Días en el Atlántico; de la isla de Porto Santo a Mar del Plata
Apenas se enteró que una pandemia desconocida atacaba al mundo entero, el argentino Juan Manuel Ballestero tomó la peligrosa decisión de cruzar el océano Atlántico para visitar a sus padres Carlos y Nilda. El aventurero de 47 años lo logró en su velero bautizado Skua, como aquella ave gigante del Polo Sur. Quedarse sin combustible y pasar varios sustos no fueron impedimento para que el hijo de un pescador lograra su cometido. Comenzó el 24 de marzo en Portugal y pisó tierra argentina el 15 de junio

CIUDAD DE MÉXICO.
Nunca será tarde para contar la travesía de Juan Manuel Ballestero, argentino casi cincuentón que navegó más de 10 mil kilómetros, de la isla de Porto Santo (Portugal) a Mar del Plata (Argentina) con el único fin de reencontrarse con sus padres, en tiempos de pandemia. Lo hizo en su velero llamado Skua, en el que vivió en solitario durante 85 días.
Se dice fácil, pero el hijo del pescador nonagenario llamado Carlos vivió momentos de angustia por falta de combustible, ausencia de viento, persecución de posibles piratas y la volcadura debido a enormes olas. Afortunadamente, vivió para contarlo.
Hace rato que Juan Manuel vivía en la isla portuguesa de Porto Santo, lejos de sus viejos y dedicado a distintos negocios. Entre sus pertenencias, contaba con un velero de nueve metros de largo, al que decidió bautizar Skua, nombre que tomó de un pájaro del Polo Sur.
Las noticias del coronavirus llegaron a la isla en febrero, lo que inquietó al hijo del pescador, quien comenzó a pensar que la pandemia no le permitiría volver a ver a sus padres. Difícil tomar un vuelo de avión, cuando el covid-19 convierte al planeta en un total caos y desesperación.

Don Carlos (izq.) aparece con sus hijos adentro del velero Skua. El de la derecha es Juan Manuel Ballestero, el aventurero
Juan Manuel, practicante del velerismo, ya había cruzado el océano Atlántico por motivos aventureros, por lo que no le resultó descabellado intentarlo de nuevo. Del otro lado del inmenso mar le esperaban sus padres Carlos y Nilda.
La aventura comenzó el 24 de marzo, en la madrugada. Ballestero zarpó de la isla de Porto Santo en su velero Skua, con cartas náuticas, radio de navegación, combustible para parar en Cabo Verde (África) y continuar el viaje hacia el Cono Sur. Llevaba suficiente agua, atún y vino, entre otros alimentos, además de documentos de identificación.
Aunque su salida fue en solitario, algunos medios lusos registraron en las redes sociales el viaje de aquel loco argentino, quien quería ganarle la carrera al coronavirus en medio del mar. Un viaje solitario, peligroso y largo, muy largo.
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Hace 10 años, a sus 37 inviernos, Juan Manuel Ballestero tuvo una historia distinta. Fue arrollado por una furgoneta en Portugal y permaneció en coma por varios días. Cuando despertó, se encontró con la noticia de que recibiría la suficiente plata para tener una recuperación cómoda y sin problemas económicos.

