Todos perdemos
Rebasó el límite. Fue más allá delbluff.Una amenaza que en principio fue como cualquier otra, pero que tomó otro curso cuando lo leímos de un comunicado de la Casa Blanca. Ya no sólo fueron uno o varios tuits incendiarios, ahora fue unstatementque llegópor ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Rebasó el límite. Fue más allá del bluff. Una amenaza que en principio fue como cualquier otra, pero que tomó otro curso cuando lo leímos de un comunicado de la Casa Blanca. Ya no sólo fueron uno o varios tuits incendiarios, ahora fue un statement que llegó por la vía institucional. Los aranceles que México tendrá que pagar a todas sus exportaciones a menos que detenga el flujo migratorio. Una imposición anunciada gracias a las facultades que le dan las leyes de Estados Unidos sin importar las consecuencias: “Imponer tarifas sin la aprobación del Congreso sirve a propósitos que no tienen nada que ver con una política de comercio, en este caso una crisis de migración que sólo existe en la cabeza de Trump. Esto va mucho más allá del descaro de sus acciones previas. Trump está buscando una justificación relacionada con la Ley de Emergencia Económica Internacional. Lo que él quiere es básicamente que lo dejen tomar la medida que le dé la gana como respuesta de cualquier cosa que declare emergencia...”, escribió Paul Krugman, Premio Nobel de Economía. Y ahí se explica mucho. Donald Trump jamás ha gobernado con sensatez, se ha topado con pared en más de una ocasión, pero eso no ha impedido que detenga las decisiones arbitrarias. A Trump le interesa sólo Trump, ni siquiera su país, sólo busca esa razón que se le dibuja siempre lejos.
Marcelo Ebrard ya está en Washington. Enviado por López Obrador, ahora mismo planea la estrategia de negociación. Se fue desde ayer, viernes, por la “relevancia del asunto”, según escribió en Twitter. Se reunirá el miércoles con la avanzada de Trump. Jared Kushner, asesor, yerno del presidente y figura siempre presente cuando se habla del diálogo con nuestro país; y Mike Pompeo, secretario de Estado.
Éste será acaso uno de los momentos más complicados de la relación entre México y Estados Unidos. Pero lo dijo el Presidente de México en la carta que envió al ocupante de la Casa Blanca: “Los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas. ¿Cómo convertir de la noche a la mañana al país de la fraternidad para con los migrantes del mundo en un gueto, en un espacio cerrado, donde se estigmatiza, se maltrata, se persigue, se expulsa y se le cancela el derecho a la justicia a quienes buscan con esfuerzo y trabajo vivir libres de miseria? La Estatua de la Libertad no es un símbolo vacío”. México seguirá el camino del diálogo.
El riesgo está en que peligramos todos. Todas las partes pierden en cualquiera que sea el escenario que resulte de la negociación en EU. ¿Los consumidores en EU no dirán nada con el aumento de precios debido a los aranceles a productos mexicanos? ¿Cuál será la reacción de los exportadores en nuestro país? ¿O de los importadores estadunidenses? ¿Qué dirá Canadá sobre este nuevo obstáculo que endurece la relación comercial entre sus dos socios firmantes en el T-MEC?
Todos perdemos. No hay ventaja para nadie, ni siquiera para Donald Trump. Si bien, el anuncio de su campaña rumbo a la reelección se hará en unos días, lo cierto es que para ello deberá tener algo más tangible que un discurso incendiario. La ratificación del T-MEC podría ser su carta fuerte, pero para ello necesita a los demócratas, pero justo ayer recordamos que llamó “Nancy la loca” a su líder en la Cámara de Representantes.
Tal vez por eso es que Marcelo Ebrard decidió tomar un vuelo rumbo a Washington, no sin antes tomarse una foto en cuyo fondo se ve aquella otra víctima de la unilateralidad de Trump: Huawei, el blanco de una guerra comercial que ha optado por trazar un camino propio, ante la insensatez del presidente de EU. Puede que a muchos no les haya gustado la carta que López Obrador envió a Trump, pero lo cierto es que estamos ante una amenaza delicadísima, que incluso resulta en una bala en el pie para EU, por lo que no es momento para mezquindades. México necesita saberse fuerte en todos sus frentes.