Excélsior en la historia: 90 años del Necaxa
Hoy celebra un equipo que ha vivido el esplendor y la sordidez por igual. Los Rayos del Necaxa siguen buscando el sitio que alguna vez tuvieron en el futbol mexicano
CIUDAD DE MÉXICO, 20 de agosto.- El Necaxa cumple 90 años, siendo un equipo de Segunda División. Su historia, iniciada con glorias, está enmarcada tambén por uno que otro escándalo.
Surgido de la Compañía de Luz y Fuerza, apenas al año de jugar en el amateurismo se coronaron campeones en 1925.
Estaría señalado el Necaxa al sufrimiento y la grandeza. Desde siempre fue el club obligado a sacar la cara por México cuando equipos internacionales venían al país.
La primera vez fue en los 30, ante el Colo Colo, cuando Horacio Casarín se convirtió en ídolo al ocupar el sitio de Hilario López y el Necaxa era el gran campeonisimo de México.
Eran los tiempos bohemios, donde la ciudad iba en un auge de crecimiento y el futbol era pasional para los rojiblancos, que se enfrentaban a los equipos españoles perteneciendo a la clase obrera, a los electricistas que vieron quemarse el viejo Parque Asturias en un duelo de gran rivalidad.
En 1943, cuando inició el profesionalismo, el Necaxa cerró el telón por pensar que sus ideales no comulgaban con la comercialización del futbol. Sin embargo, en 1955, el hermano del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez se hizo cargo del equipo y comienza la recuperación del club.
De esa forma, el Necaxa le plantó cara a los rivales extranjeros y llegó incluso a vencer al Santos de Brasil en uno de los cuadrangulares de gran nivel que se hacían en México en la década de los 60.
¡A mí me tocó detener a Pelé con la camiseta del Necaxa!”, enfatiza Tomás Fumanchú Reynoso, que ahora anda con bastón. “No le teníamos miedo a nadie. Tampoco es que ganáramos el dineral, pero no lo necesitábamos. Éramos un equipo de mucho carácter”. En el Necaxa mandaba el instinto. Nunca se perdió el arrastre con la afición que volvía los estadios un manicomio después de haber puesto de hinojos al Rey del futbol, Pelé.
Era una época otra vez dorada en la que cayeron copas bajo el mote de Los Electricistas.
“Era un equipo que te daba una calidad de vida, pero sobre todo, una forma de entenderla. Estaba basado en la honorabilidad y el coraje. Todos trabajábamos a la par y nadie se dejaba de ningún rival. Como jóvenes nos enseñaron a sacar el carácter de la mejor manera”, relata Roberto Loco Martínez, que con los rojiblancos anotó el primer gol de un mexicano en el Estadio Azteca.
El equipo pasó de la familia Ramírez Vázquez a manos de la estirpe Orvañanos que, sin miramientos, lo vendió a un círculo de empresarios españoles en 1971, que le cambiaron el nombre por el Atlético Español.
“Fue un duro golpe para todos”, sentencia Agustín Peniche, que jugaba de extremo izquierdo; “nunca entendimos la necesidad de malograrlo, de borrar la historia de un plumazo. Fue un trancazo del que jamás se levantaría el equipo, pero quedaba el recuerdo de lo que se había hecho con poco presupuesto y con mucho corazón”.
En esos años, los españoles se dieron cuenta de que la construcción de un equipo es mucho más compleja que creer saber de futbol. Dañado el corazón y tras 11 años, el Necaxa volvió al futbol mexicano en 1982 para empezar un duro camino.
La renovación vino con Aníbal Ruiz primero, que trajo a Alex Aguinaga. Luego Roberto Saporiti para poner más ladrillos y finalmente con Manuel Lapuente saborear un bicampeonato que sostendría Raúl Arias en 1998 en un torneo corto.
