Teoría & praxis

“En el principio, Dios creó cielos y tierra”. El séptimo día descansó. Si la realidad fue nacida de los dioses a partir de las tinieblas o de las más peregrinas de sus puntadas, hicieron un plan y enseguida lo ejecutaron. Génesis y apocalipsis. La divina ...

 “En el principio, Dios creó cielos y tierra”. El séptimo día descansó. Si la realidad fue nacida de los dioses a partir de las tinieblas o de las más peregrinas de sus puntadas, hicieron un plan y enseguida lo ejecutaron. Génesis y apocalipsis. La divina majestad demoró cinco días y, luego, decidió dar forma al protagonista de su obra —con un puño de arcilla— en la sexta jornada; le regaló una compañera y añadió toda la fauna. A su imagen, sopló sobre el único ser inteligente. Obedeció a su idea primigenia y procedió a ejecutarla. Así germinan las obras de arte y las formulaciones exactas. Eureka. Se piensa y se acciona. Se inspira, se transpira y se expira. Igual que cualquier evolución y cada cambio. Todo con su lapso de incubación.

La actividad humana y hasta los deportes obedecen a este modo. Se llega a funcionar con tiempo y un ganchito. Lo hecho, demanda del evento teórico y, después: del empirismo. Cuando la Fórmula 1 inició, venía precedida de muchas pruebas anteriores; a partir de ellas y de sus reglas, se optó por la categoría impar.

Ahora, está en boga una falsa crisis en ella. Se hacen reuniones, convocan a una comisión detrás de la otra, practican encuestas, ¿cuándo carambas fue necesario hacer un estudio de mercado para comprobar si servía Johann Sebastian Bach?

No hay crisis en la F1, porque el dinero mana a carretadas desde su seno. Está en conflicto el mundo. Siempre ha sido así, porque lo propicia el ingenio del homo sapiens, experto inventor de la guerra y de la paz. Y el show tiene que seguir. 

Los tiempos cambiaron. A quitarse las anteojeras para mirar lo que es tan visible. Se trata de seducir a nuevo público; de despertar emociones más vivas. Lo primero que se debe hacer es modificar la parte figurada y, luego, llevarla entonces a la práxis real, a la de las carreras. Antes de hacer mil cambios en la actividad, hay que hablar bien de ella. Escudriñarla con opiniones, con crítica, con datos, con ideas, con su cultura, con calidad y con elegancia.

Son tres los medios para acercar la competición a quienes pueda interesar: la televisión, la prensa y la internet. La TV dio un paso gigante, en este subcontinente, gracias a la revolución que hizo F1 Latinamérica. El diarismo en papel es esclerótico, desde hace décadas ha sido más fácil regodearse en el futbol y éste —como Pareto— se lleva 80% de los contenidos, dejando el resto para las demás disciplinas del juego.

La difusión on-line vive su infancia, limitada, por el sacrilegio en que se convirtió usar las imágenes y hasta el nombre de la F1. Antes, tal vez fue válido el esoterismo que vigiló la FOM y Bernie Ecclestone para explotarlo en exclusividad. Correcto, si se quiere usar el emblema o el nombre para fabricar objetos y venderlos, eso no. Pero es un error dificultar que se hable, se escriba y se difundan las imágenes.

Si es preciso, que se certifique a los profesionales de ello. El caso es repetir la verdad, para que quede sembrada en muchos.

Urge un nuevo vigor, abrir el grifo. Hacer que las carreras sean más baratas para los pocos asistentes que acuden a las pistas, que son apenas unas cuantas decenas de miles. Y estimular, cuidando de la calidad en los tres medios virtuales y al unísono: entonces sí, llegar a cientos de millones de nuevos aficionados.    

                www.tf1.mx

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