Fue entonces que se compró su primer velero, para recordar los tiempos de adolescencia al lado del viejo Carlos, con quien aprendió en Mar del Plata el gusto por la pesca y la navegación. Lamentablemente, Juanma se gastó todo el dinero, se le acabó la estancia en la península ibérica y tuvo que regresar a casa. Como no quiso dejar su pequeña embarcación, el sudamericano decidió que lo mejor era volver atravesando el Atlántico.
Juan Manuel regresó poco después a Portugal, se instaló en la isla de Porto Santo y adquirió el velero llamado Skua. No se imaginaba que otro largo viaje lo esperaba a la vuelta de la esquina.
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El viaje en 2020 tenía que ser sin escalas, para evitar contagios. Quizá sólo parar en Cabo Verde para cargar combustible. Comida y agua llevaba de sobra. Las autoridades no le permitieron parar para llenar el tanque. El temor a contagios hizo que la frontera africana cerrara sus puertos, por lo que Ballestero tuvo que seguir la ruta con lo poco que le quedaba de combustible. Cuando éste se acabara, apostaría a la fe y a los vientos.
El navegante argentino comentaba en internet que una noche, antes de quedarse sin combustible, tuvo el temor de ser secuestrado o asaltado por piratas. En la oscuridad, observó que una luz lo siguió por varias horas, por lo que decidió gastar las reservas con el ánimo de alejarse lo más posible. Lo consiguió.
Ya sin combustible, el velero siguió su viaje con la ayuda del viento y la experiencia del viajero en el mar. Sólo que a los 25 días de navegar, el viento dejó de soplar… ¡durante 10 días! Juanma se quedó varado, con un silencio que se transformó en terror. “Me sentí un ser pequeño. Comienzas a perder la cordura”, escribiría más tarde.

Juanma pasó por exámenes médicos antes de visitar a su padres en Mar del Plata. Salió negativo sobre el covid-19.
Las palabras y los pensamientos pierden su sentido cuando la fe se extingue. Ballestero la recobró al encontrar el Padre Nuestro en un cajón. Comenzó a rezar. Al décimo día volvió a soplar el viento. El Skua, aquel pájaro del Polo Sur convertido en velero, seguía su trayecto.
Cuando un hombre se encuentra solo en el mar, al capricho de la naturaleza, la mente suele jugar bromas pesadas. Pensar en ser tragado por una bestia gigante, ser atacado por piratas, quedarse sin agua y comida o simplemente no volver a despertar. Estas ideas llegaban constantemente al navegante por medio de sueños, interrumpidos constantemente. Había que regresar al cajón del Padre Nuestro.
Una de esas pesadillas se hizo realidad ya en territorio brasileño, a los 48 días de la ruta marítima. Resulta que una ola de ocho metros hizo estragos en el velero, el cual quedó averiado en una parte lateral. Para fortuna de Ballestero, estaba cerca de Ciudad Vitória, donde mandó reconstruir una pieza. Además, pudo cargar combustible y descansar un par de semanas.
Durante su parada en Brasil, Juan Manuel se enteró que los medios argentinos estaban enterados de su travesía y que ya lo esperaban en Mar del Plata. Que sus padres Carlos y Nilda eran los viejos más famosos de aquel puerto sudamericano.
Juan Manuel Ballestero, argentino de 47 años, llegó a Mar del Plata el 15 de junio pasado. Fue recibido como héroe y, tras 72 horas de que su prueba de covid-19 saliera negativa, por fin pudo abrazar a sus viejos, un día antes de que allá se celebrara el Día del Padre.
El llanto y los abrazos se multiplicaron aquellos días. Las fotos y las entrevistas también se amontonaron, al grado de que aquel hijo de un pescador argentino se hizo famoso en tiempos de pandemia. Él sigue respondiendo en su cuenta de Instagram (@skuanavega), donde aparecen fotos del viaje y con su padre don Carlos.
Ballestero no sólo está pensando en escribir un libro sobre su aventura en el océano Atlántico. Ahora que esto del coronavirus acabe, el argentino quiere seguir navegando. Quizá al Polo Sur, para encontrarse con el skua… aquel pájaro gigante.
EL DATO
- Juan Manuel Ballestero tenía planeado cargar combustible en Cabo Verde (archipiélago africano), pero las autoridades no se lo permitieron por miedo a posible contagio.
- El navegante argentino duró 10 días varado en medio del océano, a falta de viento.
- Una noche fue seguido por una tripulación, a la que Juanma calificó de piratas. Pudo escapar.
- En territorio brasileño, enormes olas lastimaron su velero, por lo que tuvo que parar más de una semana en Ciudad Vitória.
AMU
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