Vendría una excelente participación en el Mundial de Clubes de 2000, una Copa Libertadores llegando a octavos de final y Copa Merconorte, hasta que vino el cambio a Aguascalientes al no contar con ganancias en la capital. Allá Los Hidrorrayos siguen buscando recuperar su historia.
El infierno en Zacatepec
El Necaxa llegaba con ventaja de 2-1 a la sulfurosa población de Zacatepec. En lontananza, la azucarera trabajaba a todo vapor un día en que dos equipos se jugaban muerte la permanencia en el futbol mexicano.
7 equipos de Adrián Chávez tras 19 años como futbolista profesional
Era mayo de 1985 cuando el futbol se acabó en Zacatepec por culpa del Necaxa y de un penal atajado por Adrián Chávez, al ídolo del pueblo, Alfredo Harapos Morales. “Yo cometí el penal y yo lo detuve a media altura”, relata Chávez quien conocería la miel del futbol al pasar al América después de varias temporadas como un portero sólido en los Rayos.
“Eso era un infierno. Llegamos a jugar a 40 grados centígrados. Al salir a calentar parecía que había fuego en el piso porque regaban antes el césped pero al evaporarse el agua, daba la impresión de que en lugar de pasto, hubiera brasas”.
El Necaxa y el Zacatepec se batieron hasta la última gota de sangre por subsisitir pero un gol de Gilson puso el 3-1 en el marcador global que fue la granada que detonó toda la violencia. Eso era Troya en guerra.
A cinco minutos del final, un jugador del Zacatepec, Fortino Rojas, fauleó a Macedo del Necaxa y esté respondió con un cabezazo. En un suspiro estaban de pie los dos trenzados a golpes, lo que ocasionó la batalla.
La gente exasperada, defendió con un orgullo distorsionado los últimos minutos del Zacatepec en Primera División.
“Ellos no pudieron con nosotros en su casa, siendo que estaban muy seguros de que iban a dar la vuelta y su esfuerzo no alcanzó. Tenían mucho coraje y empezaron las entradas violentas. Se armó la bronca entre nosotros, los jugadores, y de pronto vimos que la gente se saltaba al campo.”
Los necaxistas corrieron al vestidor para salvaguardar la integridad física, “estaban muy enojados los aficionados pero más con los de su equipo que con nosotros que los mandamos a Segunda División. Estuvimos encerrados tres horas en el vestidor, custodiados por gente del ejercito hasta que nos sacaron por la parte de atrás”.
Antonio R. Márquez fue el árbitro que en la cédula apunto que a cinco minutos del final, una horda de gente doblegó las mallas de seguridad y saltaron al campo armados con palos y otros con machetes destruyendo porterías y accesos del estadio Coruco Díaz, “acababan de poner un marcador electrónico por esas fechas y también lo destruyeron”, rememora Adrián Chávez.
Para su fortuna, la portería que custodiaba en el segundo tiempo era la más cercana a los vestidores, “sólo recuerdo que corrí con el alma envuelta en el ombligo”, dice sabiendo que fue parte de un episodio histórico del club sin saber que años más tarde, el Necaxa, se iría al descenso.
Ricardo Peláez, goles para siempre
Se sufría por defender al Necaxa. Era un equipo siempre en transición que buscaba un proyecto fijo para recuperar su identidad.
Ricardo Peláez arribó lesionado en 1987 cuando Cayetano Ré lo pidió y con el paso de las temporadas se convertiría en el máximo goleador de la institución con 138 goles.
“Sí, son muchos goles”, enfatiza; “el que me sigue es Ivo Basay con 98 y después Mario Chato Ortiz; la verdad es que me fue bastante bien, fueron diez años extraordinarios”.
A finales de los 80, el Necaxa, que iba en completa
reestructuración, comenzó a tener jugadores subversivos y de un talento incontrolable. Américo Scatolaro, Alex Aguinaga, Igancio Ambriz, Ivo Basay, entre muchos otros.
