Trump, aranceles y proteccionismo
Donald Trump lo hizo de nuevo. El expresidente y ahora presidente electo de Estados Unidos no ha esperado a enero para volver a encender los ánimos y revivir su narrativa de confrontación económica con sus socios comerciales. Su reciente declaración de que aplicará un ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Donald Trump lo hizo de nuevo. El expresidente y ahora presidente electo de Estados Unidos no ha esperado a enero para volver a encender los ánimos y revivir su narrativa de confrontación económica con sus socios comerciales. Su reciente declaración de que aplicará un arancel del 25% a todas las importaciones provenientes de México y de Canadá marca un regreso al proteccionismo que definió su administración anterior y que, lejos de ser un gesto simbólico, tiene implicaciones profundas para las economías de América del Norte. La amenaza de Trump no es un simple juego político. Los aranceles del 25% serían un golpe devastador para la economía mexicana, que depende en gran medida de su comercio con EU.
Trump sabe que el Congreso estadunidense, incluso con mayoría republicana, podría poner freno a algunas de sus iniciativas más extremas. Sin embargo, los aranceles son un instrumento del que puede echar mano sin pasar por el Capitolio. Este movimiento le permite proyectar fuerza, enviar un mensaje a sus adversarios políticos y, al mismo tiempo, apretar a sus socios comerciales en un momento en que EU enfrenta desafíos económicos internos como la inflación y el debilitamiento del dólar frente a otras monedas globales.
Además, la medida tiene un claro componente de presión hacia México. No es casualidad que Trump haya vinculado el tema de los aranceles con el combate al narcotráfico, especialmente en lo relacionado con el fentanilo, que considera una amenaza directa para la seguridad de su país. Si bien la administración de Claudia Sheinbaum ha mostrado disposición para cooperar en este ámbito, el arancel es una herramienta de negociación agresiva que busca forzar resultados rápidos y visibles.
Para México, el anuncio de Trump pone a prueba su estrategia económica y diplomática. El gobierno de Sheinbaum, que apenas está comenzando, enfrenta uno de sus primeros grandes desafíos internacionales. La respuesta será clave no sólo para mitigar los efectos económicos, sino también para enviar un mensaje de firmeza y capacidad de negociación.
El T-MEC, firmado con bombo y platillos durante la administración de López Obrador, establece un marco para resolver disputas comerciales y evitar medidas unilaterales como éstas. Sin embargo, en la práctica, el tratado no ha sido suficiente para frenar las tendencias proteccionistas de EU. México deberá explorar todas las vías legales y diplomáticas disponibles para contrarrestar esta amenaza, pero también tendrá que prepararse para un escenario en el que los aranceles se conviertan en una realidad.
La estrategia de Trump, aunque efectiva a corto plazo para movilizar a su base, tiene un costo elevado para todos los involucrados. Los consumidores estadunidenses, que ya enfrentan precios elevados, verán un incremento en el costo de los productos importados. Las empresas que dependen de las cadenas de suministro internacionales tendrán que asumir costos adicionales o trasladarlos a sus clientes. Y, en última instancia, la dinámica de confrontación económica podría debilitar la posición de EU en un mundo donde la cooperación y la integración son más necesarias que nunca.
Para México y Canadá el desafío es doble: resistir las medidas proteccionistas y, al mismo tiempo, demostrar que el comercio puede ser un vehículo para el desarrollo compartido. En este contexto, la colaboración entre ambos países será crucial para enfrentar a un socio comercial que, con Trump al frente, siempre juega a maximizar su ventaja, aunque sea a costa de sus aliados más cercanos.
Con Trump, la incertidumbre siempre es parte del paquete. Aunque sus amenazas suelen ser exageradas para generar impacto, los aranceles del 25% no pueden ser descartados como mera retórica.
El regreso de Trump a la Casa Blanca marca el inicio de una nueva etapa en las relaciones comerciales de la región, una etapa que pondrá a prueba no sólo los tratados internacionales, sino también la capacidad de los países involucrados para resistir los embates del populismo proteccionista. La pregunta es si México y Canadá podrán mantenerse firmes ante esta presión o si cederán, como tantas veces en el pasado, ante el peso de nuestro vecino de en medio.