Salve
Un rito que se convierte en mito y al final en obra, como sucede con toda devoción. Las bendiciones o las peleas entre los hombres van quedando en pliegos de papiros o de papel. Después de Gutemberg con lo nuevo a la mano: lápiz, pluma fuente, la atómica, una máquina ...
Un rito que se convierte en mito y al final en obra, como sucede con toda devoción. Las bendiciones o las peleas entre los hombres van quedando en pliegos de papiros o de papel. Después de Gutemberg con lo nuevo a la mano: lápiz, pluma fuente, la atómica, una máquina de escribir, el télex o fax y aun más, con este espectro que parece infinito: la cibernética; que sumado al resto de la ingeniería multimedia hace un crisol alucinante.
Desde el inicio del principio, de lo que se trata es de decir para que el otro entienda. Tan sencillo, como que eso es la evolución; pasar a lo que sigue, diciéndolo, dando aviso. Y dejando trazas.
El deporte no es ajeno al ritual del corre-ve-y-dile. Gracias a los clásicos tenemos noticias de los enfrentamientos habidos desde los tiempos remotos. El héroe dueño de la victoria, sus laureles que han pasado de oído en oído y de mente en mente: hasta convertir a tal epítome en cosa inmortal.
Las disciplinas de competición de masas están sobrevaloradas porque es el sino de este tiempo, es hartar con banalidades. La comida chatarra y también con nutrientes para el cerebro de la misma calaña. Cada actividad deportiva tiene sus agentes de ruptura, que son los paradigmas que han subido el listón.
En el automovilismo de alta graduación se cuenta de los mitos y de las leyendas generadas a partir de la lucidez con la energía positiva de los cronistas. De los más buenos en cada época. Por ello es que se vuelve obligatorio corresponder al linaje. Y proseguir.
Aún hay mucho que hacer y más que compartir.
Una generación creció influenciada por Murray Walker o Maurice Hamilton, en Inglaterra; otra, por datos tan exactos del suizo Jacques Deschenaux o hasta de Jean-Luc Domenjoz; en Portugal brillaba como bárbaro José Miguel Barros, también el decano Francisco Santos y el joven Luis Vasconcelos; o Renaud de Laborderie, que hizo escuela francesa considerable; Javier del Arco, quien tenía su rango de mariscal en España, y tal vez ha sido Reginaldo Leme el que lo haya hecho con más fuerza en el Brasil; otros quedarán en deuda con Stuart Sykes de Australia. Se afirma que Hugo Desdier de Jalisco se cocinaba aparte y también Tony Menchaca o Jalife.
Cada fanático en todo el mundo ha sido tocado por los intelectuales del deporte, ya que es indispensable la existencia de ese agente revulsivo, intermediario, entre lo que sucede a toda velocidad y de lo que se entera la afición.
La oportunidad está aquí y ahora: nuestro heterónimo llamado Ángelo della Corsa entra en acción con el banderazo de salida que acude a otra etapa: y así, retira la imagen afectiva que acompañaba a sus columnas —que corresponde al retrato de uno de sus hijos— para reemplazarla, con la venia editorial de nuestro periódico, desde luego, por la de sí mismo: mucho más veterana, hay que aceptarlo con orgullo.
Todo eso, para llevar a usted en adelante jurando decir verdad, sólo verdad y nada más que la verdad: el suceso completo y al detalle de la Fórmula Uno que se nos viene encima. Que será formidable. De seguro.
En México se trata de un renacimiento. No es poco hospedar nuevos Grandes Premios y habrá que acompañarlos con cachet. El compromiso esencial es con usted, respetado lector. Será A Mil Por Hora.
No podía ser de otra manera. Y va en serio la gratitud.