Hubo uno que también sobresalió desde que llegó a las fuerzas inferiores, el portero Nicolás Navarro, actual auxiliar de José Manuel de la Torre en la selección de México.
Navarro es el jugador que más partidos acumuló con el Necaxa en varias etapas de su carrera con 489.
“Navarro debió ser uno de los porteros más regulares”, recuerda Peláez; “no puedo decir que fuera el mejor, pero estoy seguro que no era el peor. Era un guardameta consistente y regular, no era de altibajos, de que tuviera una gran actuación y luego un grave error, todo lo contrario, siempre a un mismo nivel”.
Una de las cosas que tuvo el Necaxa en su segunda etapa en el futbol mexicano fue la de revivir las tradiciones. Se convirtió en un grupo de jugadores con un tremendo carácter y que jamás se rindió. Jugaron algunos partidos épicos, muy emocionantes para un equipo que quiso reubicar sus orígenes en la Ciudad de México.
“Ese sello nos hizo recuperar mucho terreno, además de que en la década de los 90 se revivió el clásico del DF ante el Atlante. Se hicieron grandes partidos de fuerte rivalidad contra el América que no nos ganaba y en donde los goleábamos; a las Súper Chivas las eliminamos en semifinales, al Cruz Azul le vencimos en la final, es decir, éramos un equipazo”.
La etapa de Peláez como goleador del Necaxa se vio enmarcada por un juego llamativo que se sembró entre las pequeñas generaciones que comenzaron a creer en el club de nuevo. Fue lo que se denómino el equipo de los niños que era poderoso y ganador, primero con Enrique Borja en la presidencia, y después con Justino Compeán.
“Obviamente en el cambio de sede se perdió todo el proyecto. El equipo venía con una inercia de campeonatos y triunfos y la partida a Aguascalientes afectó en todo lo que se había ganado.”
El máximo goleador del Necaxa es hoy presidente del América, pero le guarda a los Rayos un lugar en su corazón.
Nueve décadas después, los orígenes
La historia rojinegra tiene relatos de lágrimas y alegrías. Sin embargo, en los orígenes del Necaxa está la esencia de sus 90 años, un ir y venir de sedes, altibajos y demás anécdotas.
1924
Temporada 1924-25
Llega el primer título: la Copa Eliminatoria, en la que derrotó al América. En la temporada 1925-26 se proclama bicampeón de la Copa Eliminatoria tras vencer al Club España. En febrero de 1927 recibe México por primera vez a un equipo extranjero: el Colo-Colo chileno, y el Necaxa se convierte en el primer equipo mexicano en abrir una serie internacional en nuestro país.
1939
El Incendio del Parque Asturias
El 26 de marzo de 1939 ocurrió una tragedia que sería el principio del fin de los estadios de madera en México. Jugaban el Asturias y el Necaxa por el campeonato. El Necaxa necesitaba ganar para empatar al Asturias, o se quedaba sin título. El árbitro en ese partido fue Fernando Marcos, que recuerda el hecho en su autobiografía Mi amante el futbol.
1943
Primera desaparición
En una postura romántica, el Necaxa se va del futbol nacional, porque con la profesionalización del futbol en el país, “el espíritu deportivo del Necaxa no concuerda con la comercialización del balompié mexicano”.
1971
Segunda desaparición
El 22 de octubre Julio Orvañanos decide vender el club a unos empresarios españoles que inmediatamente cambian el nombre de Necaxa por el de Toros del Atlético Español, una dolorosa desaparición para sus aficionados.
1982
El regreso del Necaxa
Tras 11 años de ser el Atlético Español, la directiva de los Toros decide retomar los colores y el nombre de Necaxa. Así, el 21 de julio el equipo regresa al máximo circuito del balompié mexicano. La nueva era fue difícil porque su afición se había olvidado de ellos. El Necaxa se salvó de dos descensos: en 1983 contra la U. de G. y en 1985 contra el Zacatepec.











