Dodge Durango 2020 con personalidad múltiple

Escucharon nuestras plegarias y, tras varios años de espera, Dodge se animó a traer la Durango SRT para completar la familia en México

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CIUDAD DE MÉXICO.

Tras una larga agonía que co­menzó desde febrero de 2017, cuando Dodge nos presumió en el Autoshow de Chicago la poderosísima Durango SRT, la marca estadunidense (es­pecialista en hacer que sus vehículos consentidos pa­rezcan muscle cars) por fin se decidió a vender en Méxi­co esta camioneta, que pone bajo el cofre casi 500 caba­llos de fuerza para impulsar a tres filas de asientos.

Se nos hizo una eternidad, pero nuestro momento llegó y el espléndido destino nos puso al volante de esta fanta­sía, colocando las llaves de la bestia en nuestro bolsillo. Pi­samos el pedal del freno y al tocar el botón de encendido un ronco rugido emanó cual sinfonía estremeciéndonos y a todos a nuestro alrededor.

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Mientras salíamos dispa­rados para dirigirnos a la au­topista, como niños en 6 de enero con las manos aferra­das al juguete, las palabras del político británico John Acton “el poder tiende a co­rromper y el poder absoluto corrompe absolutamente” re­tumbaban en nuestra cabeza, pues con los primeros toques al acelerador ya nos sentía­mos embriagados de poder.

La poca consciencia que nos quedaba nos recordaba como Pepe Grillo que detrás de nosotros había dos filas más de asientos en una ca­mioneta de 5.11 metros de largo y más de 2,200 kilo­gramos, que fueramos cau­telosos, pero el diablillo en nuestra oreja nos susurraba que gracias a la tracción inte­gral, que reparte el empuje en las cuatro ruedas, nos sugería que podíamos ir más rápido, que atacáramos el acelerador.

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El sonido subía y bajaba como hermosas notas mu­sicales que nos aceleraban el pulso al amplificarse por el doble escape, conforme los ocho cambios de la caja automática trabajaban ma­gistralmente hasta que el ca­mino se nos acababa y nos obligaba a pisar el pedal que ponía en acción los frenos Brembo de dos pistones para morder los discos traseros y seis para los delanteros, que funcionaban como antídoto para el veneno que nos entu­mecía cual droga.

Aunque el protagonista de esta Durango definitivamente es el enorme motor V8 de 6.4 litros, heredado de la Grand Cherokee SRT, de 475 caba­llos de fuerza y 470 libras-pie de torque, sería injusto sa­car de la ecuación el traba­jo hecho en la recalibración de la suspensión, que echó mano de resortes más firmes, amortiguadores adaptativos y una barra estabilizadora más grande para el eje trasero.

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ABRA CADABRA

La magia que emana de esta camioneta no es obra de la casualidad, sino del trabajo hecho por los ingenieros de la marca en el Virginia Interna­tional Raceway, que la con­virtieron en algo más que un vehículo de cuarto de milla, tras ajustar su puesta a punto para adaptarse a ocho distin­tos modos de manejo: Street, Sport, Track, Snow, Tow, Va­let, Eco y una opción perso­nalizable, que modifican la firmeza de los amortiguado­res y envían hasta un 70% de la potencia al eje trasero.

En el interior el tratamiento de los materiales, con asientos forrados en Nappa Premium y detalles que parecían robados del Challenger, están en con­cordancia con el look exterior que busca erradicar el aspec­to al que nos tienen acostum­brados las camionetas de tres filas de asientos, con un cofre que integra extractores de ca­lor y fascias deportivas, salpi­caderas ensanchadas, tomas de aire para mejorar la refri­geración, rines de 20 pulgadas y acentos en negro por todos lados.

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Extasiados tras casi aca­barnos el combustible luego varias horas de manejo lle­gamos a la conclusión de que, simultáneamente seis per­sonas sólo podrán vivir una experiencia como la que es capaz de ofrecer la Durango SRT, a bordo de camionetas premium de varios millones o en algún juego mecánico de esos que dan miedo.

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TODO BAJO CONTROL

Definitivamente la diferencia entre la Durango SRT y la versión GT es notable, sobre todo si el tiempo entre cambio de montura es inmediato.

Mientras que la primera es agresiva en todos los sentidos y una devoradora del asfalto, la segunda es más bien refinada, sofisticada, de buenos modales, con una estética que mantiene un balance ideal entre lo deportivo y lo elegante, que no deja de ser imponente.

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Cuenta de ello lo aportan componentes como el discreto alerón en la parte superior de la cajuela, las dos salidas cromadas del sistema de escape y los rines de aluminio de 20 pulgadas.

Desde luego que al ser impulsada por un motor más  pequeño, no tenemos la respuestainmediata y brutal de la hermana mayor, pero eso no significa que la Durango GT quede a deber, pues los 295 caballos de fuerza y las 260 libras-pie de torque, provenientes del motor V6 3.6 litros que la impulsa alcanzan y sobran para mover los 2,207 kilogramos que la camioneta pesa.

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Por supuesto que parte de ese buen comportamiento lo aporta el trabajo de la transmisión automática, pues inserta la marcha adecuada en función de la demanda de poder con el acelerador, y de esta forma mantiene el propulsor trabajando con comodidad a 2,500 rpm a una velocidad constante de 120 km/h, o bien exprimirlo para ejecutar una maniobra de rebase.

Si hay algo que debemos destacar es su calidad de marcha, encabezada por una suspensión orientada al confort, que hace imperceptibles los baches e imperfecciones del camino, así como el buen espacio interior y la comodidad de los asientos.

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En cuanto al consumo de combustible mantuvimos cifras superiores a los 12 km/l, nada mal para una camioneta grande que probamos completamente llena con siete pasajeros y sus maletas.

Aunque la tercera fila es reducida en dimensiones, lo cierto es que tampoco castiga a sus ocupantes como lo imaginamos, pues no recibimos queja alguna de los pasajeros que, durante un recorrido que hicimos de Morelos a la Ciudad de México, viajaron en estas plazas, disfrutando de una película a través de las pantallas ubicadas en la segunda fila.

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Sin duda alguna se trata de una Durango con una configuración destinada a recorrer grandes distancias con todas la comodidades posibles que hoy Dodge puede ofrecer en sus vehículos.

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