Verónica (y miles más)
Para Angélica, Marelly y mi tocayita: que el dolor abra paso a la justicia. A ella la conocí. Hace un mes celebramos su cumpleaños juntas. Cumplió 30 años. Todavía tengo en mi celular las fotografías que tomamos aquel día ...
Para Angélica, Marelly y mi tocayita:
que el dolor abra paso a la justicia.
A ella la conocí. Hace un mes celebramos su cumpleaños juntas. Cumplió 30 años. Todavía tengo en mi celular las fotografías que tomamos aquel día (con un enorme letrero de “México” detrás) sin saber que ayer se convertiría en un medio de identificación. Se llamaba Verónica. Era la joven que ayudaba a mi madre desde hace años con las labores de la casa. Más que eso, era parte de esa familia que se forma no por lazos consanguíneos, sino por los cruces de caminos inesperados.
Y como esos cruces y caminos dependen de un azar a veces doloroso e incomprensible, el lunes por la mañana se convirtió en un hueco en el alma: mi madre me informó entre llanto que a Verónica la mataron, su cuerpo estaba en el forense de Naucalpan; aquellas fotografías que se tomaron entre risas, serían la manera de confirmar que sí, que era ella.
La mató su novio: la asfixió con la cuerda de su propia sudadera. En cuestión de segundos, la vida de Verónica se extinguió. Sabremos en próximos días qué sucedió: el asesino ya se encuentra detenido. Se me rompe el corazón por Vero, por su hermana Angélica (que pasó muchos años en casa de mi mamá antes que su hermana), por sus sobrinitas, que serán mujeres en este país en el que matan mujeres como si de un deporte se tratara. Por su madre, que al igual que miles de otras, ya no hallará consuelo posible en sus días y sus noches por venir. Para mí fue muy difícil hacer el noticiario de ayer lunes. Recibí la noticia apenas dos horas antes de ir al aire.
El rostro de Verónica es, será, el rostro de miles de mujeres que todos los días son asesinadas en nuestro país. Ayer mismo comenzamos la emisión con la noticia de que, días antes, dimos en Imagen Noticias antes que nadie: las madres de tres mujeres desaparecidas en el Edomex se dieron cuenta que los tres casos tenían algo en común, una pareja conocida por sus hijas.
El fin de semana éstas personas fueron detenidas: él empujaba una carriola, pero no transportaba un bebé, sino restos humanos. En el acto, ambos confesaron que iban rumbo a un predio a deshacerse de ellos. Agregaron que no era la primera vez que lo hacían. Lo que encontrarían las autoridades al registrar el domicilio de la pareja rebasó lo abominable de su primera confesión: más restos en cubetas cubiertas de cemento y en un refrigerador. A Juan Carlos N y Patricia N se les vincula con al menos 20 feminicidios ocurridos en Ecatepec.
Lo que ocurre en el Estado de México es el retrato más basto de lo ocurre con las mujeres en nuestro país: tan solo en el primer semestre del 2018, en esta entidad se contabilizaron 36 casos, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Las cifras son apenas los casos denunciados o investigados. En todo el país en el mismo periodo, los números llegaron a los 387. Sin embargo, según el Mapa de Feminicidios la cifra es abismalmente distinta: mil 649 casos entre enero y junio de 2018. Este registro lo realiza María Salguero, una activista que, mediante el monitoreo de notas periodísticas, lleva la cuenta de los feminicidios en el país desde 2016.
Su trabajo es evidencia de que la realidad en la que se mueven nuestras autoridades es mucho muy distinta a la que vivimos los ciudadanos. Una de las causas por las que estos números no están siquiera cerca de coincidir, es porque gran parte de los homicidios de mujeres no son investigados con perspectiva de género. El Inegi reportó que en 2017, estados como Aguascalientes, Baja California Sur y Querétaro no tipificaron feminicidio alguno, a pesar de que durante los doce meses de ese año sí registraron muertes de mujeres con violencia.
Con esta incapacidad del poder judicial, poco sirve, por ejemplo, la Alerta de Violencia de Género contras las Mujeres, cuyo fin es evitar el incremento de feminicidios en cada entidad del país. En el Estado de México, entre 2016 y 2017, el feminicidio se incrementó en 9 por ciento.
A Verónica la mató su novio. A las jóvenes en Ecatepec las asesinó un hombre trastornado por su pasado. La violencia contra las mujeres puede ser de tantas formas y por varias razones. Al menos estos casos ya fueron contra los asesinos. Vaya aquí un reconocimiento a la Procuraduría del Estado y a la Fiscalía de atención a Feminicidios del Edomex. Pero faltan tantas. Y en tantos estados.
Y a menos que se entiendan sus aristas, poco podrá hacerse para revertir una tendencia en crecimiento. Cada día son asesinadas más mujeres. Nos están matando. Y muchas de ellas vuelven a morir cuando no encuentran en la ley lo que debería garantizarles: justicia.
