Ya siéntese, señor
La sombra del Presidente saliente se alarga y amenaza con enturbiar los primeros días de Sheinbaum.

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
La transición de poder en México debería ser una ceremonia de dignidad republicana, una oportunidad para el Presidente saliente de cerrar su ciclo y para la Presidenta entrante de trazar su propio rumbo. Sin embargo, lo que estamos presenciando es un espectáculo triste y dañino: Andrés Manuel López Obrador, incapaz de soltar el poder, aferrándose a los últimos resquicios de su gobierno como un rey que se niega a abdicar y arrastrando, con él, las esperanzas de un nuevo comienzo para el país.
La obstinación de López Obrador por aprobar la reforma al Poder Judicial es la más reciente muestra de su incapacidad para dejar ir. No sólo ha generado un clima de tensión y resentimiento con la judicatura, sino que ha impactado negativamente las perspectivas económicas del país. La incertidumbre que ha generado está embestida contra una de las instituciones clave del Estado ha sido suficiente para desestabilizar el mercado cambiario, con un dólar que ya ronda los 20 pesos. En lugar de suavizar la transición, el Presidente está tensando el país y, con ello, debilitando la imagen de México frente a los inversionistas internacionales, que ahora más que nunca ven un país con un enorme potencial de crecimiento, pero con señales de incertidumbre legal.
Vaya el despliegue de la hubris presidencial que no se detiene ahí. En un movimiento evoca los peores tiempos de las dinastías políticas.
El colmo de esta negativa a soltar el poder se manifiesta en los pasillos del Palacio Nacional, donde el Presidente insiste en ocupar hasta el último día hasta el último rincón de la residencia oficial, aferrándose a su ocupación (como una Marta Sahagún reacia a abandonar su cabañita de Los Pinos al término del sexenio de su esposo). En lugar de facilitar la mudanza y la instalación de Claudia Sheinbaum y su familia, López Obrador parece dispuesto a quedarse en Palacio hasta el último minuto, arañando las paredes y negándose a entregar, física y simbólicamente, el espacio del poder.
Claudia Sheinbaum, presidenta electa, enfrenta una tarea titánica: no sólo deberá reconstruir la confianza en las instituciones tras los embates de su predecesor, sino que también tendrá que marcar con claridad que su gobierno será diferente. La transición debería ser el espacio ideal para que la Presidenta entrante comience a delinear su propio estilo y agenda, pero AMLO está empeñado en acaparar la atención y minar desde ya el terreno al nuevo gobierno. La sombra del Presidente saliente se alarga y amenaza con enturbiar los primeros días de Sheinbaum.
La historia ha demostrado que la incapacidad de los líderes para reconocer el fin de su tiempo puede tener consecuencias devastadoras. López Obrador, quien alguna vez representó la esperanza de un cambio profundo para muchos, hoy se ha convertido en un obstáculo para la estabilidad del país. Ha llegado la hora de que el Presidente se siente y permita que el nuevo gobierno tome su lugar. La soberbia no puede seguir guiando los destinos de México. Ya siéntese, señor.
ADDENDUM
Aferrarse así hasta el último día sólo le hará más complicado y doloroso El primer día (y todos los demás) fuera del poder. El primer día, de Luis Spota. Hay relecturas urgentes.