Ya me vi
¿Para qué quiere un mexicano un avión presidencial? Es la pregunta que ayer inundó las redes sociales
Para llegar a la escuela, al trabajo, al paseo de los domingos. Para ir al Oxxo, al súper o al mercado sobre ruedas. Rentarlo para fiestas o como calabaza de quinceañera. Para tenerlo como casa en la playa. ¿O qué tal en el bosque? Para apantallar a los vecinos o rentarlo. Para tenerlo en Uber o para uso diario y ganarle al tráfico. Para venderlo por piezas en la Buenos Aires. Para presumirle al expresidente que lo usó, en manos de quién terminó. Para darle una vuelta al mundo en 80 horas. Para llevar a la banda de fiesta como si fuera limusina. Para ponerle una manta en la cola pidiendo matrimonio. O para demasiadas noches de travesura... ¡Con altura!
¿Para qué quiere un mexicano un avión presidencial? Es la pregunta que ayer inundó las redes sociales. Y a la que le llovieron decenas de respuestas y memes. El avión entrando a un motel, afuera de una tienda, estacionado en una unidad habitacional, en la colonia Doctores, a mitad de Periférico, llegando por el jefe a una junta, en la fila de una gasolinería, pasando por el date, para ir por las cervezas a media fiesta, para hacer la fantasía de Toxic de Britney Spears o la de Rosalía, que el avión aguanta pasos de flamenco y el perreo (y seguramente hasta el mariachi completo si queremos fiesta lloradora y de nostalgia). Para pasar por el equipo entero y jugar una cascarita, para llevarse a toda la familia (política y de sangre) a unas vacaciones. Para convertirlo en transporte escolar y, de paso, ganarse una lanita extra.
O, de plano, para tenerlo estacionado en el garaje como objeto de colección. Las posibilidades son tantas, aunque todas igual de absurdas. Como absurda la razón por la que ayer nos preguntamos esto.
Vamos a ver si el avión que no tenía ni Obama sale aunque sea en rifa. Porque ésta es una de las cinco opciones que plantea ahora el presidente Andrés Manuel López Obrador para deshacerse del avión presidencial. Claro que también está la propuesta del comprador único, para la que hay una sugerencia de 125 millones de dólares, que ya nos dijeron que no les convence porque está por debajo del avalúo que hizo la ONU. También está el intercambio de la aeronave con Estados Unidos por equipo médico; la venta en sociedad a 12 empresas y la renta de la aeronave a 70 mil dólares la hora, bara bara. Cualquiera que sea su destino de transacción, generará recursos para la compra de equipos médicos para los hospitales públicos. Y medicinas, de paso, ¿no?
Sin embargo, de las cinco opciones, la que más entusiasma, por la risa, claro, es la rifa. Vaya haciendo sus vaquitas. La primera para comprar varios de los 6 millones de “cachitos” que se pondrían en venta a través de la Lotería Nacional –¡premio mayor, premio mayor!– a un costo unitario de 500 varitos.
Cada billete le da una posibilidad de ganar por cada seis millones. Si gana, tendrá que hacer otra vaquita, porque aunque el gobierno espera recaudar 3 mil millones de pesos, de los cuales 500 millones serían un extra para que el ganador pueda pagar dos años de servicio y mantenimiento de la aeronave, desde el día uno tendría que comenzar a ahorrar, ¿o cómo pagar a partir del tercer año?
Aunque todavía no hay reglas definidas para el sorteo, López Obrador sugirió que los empresarios ayuden en la venta de los “cachitos”; también Dolores Padierna sugirió movilizar a los militantes de Morena para tan loable labor. Así que mientras la rifa se afina, se vale soñar, al menos para sacarse el reintegro.
(Aunque la verdad siento que, si me lo saco, no me va a quedar más opción que armar una rifa después de un año de andar buscando comprador o de plano, regalárselo a López Obrador).
