundial de Natación de Guadalajara 2017 presenta varias aristas. La principal, como se ha dicho, acaso estribe fundamentalmente a cuestiones económicas. Pero la decisión de rechazar este magno certamen debiera tomarse como una lección que obligue a las entidades deportivas a ser más responsables y profesionales en la planificación y organización de estos certámenes cuyo propósito en México, obedece más a intereses de negocio que a deportivos.
A una supervisión coordinada de la Comisión Nacional de Cultura y Deporte (Conade) con las Federaciones Deportivas Nacionales y con el Comité Olímpico Mexicano en el campo de los JO y los Juegos regionales.
Campeonatos, copas, juegos en el plano deportivo representan una gran oportunidad de acentuar la atención, el fomento y la práctica por una o varias disciplinas. Crean el interés del atleta, despiertan el afán de preparación y superación, acrecientan el interés en la sociedad y en los niños el acontecimiento les puede marcar un camino en los hábitos de lucha y sana diversión.
El Mundial muestra ángulos favorables. Otros negativos como la negligencia en la parte organizativa y uno de los más grandes absurdos que el titular de la Federación Mexicana de Natación, Kiril Todorov, no asumiera ni la responsabilidad ni mostrara interés en empujar la natación y al waterpolo con buenos técnicos y un programa de preparación físico técnico. A estas alturas la presencia de México en el Mundial de Guadalajara, en estas dos disciplinas, iba a tener carácter decorativo. Qué clase de líder puede ser un presidente de una Federación que por anticipado descalifica a sus propios afiliados; el argumento tan pueril de la genética de los mexicanos. En los JO del 68 y en Santa Clara, California, no sólo hubo medallas como las que ganaron Felipe Muñoz y María Teresa Ramírez, sino un récord mundial en 1,500 por Guillermo Echevarría; finalistas como Juan Alanís, Rafael Altamirano y Laura Vaca.
¿En esta atmósfera tan viciada de la política nadie tendrá un poquito de remordimiento por la quema de los diez millones de dólares que se entregaron a la FINA con el fin de garantizar la celebración del Mundial? Son diez millones de dólares, es decir, poco más de 150 millones de pesos despilfarrados. Como lo que se dilapidó es dinero del gobierno federal difícilmente alguien podrá sentirse responsable en una mínima parte de la pérdida.
Sin duda son puntos diferentes. Pero recuerdan aquella vieja historia, de hace unos 15 años, cuando al exboxeador Pipino Cuevas lo encarcelaron varios meses por 20 mil pesos, por un supuesto desfalco en una delegación del Distrito Federal durante su gestión deportiva. La cantidad es un mendrugo, una migaja en comparación con los 150 millones de pesos que se esfumaron y que, por cierto, podrían crecer algo más. Ya se sabe: en México, mientras más grandes sean las sumas que desaparecen, mayor el grado de impunidad. Y, mientras el muerto no se queje, no hay delito que perseguir.
Ni un regaño, ni un llamado de atención, menos un jalón de orejas. ¡Averígüelo, Vargas! Y en los responsables o en los que cacarearon el mundial, ni el mínimo rubor. Son ajenos a las pérdidas y al deporte. ¡Pidan, pidan, que al fin no pasa nada! ¡Cuándo se pondrá un hasta aquí en el deporte? Cuando se ponga un hasta aquí a los políticos. Lo que hace la mano hace la tras… no hay orden.