¿Y esas protestas?
México amaneció ayer lunes con el país detenido. Agricultores bloquearon carreteras en al menos 17 estados exigiendo un precio de garantía de 7,200 pesos por tonelada de maíz. Simultáneamente, piperos y purificadores bloquearon vialidades en la Ciudad de México y el ...
México amaneció ayer lunes con el país detenido. Agricultores bloquearon carreteras en al menos 17 estados exigiendo un precio de garantía de 7,200 pesos por tonelada de maíz. Simultáneamente, piperos y purificadores bloquearon vialidades en la Ciudad de México y el Estado de México exigiendo que se vuelvan a abrir los pozos de agua clausurados. Y esto es apenas el comienzo: el miércoles 29 de octubre, transportistas amagan con un megabloqueo en la CDMX exigiendo homologación de tarifas con el Estado de México.
La pregunta obligada es: ¿qué hay detrás de esta coordinada oleada de inconformidad? La respuesta es que el gobierno de Claudia Sheinbaum está enfrentando simultáneamente las consecuencias de decisiones mal ejecutadas, promesas incumplidas y la herencia de dos modelos económicos que ya no funcionan. Lo que vemos no son protestas aisladas: es la factura de la transición llegando toda junta.
Tomemos el caso de los piperos. El pasado 24 de octubre, el gobierno del Estado de México realizó la Operación Caudal, clausurando 51 pozos y 138 tomas clandestinas en 48 municipios. Fueron aseguradas 322 pipas y el agua era comercializada con sobrecosto de 59% en Ecatepec y 41.4% en Cuautitlán. La operación es correcta en papel, pero se afectó la operación de purificadoras en Iztapalapa, Iztacalco y municipios como Nezahualcóyotl y Chimalhuacán. Miles de familias se quedaron sin agua. Los agricultores están en las calles por una razón más profunda. Se quejan de los altos costos de insumos, fertilizantes y diésel. El campo mexicano está en crisis estructural y los programas sociales de la 4T no resuelven el problema de fondo de la rentabilidad agrícola. El megabloqueo anunciado de transportistas tiene la misma lógica: buscan homologación con el Estado de México, donde el pasaje subió de 12 a 14 pesos. La inflación en combustibles hace insostenible operar con tarifas congeladas.
¿Qué tienen en común todas estas protestas? Que ninguna es ideológica. Son reclamos económicos concretos de sectores que sienten que el gobierno no los escucha. Y tienen razón.
La respuesta de Sheinbaum ha sido errática. Sobre las protestas de piperos dijo que “el fin de semana que estuve en el Edomex nos detuvieron para decirnos que sí tenían permiso”, pero no ofreció soluciones. Sobre los agricultores, el silencio ha sido casi total. Y cuando sí responde, como tras la marcha del 2 de octubre, acusa “provocación” y se pregunta nueve veces “¿qué buscaban?”, cayendo en la trampa de ver conspiración donde hay hartazgo legítimo.
Estos conflictos podrían revelar que la 4T está empezando a tocar su límite como modelo de gestión. Durante el sexenio de López Obrador, las protestas podían contenerse con subsidios y carisma presidencial. Pero Sheinbaum heredó un país donde los problemas estructurales se pospusieron seis años y ahora comienzan a explotar al mismo tiempo.
El gobierno del Estado de México clausura pozos sin garantizar agua. El gobierno federal promete precios de garantía que no puede cumplir. El Gobierno de la CDMX mantiene tarifas congeladas mientras la inflación devora ingresos. Son decisiones administrativas que se acumulan y detonan.
¿Puede que exista una coordinación maliciosa detrás de las protestas? Es México: todo puede ser. Pero lo que hay es coincidencia de agravios en un momento en que el gobierno está muy ocupado conteniendo otros embates de fuera. Pero hay algo más profundo: estas protestas son el primer síntoma de que el pacto social de la 4T se está rompiendo. Durante años, millones aceptaron la retórica de la transformación, aunque no vieran cambios tangibles. Ahora, ese crédito político se está agotando. La gente quiere resultados, no discursos. El megabloqueo del miércoles 29 promete ser “de gran escala”. Si el gobierno no responde con soluciones reales, octubre será apenas el prólogo de un otoño largo. Porque detrás de cada protesta hay miles de personas que descubrieron que la única manera de ser escuchados es deteniendo al país.
La gran ironía es que Sheinbaum llegó prometiendo continuidad con López Obrador. Y está cumpliendo: está repitiendo la misma fórmula de posponer problemas, acusar provocación y no escuchar. Sólo que ahora, siete años después, cada error cuesta más caro. Y octubre apenas comienza a cobrar la factura. La Presidenta lo sabe y eso lo veremos en las próximas semanas…
